CAPITULO VII.

Ya en posesion de la Cabaña, resolvió el Conde de Albemarle poner sitio

al castillo del Morro, i encargó su direccion al jeneral Guillermo

Keppel. Al efecto, habiendose verificado un reconocimiento minucioso de

esta fortaleza, se determinó, de acuerdo con la opinion del jefe de

injenieros, levantar una bateria de cañones a doscientos cincuenta pasos

del fuerte, que era la distancia mas inmediata a que podia construirse

quedando los obreros defendidos por el bosque, i dos mas para el uso de

cañones i morteros. Con el fin de desalojar del fondeadero los buques de

guerra que en combinacion con la guarnicion del Morro impedian que

progresasen las fortificaciones, se acordó una cuarta bateria de obuses

por la parte de la bahia.

Arduo empeño seria el referir aqui los trabajos que pasó el ejército

sitiador en los dias que duró la construccion de estas baterias a causa

de las dificultades casi invencibles que oponian a su intento la falta

absoluta de agua en las inmediaciones del monte, lo escabroso del

terreno i el sol abrasador del estio en aquellas ardientes rejiones,

teniendo que combatir al mismo tiempo con los sitiados que

constantemente se empeñaban en desalojarlos i destruir sus obras. Los

soldados perecian de sed, de calor i de fatiga, sin que bastasen todas

las medidas que se adoptaron para suavisar su situacion; i ciertamente

hubiera perecido todo el ejército a los rigores del clima i continuos

ataques de los españoles, si no lo hubiesen alentado la constancia

jenial del carácter ingles i la buena armonia que siempre reinó entre

los jefes i oficiales de las fuerzas de mar i tierra, quienes se

disputaban a porfia todos los medios de ausiliarse mutuamente.

El comodoro Keppel desde la desembocadura del Cojímar proveia el

ejército de agua i comestibles, hacia bajar a tierra la artilleria

necesaria para las baterias, abria nuevos caminos por entre bosques i

malezas para su conducion por un terreno erizado de rocas, i ayudaba a

la construccion de las fortificaciones con la jente de su escuadra.

Tambien el almirante Pocock envió desde la Chorrera dos morteros de la

bombarda Grenada i gran cantidad de materiales.[99]

[99] McKellar. Diario del sitio de la Habana.

Las tropas de ejército i marina destinadas a sostener el campo i ayudar

a los del Morro, procuraron hostilizar constantemente al enemigo i

entorpecer sus progresos, logrando causarles mucho daño. El jeneral

Prado dispuso un ataque atrevido en el cual tomaron parte las tropas de

la plaza en combinacion con las del castillo i la escuadra. El coronel

Arroyo con seiscientos hombres de ejército desembarcó el 29 por la

bateria de la Pastora, al mismo tiempo que lo hacia por el horno de

Barba el teniente de navio Dn. Francisco del Corral con trescientos de

marina, llevando la difícil empresa de clavar la artilleria de la

Cabaña; pero no habiendo podido sorprender la guarnicion, ni concertar

el ataque simultaneo de ambas divisiones, la superioridad de las fuerzas

enemigas los obligó a retirarse con una pérdida considerable. La

division de Corral tuvo treinta muertos i cuarenta heridos, cayendo

prisionero el capitan Dn. Manuel de Frias; i la de Arroyo sufrió aun

mayores pérdidas por el arrojo con que los granaderos de Aragon se

empeñaron sobre las baterias, quedando muchos de ellos sin vida sobre

los mismos cañones enemigos.[100]

[100] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.

Receloso el conde de Albemarle de que pudiese repetirse esta tentativa

con mejor fortuna para las armas españolas, hizo apresurar la conclusion

de las fortificaciones, i el 30 fueron conducidos al campamento todas

las municiones i pertrechos necesarios i quedaron aquellas enteramente

listas para abrir sus fuegos contra el imponente castillo del Morro.

Constaban de una llamada Guillermo, situada hácia la parte izquierda del

campo, con cuatro cañones de a 24 i dos morteros de trece pulgadas;

otra, la Gran bateria, de ocho cañones i dos morteros de igual calibre

que la anterior, i una tercera, la paralela de Dixon o de la izquierda,

de dos morteros de diez pulgadas i doce mas pequeños; la bateria

construida sobre la playa era de dos morteros de trece pulgadas, uno de

diez i catorce mas pequeños; montando las cuatro un total de doce

cañones de a 24 i treinta i cinco morteros de varios calibres. El número

de cañones de que podia servirse el Morro por el frente de la Cabaña era

de diez i seis o diez i siete de bala de seis a doce libras i un mortero

de ocho pulgadas.[101]

[101] McKellar. Diario del sitio de la Habana.

La mañana del 1º de julio empezaron las baterias enemigas a asestar sus

tiros contra el Morro, el cual contestó con igual brio. El fuego de los

ingleses fué mui superior al de los españoles en el curso jeneral de la

accion por ser sus fortificaciones mas consistentes que el débil

parapeto de mamposteria que cubria el Morro por aquella parte i tener

mayor número de hombres empleados en los cañones. En combinacion con las

fuerzas del campo, empezaron a batir el castillo los navios Cambridge,

Dragon i Marlborough a las órdenes del capitan Hervey, que

voluntariamente se ofreció a dirijir esta peligrosa operacion: el fuego

duró por el lado del mar desde las ocho de la mañana hasta las dos de la

tarde, sostenido por una i otra parte con el mismo calor, sin que

hubiese un momento de intermision. El Morro, situado sobre una roca

escarpada i alta, llevaba gran ventaja sobre los navios, cuya inmensa

artilleria apénas hizo mella en sus firmes baluartes, i ademas el fuego

de la Punta i de las baterias de la ciudad le ayudaban a batirlos

haciendoles un daño inmenso. El Cambridge, situado bajo la metralla del

castillo, fué el primero en quedar desmantelado i fuera de combate, i

poco despues se mandaron retirar los otros dos.

Esta atrevida accion, aunque sostenida por los ingleses a costa de gran

pérdida de jente les sirvió sin embargo de mucho para sus operaciones

por la parte de tierra, pues distraida la atencion de los sitiados, no

pudieron en todo este largo tiempo responder como quisieran a las

baterias de la Cabaña que hacian un fuego formidable i causaban gran

daño al castillo. Pero cuando el valiente Dn. Luis de Velasco acabó con

los navios i pudo acudir a la muralla de tierra, pronto ciñó su frente

una nueva corona de triunfo obligando a los ingleses a cesar el ataque.

Jamas, desde el principio de la invasion, habian éstos probado tan

heróico valor, i entónces empezaron a conocer que el ilustre defensor

del Morro era un adversario digno de las armas británicas. La pérdida de

ambas partes fué grande por el lado del campo; pero considerablemente

mayor que la de los españoles la de la escuadra inglesa en la accion

hácia la parte del mar, en la cual tuvieron cuarenta i dos hombres

muertos, entre ellos el capitan de navio Godfrey que mandaba el

Cambridge, i ciento cuarenta heridos.[102]

[102] McKellar. Diario del sitio de la Habana.

Las baterias inglesas continuaron el fuego al dia siguiente con mejor

resultado que el anterior, logrando demoler el frente del castillo i

toda la bateria de aquella parte, que montaba ocho cañones; pero al

mediodia les fué forzoso suspender la accion por haber corrido peligro

de incendiarse la Gran bateria: no obstante esto, los fuegos del

castillo quedaron reducidos aquella tarde a solo dos cañones que

disparaban a largos intérvalos. A pesar de las precauciones tomadas,

cuando ya los enemigos la creyeron segura, se renovó el incendio con tal

violencia el dia tres a causa de la sequedad de las fajinas i el fuego

constante del fuerte, que no bastaron todos los medios empleados para

estinguirlo, i en pocas horas fué víctima de las llamas una obra en que

se habia empleado durante diez i siete dias el trabajo de mas de

quinientos hombres. Igual contratiempo ocurrió en las otras baterias las

dos noches siguientes, i con gran dificultad pudieron salvarse dos

troneras hácia el lado derecho i el espaldon de los morteros del lado

izquierdo, los cuales continuaron sirviendo, así como dos baterias a

barbeta, hasta que la artilleria del castillo inutilizó los primeros i

obligó a los enemigos a abandonar los segundos.[103]

[103] McKellar. Diario del sitio de la Habana.

El empezar de nuevo estas obras era empresa sumamente penosa, por

haberse aumentado cada dia i complicado los trabajos del sitio de una

manera insoportable. Los rigores del clima se hacian sentir cada vez mas

con la falta absoluta de las lluvias en los últimos veinte dias i con el

desarrollo de enfermedades adquiridas por la tropa durante su

permanencia en la Martinica: la necesidad de continuar el sitio i las

pérdidas sufridas en el ejército habian duplicado el trabajo de los

pocos que aun conservaban algunas fuerzas i podian llenar sus deberes.

Por este tiempo sobre cinco mil soldados i tres mil marineros se

hallaban postrados en el campo i los hospitales, la pésima calidad de

las provisiones ecsasperaba las enfermedades, i la falta de agua era de

todos sus sufrimientos el mayor i el que mas aniquilaba aquel ejército.

La necesidad de acudir a proveerse de ella a una gran distancia i el no

hallar siempre la bastante a saciar su sed los desesperaba en sus vanos

esfuerzos. Sobre todos estos contratiempos veia el conde de Albemarle

que se acercaba la estacion del otoño sin tener probabilidad de rendir

el fuerte i la plaza, i temia que si llegaba a desarrollarse una de las

tempestades tan comunes en aquellas costas, la escuadra estaba espuesta

a una ruina casi inevitable; i entónces, perdida tan necesaria

asistencia en el estado del ejército, no le quedaria otro recurso que

levantar el sitio. Esta situacion en lugar de abatir el ánimo de aquel

ilustre jeneral i al almirante Pocock, sirvió solamente para encender

mas sus nobles deseos de llevar a término feliz la conquista que se les

habia encomendado, i su prestijio i valor infundieron nueva vida en las

tropas i las animaron a emprender trabajos increibles.

La esperiencia habia demostrado que los sitiadores habian cometido una

falta grave tanto en levantar la Gran bateria demasiado cerca del Morro,

cuanto en creer que éste se rendirla en el momento en que lograsen

inutilizar toda su artilleria, cosa que suponian efectuar facilmente con

aquella: esta falta costó la vida a gran número de hombres. Verificado

un nuevo reconocimiento, el jeneral Keppel resolvió alterar el plan de

las fortificaciones, i dispuso que las baterias fuesen construidas a

doble distancia del Morro que las recien-incendiadas, cambiando ademas

la de morteros de la paralela izquierda en una de cañones i haciendo

otras reformas que ecsijian los fuegos de la ciudad i de la Punta, los

de la escuadra surta en el puerto i las baterias flotantes de los

sitiados.[104]

[104] McKellar. Diario del sitio de la Habana.

El 9 por la mañana tenian los ingleses doce cañones montados i algunos

morteros, i el 11 constaban ya las baterias de diez i ocho cañones. En

este dia volvió a empezar el fuego con buen écsito por parte de los

sitiadores, i fué contestado del castillo con ocho o nueve que tenian

montados: aquellos tuvieron tres cañones fuera de uso i por la tarde se

les volvieron a incendiar los merlones de la bateria principal i

estendiendose el fuego de la derecha a la izquierda los consumió todos

sin que fuese posible evitarlo. A pesar de este contratiempo las

baterias tuvieron el 14 veinte cañones montados, estando reducidos los

del castillo a cinco o seis la mañana de aquel dia i a dos por la tarde:

todo el lienzo de las murallas presentaba del lado de la Cabaña el

aspecto mas ruinoso, i el 15 al anochecer quedaron desmontados los

cañones de aquel frente. Los sitiados, no obstante los repetidos ataques

del enemigo i su crítica situacion, parecian resueltos a disputar el

terreno con heróico valor hasta haber disparado el último tiro: gran

ausilio era para aquel fuerte el tener francas las comunicaciones con la

ciudad i la escuadra, que lo suplian de hombres i artilleria i reparaban

constantemente las pérdidas causadas por los ataques de los

sitiadores.[105]

[105] Entick's History of the Late War.

El 16 se vió obligado a bajar a la ciudad Dn. Luis de Velasco

quebrantado de fatiga i sintiendo agudos dolores, a causa de un fuerte

golpe que habia recibido en la espalda; i como lo acompañase su segundo

Dn. Bartolomé Montes, quedó de gobernador del castillo Dn. Francisco de

Medina.[106] En este mismo dia dispuso el conde de Albemarle que la

guarnicion de Guanabacoa se replegase sobre el campamento intermedio de

Cojímar i la Cabaña.[107]

[106] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.

[107] Pezuela. Ens. histórico.

Historia de la Conquista de la Habana (1762) · 第 11 / 18 题