Ya en posesion de la Cabaña, resolvió el Conde de Albemarle poner sitio
al castillo del Morro, i encargó su direccion al jeneral Guillermo
Keppel. Al efecto, habiendose verificado un reconocimiento minucioso de
esta fortaleza, se determinó, de acuerdo con la opinion del jefe de
injenieros, levantar una bateria de cañones a doscientos cincuenta pasos
del fuerte, que era la distancia mas inmediata a que podia construirse
quedando los obreros defendidos por el bosque, i dos mas para el uso de
cañones i morteros. Con el fin de desalojar del fondeadero los buques de
guerra que en combinacion con la guarnicion del Morro impedian que
progresasen las fortificaciones, se acordó una cuarta bateria de obuses
por la parte de la bahia.
Arduo empeño seria el referir aqui los trabajos que pasó el ejército
sitiador en los dias que duró la construccion de estas baterias a causa
de las dificultades casi invencibles que oponian a su intento la falta
absoluta de agua en las inmediaciones del monte, lo escabroso del
terreno i el sol abrasador del estio en aquellas ardientes rejiones,
teniendo que combatir al mismo tiempo con los sitiados que
constantemente se empeñaban en desalojarlos i destruir sus obras. Los
soldados perecian de sed, de calor i de fatiga, sin que bastasen todas
las medidas que se adoptaron para suavisar su situacion; i ciertamente
hubiera perecido todo el ejército a los rigores del clima i continuos
ataques de los españoles, si no lo hubiesen alentado la constancia
jenial del carácter ingles i la buena armonia que siempre reinó entre
los jefes i oficiales de las fuerzas de mar i tierra, quienes se
disputaban a porfia todos los medios de ausiliarse mutuamente.
El comodoro Keppel desde la desembocadura del Cojímar proveia el
ejército de agua i comestibles, hacia bajar a tierra la artilleria
necesaria para las baterias, abria nuevos caminos por entre bosques i
malezas para su conducion por un terreno erizado de rocas, i ayudaba a
la construccion de las fortificaciones con la jente de su escuadra.
Tambien el almirante Pocock envió desde la Chorrera dos morteros de la
bombarda Grenada i gran cantidad de materiales.[99]
[99] McKellar. Diario del sitio de la Habana.
Las tropas de ejército i marina destinadas a sostener el campo i ayudar
a los del Morro, procuraron hostilizar constantemente al enemigo i
entorpecer sus progresos, logrando causarles mucho daño. El jeneral
Prado dispuso un ataque atrevido en el cual tomaron parte las tropas de
la plaza en combinacion con las del castillo i la escuadra. El coronel
Arroyo con seiscientos hombres de ejército desembarcó el 29 por la
bateria de la Pastora, al mismo tiempo que lo hacia por el horno de
Barba el teniente de navio Dn. Francisco del Corral con trescientos de
marina, llevando la difícil empresa de clavar la artilleria de la
Cabaña; pero no habiendo podido sorprender la guarnicion, ni concertar
el ataque simultaneo de ambas divisiones, la superioridad de las fuerzas
enemigas los obligó a retirarse con una pérdida considerable. La
division de Corral tuvo treinta muertos i cuarenta heridos, cayendo
prisionero el capitan Dn. Manuel de Frias; i la de Arroyo sufrió aun
mayores pérdidas por el arrojo con que los granaderos de Aragon se
empeñaron sobre las baterias, quedando muchos de ellos sin vida sobre
los mismos cañones enemigos.[100]
[100] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.
Receloso el conde de Albemarle de que pudiese repetirse esta tentativa
con mejor fortuna para las armas españolas, hizo apresurar la conclusion
de las fortificaciones, i el 30 fueron conducidos al campamento todas
las municiones i pertrechos necesarios i quedaron aquellas enteramente
listas para abrir sus fuegos contra el imponente castillo del Morro.
Constaban de una llamada Guillermo, situada hácia la parte izquierda del
campo, con cuatro cañones de a 24 i dos morteros de trece pulgadas;
otra, la Gran bateria, de ocho cañones i dos morteros de igual calibre
que la anterior, i una tercera, la paralela de Dixon o de la izquierda,
de dos morteros de diez pulgadas i doce mas pequeños; la bateria
construida sobre la playa era de dos morteros de trece pulgadas, uno de
diez i catorce mas pequeños; montando las cuatro un total de doce
cañones de a 24 i treinta i cinco morteros de varios calibres. El número
de cañones de que podia servirse el Morro por el frente de la Cabaña era
de diez i seis o diez i siete de bala de seis a doce libras i un mortero
de ocho pulgadas.[101]
[101] McKellar. Diario del sitio de la Habana.
La mañana del 1º de julio empezaron las baterias enemigas a asestar sus
tiros contra el Morro, el cual contestó con igual brio. El fuego de los
ingleses fué mui superior al de los españoles en el curso jeneral de la
accion por ser sus fortificaciones mas consistentes que el débil
parapeto de mamposteria que cubria el Morro por aquella parte i tener
mayor número de hombres empleados en los cañones. En combinacion con las
fuerzas del campo, empezaron a batir el castillo los navios Cambridge,
Dragon i Marlborough a las órdenes del capitan Hervey, que
voluntariamente se ofreció a dirijir esta peligrosa operacion: el fuego
duró por el lado del mar desde las ocho de la mañana hasta las dos de la
tarde, sostenido por una i otra parte con el mismo calor, sin que
hubiese un momento de intermision. El Morro, situado sobre una roca
escarpada i alta, llevaba gran ventaja sobre los navios, cuya inmensa
artilleria apénas hizo mella en sus firmes baluartes, i ademas el fuego
de la Punta i de las baterias de la ciudad le ayudaban a batirlos
haciendoles un daño inmenso. El Cambridge, situado bajo la metralla del
castillo, fué el primero en quedar desmantelado i fuera de combate, i
poco despues se mandaron retirar los otros dos.
Esta atrevida accion, aunque sostenida por los ingleses a costa de gran
pérdida de jente les sirvió sin embargo de mucho para sus operaciones
por la parte de tierra, pues distraida la atencion de los sitiados, no
pudieron en todo este largo tiempo responder como quisieran a las
baterias de la Cabaña que hacian un fuego formidable i causaban gran
daño al castillo. Pero cuando el valiente Dn. Luis de Velasco acabó con
los navios i pudo acudir a la muralla de tierra, pronto ciñó su frente
una nueva corona de triunfo obligando a los ingleses a cesar el ataque.
Jamas, desde el principio de la invasion, habian éstos probado tan
heróico valor, i entónces empezaron a conocer que el ilustre defensor
del Morro era un adversario digno de las armas británicas. La pérdida de
ambas partes fué grande por el lado del campo; pero considerablemente
mayor que la de los españoles la de la escuadra inglesa en la accion
hácia la parte del mar, en la cual tuvieron cuarenta i dos hombres
muertos, entre ellos el capitan de navio Godfrey que mandaba el
Cambridge, i ciento cuarenta heridos.[102]
[102] McKellar. Diario del sitio de la Habana.
Las baterias inglesas continuaron el fuego al dia siguiente con mejor
resultado que el anterior, logrando demoler el frente del castillo i
toda la bateria de aquella parte, que montaba ocho cañones; pero al
mediodia les fué forzoso suspender la accion por haber corrido peligro
de incendiarse la Gran bateria: no obstante esto, los fuegos del
castillo quedaron reducidos aquella tarde a solo dos cañones que
disparaban a largos intérvalos. A pesar de las precauciones tomadas,
cuando ya los enemigos la creyeron segura, se renovó el incendio con tal
violencia el dia tres a causa de la sequedad de las fajinas i el fuego
constante del fuerte, que no bastaron todos los medios empleados para
estinguirlo, i en pocas horas fué víctima de las llamas una obra en que
se habia empleado durante diez i siete dias el trabajo de mas de
quinientos hombres. Igual contratiempo ocurrió en las otras baterias las
dos noches siguientes, i con gran dificultad pudieron salvarse dos
troneras hácia el lado derecho i el espaldon de los morteros del lado
izquierdo, los cuales continuaron sirviendo, así como dos baterias a
barbeta, hasta que la artilleria del castillo inutilizó los primeros i
obligó a los enemigos a abandonar los segundos.[103]
[103] McKellar. Diario del sitio de la Habana.
El empezar de nuevo estas obras era empresa sumamente penosa, por
haberse aumentado cada dia i complicado los trabajos del sitio de una
manera insoportable. Los rigores del clima se hacian sentir cada vez mas
con la falta absoluta de las lluvias en los últimos veinte dias i con el
desarrollo de enfermedades adquiridas por la tropa durante su
permanencia en la Martinica: la necesidad de continuar el sitio i las
pérdidas sufridas en el ejército habian duplicado el trabajo de los
pocos que aun conservaban algunas fuerzas i podian llenar sus deberes.
Por este tiempo sobre cinco mil soldados i tres mil marineros se
hallaban postrados en el campo i los hospitales, la pésima calidad de
las provisiones ecsasperaba las enfermedades, i la falta de agua era de
todos sus sufrimientos el mayor i el que mas aniquilaba aquel ejército.
La necesidad de acudir a proveerse de ella a una gran distancia i el no
hallar siempre la bastante a saciar su sed los desesperaba en sus vanos
esfuerzos. Sobre todos estos contratiempos veia el conde de Albemarle
que se acercaba la estacion del otoño sin tener probabilidad de rendir
el fuerte i la plaza, i temia que si llegaba a desarrollarse una de las
tempestades tan comunes en aquellas costas, la escuadra estaba espuesta
a una ruina casi inevitable; i entónces, perdida tan necesaria
asistencia en el estado del ejército, no le quedaria otro recurso que
levantar el sitio. Esta situacion en lugar de abatir el ánimo de aquel
ilustre jeneral i al almirante Pocock, sirvió solamente para encender
mas sus nobles deseos de llevar a término feliz la conquista que se les
habia encomendado, i su prestijio i valor infundieron nueva vida en las
tropas i las animaron a emprender trabajos increibles.
La esperiencia habia demostrado que los sitiadores habian cometido una
falta grave tanto en levantar la Gran bateria demasiado cerca del Morro,
cuanto en creer que éste se rendirla en el momento en que lograsen
inutilizar toda su artilleria, cosa que suponian efectuar facilmente con
aquella: esta falta costó la vida a gran número de hombres. Verificado
un nuevo reconocimiento, el jeneral Keppel resolvió alterar el plan de
las fortificaciones, i dispuso que las baterias fuesen construidas a
doble distancia del Morro que las recien-incendiadas, cambiando ademas
la de morteros de la paralela izquierda en una de cañones i haciendo
otras reformas que ecsijian los fuegos de la ciudad i de la Punta, los
de la escuadra surta en el puerto i las baterias flotantes de los
sitiados.[104]
[104] McKellar. Diario del sitio de la Habana.
El 9 por la mañana tenian los ingleses doce cañones montados i algunos
morteros, i el 11 constaban ya las baterias de diez i ocho cañones. En
este dia volvió a empezar el fuego con buen écsito por parte de los
sitiadores, i fué contestado del castillo con ocho o nueve que tenian
montados: aquellos tuvieron tres cañones fuera de uso i por la tarde se
les volvieron a incendiar los merlones de la bateria principal i
estendiendose el fuego de la derecha a la izquierda los consumió todos
sin que fuese posible evitarlo. A pesar de este contratiempo las
baterias tuvieron el 14 veinte cañones montados, estando reducidos los
del castillo a cinco o seis la mañana de aquel dia i a dos por la tarde:
todo el lienzo de las murallas presentaba del lado de la Cabaña el
aspecto mas ruinoso, i el 15 al anochecer quedaron desmontados los
cañones de aquel frente. Los sitiados, no obstante los repetidos ataques
del enemigo i su crítica situacion, parecian resueltos a disputar el
terreno con heróico valor hasta haber disparado el último tiro: gran
ausilio era para aquel fuerte el tener francas las comunicaciones con la
ciudad i la escuadra, que lo suplian de hombres i artilleria i reparaban
constantemente las pérdidas causadas por los ataques de los
sitiadores.[105]
[105] Entick's History of the Late War.
El 16 se vió obligado a bajar a la ciudad Dn. Luis de Velasco
quebrantado de fatiga i sintiendo agudos dolores, a causa de un fuerte
golpe que habia recibido en la espalda; i como lo acompañase su segundo
Dn. Bartolomé Montes, quedó de gobernador del castillo Dn. Francisco de
Medina.[106] En este mismo dia dispuso el conde de Albemarle que la
guarnicion de Guanabacoa se replegase sobre el campamento intermedio de
Cojímar i la Cabaña.[107]
[106] Valdes. Hist. de la I. de Cuba.
[107] Pezuela. Ens. histórico.