EN GREDOS

Escribí esta poesía en agosto de

1911, al bajar de Gredos, adonde

había subido con mi fraternal amigo

Marcelino Cagigal, compañero

de otras de mis andanzas por tierras

castellanas y leonesas, y con

mi otro amigo Eudoxio de Castro.

Lo de Sirio es una licencia poética,

ya que en el mes de agosto no se

le ve en nuestras latitudes ni aun

desde Gredos.

Solo aquí en la montaña,

solo aquí con mi España

--la de mi ensueño--,

cara al rocoso gigantesco Anial,

aquí mientras doy huelgo a Clavileño,

con mi España inmortal!

Es la mía, la mía, sí, la de granito

que alza al cielo infinito,

ceñido en virgen nieve de los cielos,

su fuerte corazón,

un corazón de roca viva

que arrancaron de tierra los anhelos

de la eterna visión.

Aquí a la soledad rocosa de la cumbre,

no de tu historia, sino de tu vida,

toca la lumbre;

aquí a tu corazón, patria querida,

oh mi España inmortal!

Las brumas quedan de la falsa gloria

que brota de la historia

aquí, a mitad de falda,

ciñéndote en guirnalda,

mientras el sol, el de la verdadera,

tu frente escalda

y te da en primavera,

tanto más dulce cuanto que es más breve,

flores de cumbre,

criadas en invierno bajo el manto

protector de la nieve,

manto sin podredumbre,

templo de nuestro Dios, el español!

Este es tu corazón de firme roca

--¡altar del templo santo!--

de nuestra tierra entraña,

este es tu corazón que al cielo toca,

tu corazón desnudo,

mi eterna España,

que busca al sol!

No es tu reino, oh mi patria, de este mundo:

juguete del destino,

tu reino en lo profundo

del azul que te cubre has de buscar;

esta peña gigante es un camino

de Juan el de la Cruz pétrea escala

la eterna soledad para escalar!

Del piélago de tierra que entre brumas

tiende a tus pies, aquí, sus parameros,

con leras por espumas,

volaron del Dorado a la conquista

buitres aventureros,

mientras hastiado del perenne embuste

de la gloria, enterraba aquí, a tu vista,

su majestad en Yuste

Carlos Emperador.

Aquel vuelo de buitres fué la historia,

tu pesadilla,

y este entierro imperial fué la victoria

sin mancilla,

la que orea la frente a tu Almanzor.

Ésta es mi España, un corazón desnudo

de viva roca

del granito más rudo

que con sus crestas en el cielo toca

buscando al sol en mutua soledad;

ésta es mi España,

patria ermitaña,

que como al nido torna siempre a la verdad.

Tu historia ¡qué naufragio en mar profundo!

Pero no importa,

porque ella es corta,

pasa, y la muerte es larga,

¡larga como el amor!

Respiras tempestades

y baja a consolar tus soledades

el rayo del Señor,

mientras en trasverberación tempestuosa,

tu corazón, sobre que el cielo posa,

hieren flechas del fuego de su amor.

De los sudarios que a tu frente envuelven

y en agua se resuelven

bajan cantando ríos de frescor

y visten luego

la zahorra, escurraja que a tu cumbre

royó la herrumbre,

con capa de verdor.

De noche temblorosas las estrellas

te ciñen con su ensueño

y edades ha que en ellas

sueñas cual vuelve siempre igual mudanza

trayendo un mismo sino,

y este volver es cauce de esperanza,

que no muda,

de un reposo final;

para mi corazón, que angustia suda

bajo el yugo sin fin del infinito,

eres tú solo propio pedestal.

Que es en tu cima donde al fin me encuentro,

siéntome soberano,

y en mi España me adentro,

tocándome persona,

hijo de siglos de pasión, cristiano,

y cristiano español;

aquí, en la vasta soledad serrana

renaciendo al romper de la mañana

cuando renace solitario el sol.

Aquí me trago a Dios, soy Dios, mi roca;

sorbo aquí de su boca con mi boca

la sangre de este sol, su corazón,

de rodillas aquí, sobre la cima,

¡mientras mi frente con su lumbre anima,

al cielo abierto, en santa comunión!

Aquí le siento palpitar a mi alma

de noche frente a Sirio

que palpita en la negra inmensidad,

y aquí al tocarme así siento la palma

de este largo martirio

de no morir de sed de eternidad.

Alma de mi carne, sol de mi tierra,

Dios de mi España, que sois lo único que hay, lo que pasó,

no la eterna mentira del mañana,

aquí, en el regazo de la sierra,

¡aquí, entre vosotros, aquí me siento yo!

Andanzas y visiones españolas · 第 90 / 92 题