Vaya, pues, dibujemos y modelemos con la palabra al llamado Tempe
tesálico»--decía un genuino griego. Y se dice que los antiguos no
tenían el sentimiento del paisaje. Mas en esa expresión se expresa
el sentido gráfico y pictórico, o mejor, escultórico del paisaje y
no su sentido musical. Que lo moderno es acaso la musicalidad del
paisaje, del campo, el sentimiento musical de la naturaleza. Y no en
vano Spengler ve en la música la expresión del espíritu actual, del
occidental, así como en la escultura la expresión del espíritu clásico
helénico.
En música acaso se expresa lo más íntimo del paisaje, su sentimiento
rítmico. Y hasta el silencio del campo. Pero yo, lector, aunque pueda
tener algo de poeta y de loco, de músico menos que poco tengo. Y, sin
embargo...
Sin embargo, mi sentimiento rítmico, en cierto modo musical, del campo
y de las cosas de viso, no me ha cabido siempre en prosa y he tenido
alguna vez que verterlo en versos. De una música, si acaso la tienen,
esquínuda y rígida, angulosa y dura. Pero no todo ritmo se desenvuelve
en curvas.
Decía fray Luis de León en _Los nombres de Cristo_ que «algunos
hay a quien la vista del campo los enmudece; mas yo, como los pájaros,
en viendo lo verde deseo o cantar o hablar». Y una especie de canto
hablado, de recitación, de rezo más bien, es el verso. Y al ciego
Salinas le habló fray Luis de música y de paisaje, o mejor, de celaje,
en versos muy firmes.
En el primero de los escritos de esta colección--o libro--viste,
lector, que al hablarte de la granja de Moreruela, pasé de la prosa
a versos de unos sonetos que te habrán parecido prosaicos. Prosaicos
por su construcción y más por el esqueleto conceptual de ellos.
Pensamientos concebidos en prosa y puestos en catorce endecasílabos
rimados. Pero otras veces ha sido de primera intención, y desde luego,
antes de pensarlo primero en prosa, como me brotó en verso la expresión
de un paisaje o de algo que lo valga.
Me decía una vez Vicente Colorado, vuelto ya tierra hace años, que por
qué no escribí en verso el final de mi novela _Paz en la Guerra_.
Y acaso tenía razón. En prosa ritmoide va a dar a las veces.
Y ahora aquí, lector, quiero darte al cabo de este ramillete de relatos
de mis andanzas y visiones de España unas cuantas poesías que de esas
andanzas y de esas visiones brotaron. ¿Música? Si se trata de la
cantable y bailable, no. Porque hay quien necesita llevar el compás de
los versos con los pies.
Al evocar mi recuerdo, dormido en el hondón de mi memoria, de lo que
era el campo de Albia en lo que hoy es el ensanche de Bilbao, brotóme
él a flor de alma en forma rítmica, en versos de meditación poética, de
eso que los lakistas ingleses llamaban _musings_. Como en versos
vertí mi visión íntima del Nervión. Y en verso la espléndida visión de
un atardecer de estío en Salamanca, y en verso la de la Colegiata de
Castañeda, a la salida del valle Pas, y en verso el sentimiento que me
produjo la contemplación de un solitario camposanto en la paramera
castellana, y en verso mi visión de Galicia. En esta poesía dedicada a
Galicia creo haber vertido más concentrada y más depuradamente lo que
de ella he dicho en otros escritos en prosa.
Incluyo aquí también los versos que hice al Cristo yacente de Santa
Clara, o iglesia de la Cruz, en Palencia, ese Cristo que es como un
símbolo y resumen del paisaje trágico castellano.
Respecto a la forma externa o tipográfica de estos escritos he
respetado en algunos la que al publicarlos por vez primera los di y
es ponerlos como si fueran prosa, sin hacer un renglón aparte de cada
verso. Lo que por un lado obliga al lector a estar más alerta en su
lectura y no dejarse guiar del artificio tipográfico--que a las veces
simula versos donde no los hay--y por otra lleva más papel. Y digo
esto, porque he podido advertir que si los libros de verso se venden
menos que los de prosa, es en buena parte porque el lector se llama
a engaño de que le den en igual masa de papel y páginas, y al mismo
precio, menor caudal de lectura y de letras. Que no ha desaparecido el
criterio con que antaño se hacía la tasa de los libros, por pliegos.
A otras de estas poesías--o visiones en versos--les he conservado, en
cambio, la tradicional manera de presentar los escritos medidos en
cadencia acompasada.