De lo que sucedio Aguirre en el camino de Uaraquysimeto.
Ssalido Lope de Aguirre de la Ualencia, y aviendo ya caminado buen rrato
por el camino de la sierra hazia Baraquysimeto, el qual es todo
alcabuco, algunos soldados que yban temerossos de aquel traidor[480] no
los matase, uiendo el buen aparejo que tenian para huirse por yr la
jente algo esparcida y ser la tierra montaña, acordaron esconderse, y
asi se le huyeron diez soldados en un dia, aun que cada uno por si y sin
sauer el vno del otro; lo qual sabido por Lope de Aguirre, encendido en
muy grande yra, hazia muchos ueruos, diziendo mal a Dios y a sus
santos[481], echando rreniegos y descreos[482], mirando hazia el cielo.
Pateaua con los pies y echaua espumarajos por la boca, diciendo: «o
pesete tal, marañones, que bien e dicho yo dias a que me aviades de
dejar al tienpo de la mayor nezesidad, y que auia yo de hazer la guerra
con micos o gatos del arcabuco, y me ouiera balido mas por no dar la
uida a tan ceuil[483] gente. O profeta Antonico, que vien profetizaste
la uerdad, que si yo te ubiera creydo no se me ouieran ydo estos
marañones.» Y esto dezia por vn pajezuelo suyo, llamado Antonico, a
quyen el queria mucho, el qual le dezia muchas veces que no se fyase de
los marañones, porque al mejor tiempo se le auian de huir todos y
dejalle ssolo, y cada vez que se le huia algun soldado, luego acudia al
profeta Antonico: ueis aquy quien me a profetizado esto muchos dias a.
Mas como suelen decir, nunca falta vno que tercie de buena, porque para
aplacar a Lope de Aguirre y mitigar este enojo, salio de trauez vn Juan
Gomez, su almirante, que no deuia tener los pensamientos de menos uirtud
que Lope de Aguirre, y le dijo: «o pesete tal, señor jeneral, y que
bueno anda, vuestra merced: el otro dia, si como fueron tres fueran
treinta, a fee que quedaua su canpo seguro y en perfyzion y sin rriesgo
de henemigos; mas por uida de tal, que ay por aqui muchos y muy buenos
arboles.» Todo esto dezia el Juan Gomez porque ya que Lope de Aguirre,
quando al salir de la Ualencia no mato mas de tres soldados, que alli
matase o ahorcase los demas de quyen se sospechaua que no le seguian con
aficion.
El traidor no echo de uer en lo que el Juan Gomez decia, o no se atreuio
hazello entonces, pero despues lo yntento, como se dira adelante.
Al tercero dia de como salio de la Ualencia, dio en vna rrancheria de
minas, donde los uezinos de aquel pueblo tenia sus sclauos sacando oro,
y con la nueua y benida del Aguirre los auian alzado y quytado de alli y
puesto en cobro; en la qual rrancheria estaua vn buhio de maiz. Aguirre
se holgo mucho de allar aquel rrecurso de comida, y mas se holgo
creyendo que los negros que alli sacauan oro se le juntaran, con los
quales pensaua hazer la guerra, porque traia otra quadrilla de hasta
veinte negros con su capitan, y a estos les dezia queran libres y que
hiziesen todo lo que quysiesen, y ellos usauan tan bien de su liuertad,
que si crueldades y muertes y otros males hazian los españoles, ellos
los hazian al doble; y asi fue Dios seruido que en esta rrancheria no se
huyese ni fuese a donde el traidor estaua ningun sclauo, de lo qual le
peso arto; y despues de auer holgado alli un dia, se partio prosiguiendo
su uiaje.
En este dia que salio de la rrancheria de las minas, le llouio vn
aguazero algo rrecio, y tenia vna cuesta que suuir, la qual, aunque no
hera muy larga, hera muy agria, y con el agua que auia llouido estaua la
questa muy lodosa y rresbalosa, de suerte que las caualgaduras que
lleuauan cargadas, rresualauan mucho y caian, y no dauan paso que no lo
boluian atras, asi por ser todas las yeguas de muy poco trauajo como por
auer poco que se auian domado y ser aquellas las primeras cargas, si no
hera con mucho trauajo que auian cargado; y biendo Lope de Aguirre el
mal aliño que traia y como por ninguna uia podia pasar de alli con las
cargas sino hera con mucho trauajo suyo y de sus soldados, comenco a
disparar con aquella serpentina lengua tantos generos de blasfemias y
erejias contra Dios nuestro señor y contra sus santos, que no auia
cristiano que le oyese que no le pusiese muy gran pauor y espanto y le
tremiesen[484] las carnes; y biendo que el blasfemar no le aprouechaua
para pasar adelante sus caualgaduras, hizo a sus soldados que por toda
la questa hiziesen escalones en que agarrasen las uestias, y con esta
yndustria las suuio con harto trauajo.
En el qual tiempo, la jente de su banguardia, como no lleuauan que
cargar y descargar; no curaron de detenerse, pareciendoles que aquel
ynpedimento que obo no ouiera, y que todos los seguian sin detenerse; y
como Aguirre acauo de suuir su bagaje y no uio la banguardia, comenzose
alborotar de nueuo, y hablando con un Juan de Aguirre, su mayordomo, y
con vn Rrouerto de Susaya, su capitan de la guardia, y con otros sus
amigos, que alli estauan, les dijo: «yo, señores, os profetizo que si en
esta Gouernacion no se nos llegan quarenta o cinquenta soldados, que no
auemos de llegar al Rreyno, segun las boluntades veo y conosco en mis
marañones».
Y diciendo esto paso de largo con toda la priesa que pudo, y fue tras
los de la banguardia, a los quales alcanzo, y uituperando y ultrajando
de palabra asi capitanes como a soldados, los hizo boluer atras el balle
de la questa, donde auia tenido el trauajo. Alli durmieron aquella
noche.