(_A_) En 1549 se huyó del Archipiélago de las Perlas un negro llamado
_Felipillo_, quien arrastró consigo á otros esclavos de las pesquerías y
estableció su palenque en el golfo de San Miguel, donde pronto afluyeron
nuevos escapados de la ciudad de Panamá y de las haciendas vecinas.
_Felipillo_ fué atacado por el capitan Francisco Carreño, quien incendió
los bohios, destruyó las sementeras y entregó, á su regreso á Panamá, al
Gobernador Clavijo, 30 prisioneros, de los cuales uno fue descuartizado
en público para que tal acto sirviera de escarmiento.
Durante el siguiente gobierno, presidido por D. Alvaro de Sosa
(1553-1555), la audacia de los cimarrones--como se los llamaba á los
negros alzados--llegó á tales extremos, que por indicación del Marqués
de Cañete, Virrey del Perú, quien á la sazón pasaba por Panamá, se
resolvió emprender una campaña formal contra ellos. Al efecto, una
fuerza mandada por Gil Sánchez salió para la región de Chepo en busca de
Bayano, con tan mal éxito que á los pocos días regresaron á la ciudad
cuatro soldados, únicos sobrevivientes del desastre que sufrió la
expedición.
Organizada otra tropa, logró el capitan Carreño sorprender el palenque
de Bayano, apresar al caudillo y conducirlo á Nombre de Dios, donde por
el momento se encontraba el Sr. Sosa. Quiso este emplear los medios
conciliatorios para atraer á la sumisión el grupo de los rebeldes y
firmó un convenio, para cuyo cumplimiento volvió Bayano al campo, donde,
con burla de lo pactado, continuó con más saña sus depredaciones.
Una expedición mejor provista y equipada, constante de 200 hombres, al
mando de un experto y valiente Capitán, Pedro de Ursúa, abrió nueva
campaña contra los cimarrones, los que al cabo de dos años de lucha
tenaz y difícil fueron rodeados y obligados á rendirse mediante una
capitulación. Ursúa, sin embargo, hizo matar á varios de los principales
capitanes insurgentes, pero á Bayano lo trajo, como un trofeo, á Panamá.
En recuerdo de los hechos cometidos por los cimarrones en las márgenes
del Chepo ó Coquira, se dió á este rio el nombre del célebre Bayano.
Este jefe, conducido más tarde á España, vivió varios años en Sevilla,
sustentado vitaliciamente por el Tesoro real; pero muchos de sus
compañeros se mantuvieron en pertinaz rebelión contra los españoles, y
cuando los corsarios invadieron el país, les prestaron sus servicios
como guías y como aliados.
(Sosa y Arce: _Compendio de Historia de Panamá_; Panamá, 1911.)
En carta del licenciado Miguel Díez de Armendáriz al Emperador, fechada
en Cartagena el 24 de Julio de 1545, se dice:
«Nueve años i más que están alzados ciertos negros en esta Governación,
haciendo que les sirvan Indios, i tomándoles haciendas y mugeres.
Últimamente cuatro dellos con 30 ó 40 de sus Indios dieron en el pueblo
de Toteme, do mataron veinte i tantos, robaron oro, hamacas, mantas i
piedras de moler que es lo que precian indios, quemaron los maizales y
llevaron consigo 250 ó 300 entre hombres i mugeres. Tienen un asiento á
40 leguas de la villa de Santiago de Tolu. Por esa causa aquella
provincia está alborotada, i se han despoblado algunos pueblos de
indios. Verguenza es ver gente tan vil tanto tiempo sin castigo. Embio
al capitan Alonso López de Ayala, el mismo que fue á las minas, con 25
hombres. Hoi ha partido para la villa de Tolu con orden de no bolber sin
apoderarse de los negros ó destruirlos. He prometido ventajas á los que
los mataren, i mayores á quien me los tragere vivos.»
(_Colección Muñoz_, t. LXXXIV.)