CAPITULO NONO

Como le fue encargado a Pedro de Orsua la guerra y pascificazion de

cierta chuzma de negros rreueldes, y de como Orsua enuio a Fuentes,

español, con ciertos soldados, a castigar vn rrouo que los negros

auian echo en el camino que va de Nonbre de Dios a Panama.

En estos mesmos dias estauan los uezinos de Panama y Nonbre de Dios, y

especialmente los mercaderes, que uiuian de su particular trato y

mercancia, llenos de un terrible miedo, porque auiendo de muchos dias

atras comenzado a huirse muchos negros esclauos, estomagados y hartos de

la seruidunbre y cautiuerio en que sus amos los tenian, se auian metido,

con desinio de conseruar su liuertad y morir por hella, en las entrañas

y partes mas yntrinsicas de los arcabucos y montañas, donde auian echo

zierta forma de pueblo y fortaleza, y teniendo alli puestas como en

parte segura sus mugeres e hijos y toda la demas gente ynutil, salian

los mas valientes y osados negros al camino rreal que de Nonbre de Dios

trauiesa a Panama, por donde acostunbran pasar las harrias[171] y

rrequaje que por tierra lleuan mercaderias a Panama. Hazian muchos

rrobos y estragos en los harrieros y pasajeros, quitandoles todo lo que

lleuauan, con que auian arruinado algunas gruesas haziendas; auian con

sus maluados hechos y correrias, dado grandes muestras y señales de

pretender y querer aquellas dos fertelisimas ciudades destruillas y

aruinallas de todo punto; y aunque algunas personas se les auia

encargado la guerra de discipar y desuaratar la junta de los negros, con

grandes promesas de premios y gratificaciones, nunca auian salido con

ello, por estar los negros corrouorados y fortalecidos en vn fuerte

alojamiento, y tan platicos y diestros en la tierra, que de su

naturaleza era asperisima y ebscurisima, que casi se andauan burlando de

los que les salian a buscar, y llegauan muchas vezes con desvergonzado

atreuimiento, confiando en su mucha lijereza, a las puertas y aguajes

del Nonbre de Dios a tomar y saltear las negras y otras jentes que

salian a prouerse de cosas que les hera nezesarias, sin rrezeuir ningun

castigo.

Pues como Pedro de Orsua lleuo loa y fama de capitan prudente y sagaz y

de gran fortuna en la guerra, y llegase a Panama en tiempo de tanta

turbacion, por todos los tratantes fuele encargada la enpresa y jornada

del desuarate de los negros, y ofreziendose los vezinos y mercaderes de

entranbos puertos a fauorezer y socorrer a Pedro de Orsua con dineros y

armas y todas las otras cosas nezesarias para la guerra y soldados que

la auian de hazer, fueronle por el gouernador Aluaro de Sosa dados todos

los poderes y jurisdiccion quo se rrequeria y era nezesario para juntar

y gouernar la jente que consigo auia de lleuar y nonbrar oficiales

della; y con esto y con hasta doze soldados amigos que en Panama tenia,

Pedro de Orsua se paso a Nonbre de Dios, donde poniendo uandera en lugar

publico y tocando a tanbor, comenzo a juntar gente, de la qual hizo

maestre de canpo a Francisco Gutierrez, natural de Sevilla, honbre poco

pratico en cosas de guerra, por nunca auella seguido, pero de gran animo

y muy baliente y de sagaz ingenio para con poca yspirienzia alcanzar en

poco tiempo lo que en mucho otros no conocieran, como despues lo mostro

por la hobra. Nonbro por capitanes de su ynfanteria a Francisco Diaz,

deudo suyo, a quien el despues corto la caueza en los Motilones, y a

Pedro de la Fuente, honbre algo practico en aquella tierra por auer

algunos dias andado por hella con jente española persiguiendo y dando

caza a los negros. Hizo alferez desta jente a Garcia de Arze, buen

soldado y estremado arcabuzero, muerto despues por mano de Lope de

Aguirre en la jornada del Marañon; esquadras o cauo desquadras hizo a

Francisco de Cisneros y a Pedro de Peralta.

Tardose algunos dias Pedro de Orsua en hazer y juntar la jente necesaria

para esta guerra, en el qual tienpo sucedio que Pedro de Mazuelos mayor

enuio por tierra en dos rrecuas a Panama obra de quatro mill pesos de

mercadurias con menos guardia y costodia de la que en vn tiempo tan

calamitoso de cosarios hera menester, y llegando los harierros[172] a un

rrio questa adelante de la sierra de Capira, salieronles al camino vna

quadrilla de negros cimarrones de hasta beinte personas, armados de

arcos y flechas, y machetes por espadas, y unas flacas lanzuelas, y

haciendo pressa en las harrias y en los que las lleuaban a cargo,

quisieron, por poner mayor espanto a los pasajeros que dende adelante

por alli pasasen, matar los harrieros, y muertos, atrauesar los cuerpos

en el camino, para con este adbominable exenplo de crueldad, atemorizar

de todo punto la jente de Panama y Nonbre de Dios; pero este cruel echo

les fue ynpedido y estoruado a los negros por vn principal o caudillo

que consigo traian, el qual queriendo dar muestras de honbre vmano y

clemente, no solo dio livertad a los harrieros y españoles que con

hellos yban, pero hizoles dar las mas de las vestias y azemilas de carga

que lleuaban para en que pudiesen caminar, quedandose hellos con algunas

mulas de las más rrecias y de mejor parezer y con toda la mercaduria que

en las harrias lleuaban, de la qual despues de auer tomado y apartado

las cossas a hellos mas vtiles y prouechossas, como heran rruanes,

angeos, machetes, tigeras, cuchillos y otras cosas de esta calidad, todo

lo demas esparcieron y derramaron por las rriueras del rrio, y con lo

que pudieron lleuar a cuestas se fueron la buelta de su alojamiento,

dejando por alli escondidas algunas cosas de las dichas para boluer por

ellas.

La nueua deste asalto llego al Nombre de Dios, donde mouio los animos de

todos los de aquel pueblo a quejarse publicamente de la neglijencia y

descuido de los que gouernaban, pues siendo obligados a rremediar

semejantes motines y a tener seguros los caminos pasajeros, con

soñolento descuido y sorda desimulacion pasauan todos los males que los

negros hazian, no considerando los daños e ynrremediables peligros que

los leves principios suelen traher por ser menos preciados. La justicia,

como de presente parecia estar encargado el negocio de los negros a

Pedro de Orssua, desculpauanse con el diciendo que en su mano estaua el

rremedio y socorro que de presente todos pedian. Pedro de Mazuelos, a

quien particularmente tocaua el rrouo de proximo hecho por los esclauos,

ynportuno y rrogo a Pedro de Horsua que con brevedad enbiase jente y

soldados a la parte y lugar donde se auia echo el asalto, y siguiendo

los negros les quitasen la presa de entre las manos toda entera, y que

les daria una parte della, y sino haria zierto pagamento y sueldo por el

trauajo de yllos a buscar.

Orsua ynbio yncontinente al capitan Pedro de la Fuente con quinze

soldados al efeto dicho, y no solo le encargo la rrestauracion de la

perdida de Macuelos, pero principalmente le rrogo que procurase auer

algun negro uibo para guia y lunbre de los alojamientos y rrancherias de

los negros, para que ciega ni confusamente no saliesen despues a

buscallos por tan obscuras montañas como aquellas del Nonbre de Dios

son. Pedro de la Fuente, lleuando por guia a los harrieros, llego al

lugar donde auian sido rrouados, y hallando toda la mas de la rropa, que

heran sedas, terciopelos, rrasos, tafetanes y otras cosas de balor,

tendidas y esparcidas por el suelo en la forma dicha, la mando recoxer;

y estando ocupados en esto, oyo que por la montaña se les uenia

hazercando vn gran tropel y estruendo, sin bozes ni otra demostracion de

ser gente, y deseando el capitan Fuentes sauer lo que hera, hizo recoxer

los soldados, y con ellos se enbosco y estuuo quedo junto a la propia

montaña y rriuera del rrio, asta que del arcabuco salieron diez muy

dispuestos y ligeros negros bien aderezados y armados a su modo.

Esperaron a que se apartasen del monte y saliesen al rraso, y luego que

los uieron en lugar comodo arremitieron a hellos los españoles, diciendo

«Santiago».

Los negros, que ninguna cosa se turvaron de uer yr sobre si a los

soldados, rreuolviendo sus armas contra hellos, los esperaron con muy

buen senblante, vsando del mesmo apellido de Santiago de que los

españoles al arremeter auian vsado, y quiriendose animar los unos a los

otros, a que si como deuian peleauan abrian vna uitoria aquel dia muy

honrrosa y prouechosa para hellos y para sus compañeros, solamente

dezian a grandes uozes en la pelea «oy dia, oy dia», que por ser torpes

en el pronunciar la lengua castellana no tenian aptitud para decir otra

cosa, que hera como si dijeran oy es dia de ganar uitoria entera de

nuestros enemigos, a los quales podemos tener por vencidos si la fortuna

no nos es contraria; y ciertamente, aunque de presente heran mas en

numero los españoles que los negros, en otras muchas cosas les heran muy

desiguales e ynferiores, porque la lijereza de aquellos baruaros hera

tanta que en su mano estaua el esperar o arremeter o huyr, y demas desto

les hera muy fauorable el tienpo y la tierra, porque haziendo vn dia

muy blando y pardo, dejavase caher vna menuda agua que mojando la

tierra, que alli hera asperisima y acompañada de grandes y rresualosos

peñascos, hazia que los negros con liberalidad y lijereza saltasen de

peña en peña y de una parte a otra, lo qual les hera muy dificultoso y

pesado a los nuestros, y asi no podian juntarse con los henemigos a

pelear como ni quando querian, con lo qual los negros, de lo mas alto,

que sienpre señoreavan, disparauan la flecheria que tenian muy a su

saluo y tirauan con mas firmeza y fuerza los dardos y piedras que contra

los nuestros arrojauan, y ultra desto los arcabuces que los españoles

lleuauan o tenian heran casi de todo punto ynutiles, porque con la

menuda agua que caia el poluorin se mojaua en los fogones y no prendia

el fuego hen ellos.

Turo gran rrato esta pelea, sin acostarse la fortuna a ninguna parte,

antes los negros auian herido vno o dos españoles, hasta que presumiendo

algunos de aquellos negros que se tenian por mas valientes, que hera

mucha la bentaja que uno por vno tenian a sus contrarios, tres dellos se

uinieron allegando en diferentes lugares con tres españoles que tanbien

andauan desmandados de los demas. El suceso de los quales fue tan

prospero para los nuestros, que matando los dos españoles a los dos

negros que les auian salido y dejarretando el otro al con quien peleaua,

pusieron tanto temor a los demas por auerles entre los tres muerto a su

principal o capitan, que no curando de tenerse a esperar otra quadrilla

de negros que poco atras uenian, se dieron a huir y esparcirse

ligeramente por la montaña y arcabuco que en su fauor tenian, saltando

con grande belocidad y facilidad de una en otra peña casi menospreciando

a los españoles si tras hellos quisiesen seguir; pero el capitan o

caudillo que lleuauan, como fuese platico en aquellas guerras, no

consintio que ningun soldado se apartase ni fuese en seguimiento de los

negros, antes juntando a todos con las armas en las manos, como estauan,

comenzando de ynterrogar aquel negro que uibo y dejarretado en las manos

les auia quedado, si auia por halli zerca algun alojamiento o rrancheria

de negros. El le respondio que no, pero que tras del y sus conpañeros

auian, de la poblazon y rrancheria principal, salido otros quinze negros

que no tardarian en llegar alli si con temor de los que se avian

retirado e huido no se bolviesen todos a donde estaua su principal, lo

qual el tenia por ynposible; pero que lo mas seguro les hera a los

españoles rretirarse o acoxerse con presteza, sino querian ser alli

todos muertos y presos de los demas negros con los quales venia vn

baliente capitan y uno de sus ouispos y otros muy principales y

balientes honbres de aquella su conpañia, que no solo en numero tenian

bentaja a los españoles, pero en esfuerzo y balentia y en destreza de

pelear, pues estauan de mucho tienpo atras echos a aquel oficio y

trauajo.

El capitan Fuentes creyo o dio credito a lo quel negro decia, pero no

mostrando punto de flaqueza ni couardia, antes poniendo toda su

esperanza en Dios ynmortal, que le daria entera vitoria de aquellos

ladrones, que tan en daño y perjuicio de los cristianos andauan a

saltear y rrouar por aquellos caminos y pueblos, se estuuo quedo con sus

conpañeros, esperando con las armas en la mano la venida de los negros.

Historia de Venezuela, Tomo II · 第 50 / 273 题