Trata asimismo esta relación de los cultos á los parientes m

NOTA DEL TRANSCRIPTOR:

—Los errores obvios de impresión y puntuación han sido corregidos.

—Se ha mantenido la acentuación del libro original, que difiere

notablemente de la utilizada en español moderno.

—Las letras escritas arriba han sido figuradas como a^b.

COLECCIÓN

DE

DOCUMENTOS INÉDITOS

DE ULTRAMAR.

COLECCIÓN

DE

DOCUMENTOS INÉDITOS

RELATIVOS AL DESCUBRIMIENTO, CONQUISTA Y ORGANIZACIÓN

DE LAS

ANTIGUAS POSESIONES ESPAÑOLAS DE ULTRAMAR.

SEGUNDA SERIE

PUBLICADA POR LA REAL ACADEMIA DE LA HISTORIA.

TOMO NÚM. 3.

II

DE LAS ISLAS FILIPINAS.

MADRID

EST. TIPOGRÁFICO «SUCESORES DE RIVADENEYRA»

IMPRESORES DE LA REAL CASA

Paseo de San Vicente, 20

1887

RESEÑA Y ENLACE DE LOS DOCUMENTOS.

El método seguido en esta publicación designa el primer lugar en el

presente tomo á la relación del viaje del patache San Lucas, desrotado

de la flota de Legazpi en la amanecida del día 1.º de Diciembre[1], á

los diez de la salida del puerto.

Gran pena causó á los expedicionarios aquel suceso, que al par que

desmembraba sus fuerzas, les privaba del buque por más velero y sutil,

adecuado para las descubiertas, y por su escaso calado á propósito

para el reconocimiento indispensable en un viaje de exploración de

bajos, canales, lajas y demás accidentes hidrográficos, de que estaban

sembrados aquellos mares. Al sentimiento de todos unió el General la

sospecha de ser preconcebida aquella separación, ya por no encontrar

ningún motivo que la justificara, como por influir en su ánimo la

delantera que el patache tomaba durante las noches sin querer amainar,

no obstante las instrucciones escritas que el Capitán tenía, y las

advertencias que al habla se le hicieron de orden del General y reiteró

éste de propia voz, para que se mantuviese por la proa de la Capitana á

distancia de un tiro de lombarda.

Hábilmente cohonestaba el piloto su intento ó excusaba su proceder

manifestando que lo raso del buque, su poco calado y _lo mucho que

penejaba_ por su alta escora le impedía amainar, porque con la mar de

través se le iba encapillando el agua hasta convertirlo en una cuba.

Y en verdad que juzgada la contestación por la gente del oficio, no

tenía réplica. Con no menor habilidad, aunque se trasluzca á veces

lo artificioso del fundamento, se procura motivar en la relación del

viaje, escrita y presentada por D. Alonso de Arellano, el apremio en

que las circunstancias le pusieron de emprender el viaje de vuelta,

después de haber buscado inútilmente á la flota por varias de las

islas, y dejado en ellas las señales de su estada prevenidas en las

instrucciones, viéndose así por extremo contrariados, porque «dar con

el Armada era la cosa que más deseábamos el piloto é yo», dice el mismo

Capitán[2].

¿Deben estimarse sinceras estas palabras? ¿ó fundadas las sospechas

de Legazpi? La prueba documental condena á aquéllas, y reviste á

éstas del carácter de certidumbre; la acusación del General confirma

tal lección, y la historia la ha admitido como resultado de sana

crítica; que si su fallo estuviera pendiente del de la Audiencia de

Nueva España, hallaríase aún abierto el juicio sobre este importante

episodio; porque la Audiencia no solamente eludió el proceso, sino que

hizo lo posible por _no oir_.

Al ver el General que en ninguna de las islas á que arribaba con la

flota encontraba las señales prevenidas para significar la huella del

buque desrotado, ni los indígenas le daban la menor noticia del San

Lucas, ni tampoco pudieron adquirirla los bateles y fragatas que con

tal comisión recorrieron el archipiélago, mandó abrir una información

sobre el suceso en orden dictada en Bohol el 13 de Abril de 1565.

Declaran en ella ante Fernando Requel, Escribano de Gobernación de

la flota, Pierres Plin, piloto de la nao Capitana; Martín de Ibarra,

maestre de la misma; Rodrigo de Espinosa, piloto del patache San Juan;

el capitán Juan de la Isla; Jaymes Fortuno, piloto de la nao Almiranta,

Juan María, maestre de la misma, y Francisco de Astigarribia,

contramaestre de la nao Capitana. Las declaraciones de todos están

contestes sobre los tres puntos principales: 1.º Que Arellano tenía

instrucciones del General, entregadas por Juan de la Isla al piloto

Lope Martín, para que el patache fuese delante de la flota en la

descubierta, conservando la distancia próximamente de media legua. 2.º

Que la tarde antevíspera de la desaparición, poniéndose la Capitana

al habla de Arellano, reprendióle la excesiva delantera que tomaba al

anochecer, respondiendo el piloto Lope Martín que no podia amainar

porque el patache penejaba[3] mucho y se le encapillaba el agua por

los bordos hasta convertirlo en una cuba. 3.º Que en la amanecida

del subsiguiente día, amanecida nebulosa, desapareció aquella nave

desrotándose de la flota, sin que se haya encontrado rastro de su

paso ó estada por ninguna de aquellas islas, á pesar de las muchas

diligencias practicadas para ello y de las instrucciones precisas que

en previsión de este caso le habia dado por escrito el General.

Tal testimonio sirvió de base á la acusación de Legazpi contra

Arellano, para lo cual fué remitido con poder en regla á Gabriel

Díez, tesorero de la Casa de Moneda de Méjico, y presentada por éste

á la Real Audiencia de Nueva España el 7 de Noviembre de 1565 en la

siguiente forma:

«Muy poderoso Señor: Gabriel Diaz, tesorero de la casa real de la

moneda desta ciudad, en nombre de Miguel Lopez de Legaspi, gobernador

de las islas y armada del poniente por vuestra alteza por virtud del

poder que del tengo, digo que yendo el dicho Miguel Lopez en vuestro

real servicio á las dichas islas del poniente como por vuestra alteza

le fué mandado conforme á la instruccion nombró por capitan del patax

llamado San Lucas á Don Alonso de Arellano por le hacer bien y honra

como á caballero el cual debiendo corresponderle como tal y estando

obligado como caballero y leal vasallo á lo que en nombre de vuestra

magestad le fué mandado por la instruccion que se le dió por el dicho

general y conforme al juramento que le fué tomado como á los demás

soldados y capitanes que fueron en la dicha armada el dicho capitan

Don Alonso habiendo navegado diez dias en compañía y conserva de la

dicha flota sin cansa ocasion ni color alguna con mar bonancible y

tiempo sosegado una noche con la escuridad della se subtrajo y ausentó

de la dicha flota apartandose della tomando rumbo diferente del que

por la instruccion le estaba mandado llevar como á vuestra alteza

consta por la informacion que sobre ello hizo el dicho gobernador é

invió á vuestra alteza el cual dicho capitan Don Alonso en lo ansi

hacer hizo lo que no debia á caballero y capitan y leal vasallo de

vuestra alteza porque demas del daño que hizo que fué muy grande y

inestimable á vuestra real flota por le haber quitado el navio mas

principal y gente que en él iba para la navegacion y reconocimiento

mas particular de aquellas islas por ser siendo como era el mas

pequeño mas manual y mas comodo para ello por pedir como pide menos

agua para entrar y descubrir los rios y esteros y baxios á donde no

podian entrar los demas navios gruesos y que como cosa muy esencial y

necesaria para este dicho efecto fué hecho es muy grande la falta que

el dicho patax San Lucas y gente que en él iba han hecho y hacen para

la conservacion y sustento del ejército que allá queda para les ir á

traer bastimentos para su comida, municiones, madera, faxina y todos

los demas pertrechos necesarios y ansi mismo para despender é tratar

los resgates que su magestad allá tiene lo cual se ha dejado de hacer

por la falta del dicho patax por tanto á vuestra alteza en nombre del

dicho vuestro gobernador pido é suplico mande que el dicho capitan

Don Alonso piloto y soldados de su compañia bayan á dar cuenta á su

general conforme al juramento que tienen hecho y á servir el sueldo y

paga real que tienen recibida pues de toda ella han servido solo los

diez dias que fueron debajo de la bandera real de que fue por general

el dicho Miguel Lopez y del demas tiempo hasta agora y de la causa

de su apartamiento le vayan á dar cuenta como á su general y pido

justicia y en lo necesario, etc.—Gabriel Diez.

»E presentada la dicha peticion en la manera que dicha es é por los

dichos señores vista mandaron que el Secretario Bartolomé de Vilches

guarde esta dicha peticion.—Sancho Lopez de Agurto.»

En 11 del mismo mes presentó una segunda formulando acusaciones más

graves, entre ellas la de haber echado Arellano dos hombres vivos á la

mar, uno español y otro indio, y cometido otros muy graves y atroces

excesos, que no expresa, en compañía del piloto y de otros, como puede

verse en esta segunda petición:

«Muy poderoso Señor: Gabriel Diaz tesorero de la casa de la moneda en

nombre de Miguel Lopez de Legaspi general é gobernador por vuestra

alteza en las islas de poniente é por virtud del poder que del

susodicho tengo que es este de que hago presentacion digo que yo pedi

el lunes pasado en vuestro real acuerdo en nombre del dicho vuestro

gobernador por una peticion que el capitan Don Alonso de Arellano

piloto y los demas soldados del navio San Lucas fuesen á dar cuenta

al dicho general de la causa de su partida y fuga de la flota y

debiéndose proveer segun y como tengo pedido hasta agora no se me ha

respondido á la dicha peticion ni proveido cosa alguna y á mi noticia

ha venido que el dicho capitan Don Alonso y algunos soldados de su

compañia se aprestan para se ir á los reinos de Castilla en este

navio con licencia de vuestro presidente é oidores como el dicho Don

Alonso ha publicado lo cual hablando con el debido acatamiento no se

les debiera conceder mas antes mandarles compeler y apremiarles vayan

ante su general á dar cuenta de su viage y derrota y de la gente é

navio que se le encargó la cual dicha cuenta es uso é costumbre en

todos vuestros reinos dar los capitanes é señores de navios y lo

primero que se hace en llegando á puerto es visitarlos la justicia y

pedirle cuenta de la gente que sacó en el dicho navio y el tratamiento

bueno ó malo y agravios que les ha hecho lo cual si se hubiera hecho

con el dicho Don Alonso piloto y oficiales del dicho navio constara á

vuestro presidente é oidores el dicho Don Alonso piloto é los demas

no solo no haber guardado ni cumplido la instruccion que les fue dada

sino de diametro haberla hecho al contrario haciendo cabeza de su

juego y el dicho Don Alonso haber administrado cargos de justicia no

teniendo para ello comision ni facultad y haber sin causa alguna á

lo menos que bastante fuese hechado un hombre vivo á la mar español

y otro indio y haber hecho otros muy graves y atroces excesos en

compañia del dicho piloto y de otros que para ello le daban favor y

consejo por lo cual el dicho capitan y piloto y los demas participes

en los dichos delitos acusados de sus propias conciencias reusan y

temen parecer ante el dicho general por no ser castigados ansi por se

haber huido con el sueldo é navio de su magestad como por los delitos

que durante la dicha fuga han cometido de todo lo cual estoy presto

de dar informacion la cual pido se me reciba y si necesario es para

la dicha informacion se cite el dicho Don Alonso piloto é los demas

á quien tocare. A vuestra alteza pido é suplico mande hacer segun

y de la forma que pedido tengo y que el dicho Don Alonso y piloto é

soldados de su compañia bayan á servir la paga y sueldo que de vuestra

alteza tienen recibida y parezcan ante su general y gobernador á dar

la cuenta que son obligados y á mi se me reciba la informacion que me

ofresco á dar y pido justicia y en lo necesario.

Otro si á vuestra alteza pido y suplico mande al secretario me de

traslado autorizado en publica forma de lo en este caso por mi pedido

y sobre ello proveido que yo estoy presto de le pagar sus derechos.

Gabriel Diez.

Presentada la dicha peticion é por los dichos señores presidentes é

oidores vista dijeron que mandaban y mandaron se junte esta peticion

con la otra que dió antes.»

En la tercera, presentada el día 13, se queja de que no se haya

proveído nada en las anteriores y no le quieran dar respuesta de las

mismas, por lo cual solicita un traslado autorizado de ellas. Como la

Audiencia resolviera que Gabriel Díez se mostrara parte, presentó el

día 16 del mismo mes una cuarta petición en que reduplica el contenido

de las anteriores, manifestando que hasta ahora no se había proveído,

sino que él se mostrara parte, no obstante de tener presentado ya

desde la primera el poder que se le pide y que de nuevo presenta en

cumplimiento de lo mandado, «aunque bastaba la atrocidad del delito

para que vuestros Presidentes é Oidores sin mandarme á mí mostrar parte

mandaran á vuestro Fiscal tomar ansi la causa é la siguieran sin dar

lugar á tanta dilacion como con ellos se a tenido atento lo qual A

Vuestra Alteza pido y suplico lo que por todas mis peticiones tengo

pedido y declare ser yo parte ó en defecto de yo no serlo que si soy

mande por lo que toca al interese é hacienda de su magestad tome la

voz desta causa vuestro fiscal que yo estoy presto de le dar toda la

informacion necesaria y si necesario es en el caso me ofresco á hacer

todo lo que en este caso de derecho se requiere y pido justicia y en lo

necesario, etc.

Otro si á vuestra alteza pido é suplico me mande dar un traslado

autorizado de todo lo que en este caso tengo pedido porque ansi

conviene al derecho del dicho general Miguel Lopez y del descargo de lo

que por vuestra magestad le fué encargado é mandado las peticiones de

que pido traslado que tengo presentadas son una que meti lunes cinco

deste presente mes en vuestro real acuerdo la cual llevó vuestro oidor

Villanueva del dicho acuerdo y la envió con gentil patero desta real

Audiencia al secretario Vilches otra que presente y el poder del dicho

general ante el secretario Vilches viernes nueve deste presente mes á

la cual no se proveyó cosa alguna—otra que presenté martes trece deste

presente mes á la cual en la dicha Audiencia se me respondió que para

con todos y ayer en vuestro real acuerdo me fué respondido á la dicha

peticion que me mostrase parte de todas las cuales é del poder suplico

á vuestra alteza me mande dar el traslado que pedido tengo con fee de

lo proveido ó como no sea proveido é pido justicia. Gabriel Diez.

E presentada la dicha peticion é por los dichos señores vista mandaron

que se traiga: visto.»

* * * * *

De nuevo recurrió á la Audiencia pidiendo traslado de todo cuanto

en ella había presentado á nombre de Legazpi, obteniendo al fin un

mandamiento para que se le diese testimonio de la información que vino

de las islas contra Arellano, y de la que el mismo Arellano presentó,

y no la una sin la otra: contra lo cual representó nuevamente Gabriel

Díez, en 26 de Noviembre, con la siguiente frase: «hablando con el

acatamiento que debo no se pudo ni debió mandar por vuestra alteza

porque vuestra Real cedula no manda sino que de un testimonio de lo que

se pidiere con pie é cabeza é que aquello solo se de a la parte que lo

pidiere é al derecho de vuestro general hace poco al caso la provanza

ó informacion del dicho Don Alonso y el dicho Don Alonso terná cuidado

de guardarla é presentarla donde viere que le conviene cuanto mas que

será falsa é subreticia y hecha con los mismos qué fueron consultores

participes é perpetradores con el dicho Don Alonso en el alzamiento é

fuga que hicieron con el dicho navio y en los demas delitos que han

cometido, etc......»[4].

* * * * *

Todo lo preinserto induce á sospechar el prestigio de D. Alonso de

Arellano en aquella Audiencia, por el mucho que gozaba en el Consejo de

Indias y su valimiento en la corte, ó la apatía del fiscal y oidores, y

es lo menos que se desprende de estas palabras de Díez, escritas en la

última petición: «A vuestra alteza he pedido se me reciva informacion

sobre ello la qual nunca vuestro Presidente e Oydores me han querido

recivir ni ansimismo mandar que vuestro fiscal tome la voz desta causa

é la siga, etc.» y no menos de la queja formulada sobre permitir la

misma Audiencia la salida para España de Arellano y otros soldados

cómplices suyos, contraviniéndose á lo prevenido al no tomarle cuenta

sobre el ejercicio de su empleo al rendimiento del viaje, y faltándose

á la justicia, al no sujetarlo después al proceso que cumplía, ante la

grave acusación presentada á nombre del General.

En la petición primera se concreta el cargo á la fuga que hizo de la

Armada: en la segunda y siguientes añade Gabriel Díez, por noticias

que es de inferir le dieran algunos descontentos de la tripulación,

los atroces excesos cometidos por el capitán y piloto, acusándoles

explícitamente de haber arrojado dos hombres vivos al mar, uno español

y otro indio.

Esto, que hoy constituiría horrendo crimen, no podía revestir el

mismo carácter en época que sancionaba ordenanzas particulares de

armadas[5] donde se prefija como castigo, y no para aplicarlo en casos

de extremada delincuencia, sino á faltas que, por graves que sean en

la milicia, no establecen criminalidad, ni siquiera otro delito que

de relación. Bastaba dormirse por segunda vez en la guardia, y en

circunstancias normales, para castigar la reincidencia con pena tan

inhumana, bárbara y cruel.

Que este juicio no es infundado, aunque en las instrucciones de Legazpi

no se haga mérito de tal castigo, lo dicen los mismos términos de la

acusación «de aver administrado cargos de justicia no teniendo para

ello _comision_ ni _facultad_ y aver sin causa alguna, á _lo menos que

bastante fuese_ echado un hombre vivo á la mar español y otro indio» lo

que da por posible la existencia de la causa, y de aquí lo factible de

simular situaciones extremas para eludir el cargo de arbitrariedad ó

arrogación de atribuciones.

No tienden estas palabras á disculpar ni siquiera á atenuar el

proceder del Capitán del _San Lucas_, dado que realizara el cruel hecho

que motiva la acusación; sólo tratan de discernir la diferencia de

épocas, para establecer bajo su verdadero punto de vista el comentario

sobre un suceso que hoy sería un crimen y entonces podía buscar amparo

en la ley. Aun así hubieran resultado graves cargos contra Arellano y

su piloto de haberse abierto el proceso; pero lejos de ello, marchó

aquél libremente á la corte, y éste, aunque sufrió una prisión, debió

ser por escaso tiempo y en castigo de algún otro delito, porque en 1.º

de Mayo del año siguiente le vemos volver en el galeón _San Jerónimo_,

ocasionando con su maldad los atroces crímenes detallados en la

relación de aquel funesto viaje. Allí, aunque se desconocieran los

malos antecedentes que de su persona dieron á Legazpi los amotinados

de Cebú, descubre su perversa índole el pasaje que refiere la muerte

alevosa preparada al capitán Sánchez Pericón y á su hijo; y al llegar

á la horrible y sarcástica ejecución de Mosquera, capitán elegido por

los conjurados, se resiste el ánimo á creer tanta infamia, pareciéndole

oir la narración de una mente exaltada por el delirio, más bien que un

episodio histórico referido con la ingenuidad de un soldado, testigo

presencial de los hechos.

Ni el tiempo, ni la distancia, ni el sentido moral de aquella época,

ni la fría y serena reflexión recomendada al juicio en materia de

historia, pueden acallar la indignación que produce un crimen sin

igual por su forma á los cometidos en los siglos de mayor barbarie, ni

contener el anatema de la posteridad contra aquel grupo de asesinos que

humilla y avergüenza á la especie humana, del cual fué alma el malvado

Lope Martín. Reconociéndolo así los que con él quedaron abandonados en

una isla desierta, propusieron á los de la nave su muerte, como medio

de alcanzar el perdón los 26 que no pudieron restituirse á bordo.

Aquella pequeña sociedad, compuesta en su mayoría de réprobos, le

rechazaba de sí; los autores de relaciones, coetáneos suyos, le negaban

la patria; y ni aun la muerte quiso por entonces recibirlo en su seno.

Tal juicio sobre el carácter moral de esta figura no debe impedir que

se reivindique para el piloto las condiciones extraordinarias que

demostró al emprender el viaje de regreso del patache _San Lucas_.

Basta considerar la pequeñez de un buque de 40 toneladas, su

reducida dotación de 20 hombres, de capitán á paje, casi todos

mozos sin experiencia ni bríos, para empresas de mar y guerra, y en

mar inexplorado y en guerra desconocida, la falta de provisiones

y pertrechos que experimentaban desde la salida del puerto de

Navidad, las enfermedades, especialmente el escorbuto que diezmaba la

tripulación, la poca seguridad que podía tener en la subordinación de

ésta, y sobre todo la incertidumbre del viaje á que se aventuraba,

sin que le detuvieran los muchos fracasos de anteriores intentos en

buenas y bien pertrechadas naves con gente experta y decidida, hay

que conceder que el viaje del _San Lucas_ es de los más atrevidos que

registra la historia de la navegación, y concluir, por tanto, que

el grave delito cometido al emprender el viaje[6], y las maldades y

crímenes llevados á cabo en el del _San Jerónimo_, harán aborrecible

su memoria; pero no pueden privarle del concepto de piloto audaz é

inteligente, peritísimo marinero y navegante esforzado, como tampoco se

puede negar á Arellano esta última cualidad, cualquiera que fuese el

grado de confianza que le inspirase su piloto.

* * * * *

El documento inserto bajo el núm. 39, continúa la relación que aparece

en el primer tomo bajo el 27. Posesionados ya de una parte de Cebú y

establecidos en su campo, llegó un moro llamado Sidamit, enviado por

Tupas, para tratar con el Gobernador sobre el rescate de las dos indias

que, con otras dos muchachuelas, estaban en poder de los españoles; y

como Legazpi, por medio del intérprete Jerónimo Pacheco, contestara que

las dejaría en libertad, á condición de que Tupas y los principales de

la isla vinieran á someterse al dominio de Castilla, haciendo protesta

del buen trato que habían recibido, partió el moro con la embajada.

Al siguiente día llegaron al campo algunos indios principales, entre

ellos Sicatepan y Simaquio, marido de una de las indias y padre de las

muchachas, y un hijo de Tupas, los cuales regocijados por el buen trato

que las indias habían recibido, según espontánea declaración de ellas,

fueron parte á que viniera el mismo Tupas. El reyezuelo agasajado con

vistoso traje y convencido de la buena fe con que obraba el Gobernador,

se puso incondicionalmente bajo el dominio de la Corona de Castilla,

disculpando su anterior retraimiento con no haber podido traer nada con

que contribuir, por habérsele perdido la sementera de arroz, á lo cual

contestó Legazpi que el Rey de Castilla no deseaba otro tributo que la

obediencia de los indios, y la buena voluntad con que debían ponerse

bajo el amparo de la Corona.

Entonces (4 de Junio) se dividió el campo entre ellos y los españoles

y se ajustó un convenio que puede estimarse fundamental de la

colonización española (V. pág. 101 á 103). Redactado en siete cláusulas

se expresa en la primera el Señorío de la Corona Real de Castilla sobre

aquel territorio; en la segunda pónese por condición que no había de

entrar en esta paz el indio asesino de Pedro de Arana; se establece por

la tercera una alianza ofensiva y defensiva contra los naturales de los

pueblos comarcanos que se presentaran en actitud hostil; la cuarta y

quinta tratan de la aplicación de justicia; la sexta se refiere á la

mercancía de bastimentos, y la séptima y última prohibe á los indios

entrar con armas en el campo y pueblos de españoles.

Ajustado de buena fe este convenio, establecióse la mejor armonía

entre españoles é indios. Las mujeres traían bastimentos al campo, y

tal confianza llegaron adquirir, que, comenzando por brindar á los de

Castilla con sus cuerpos, concluyeron por quedarse durante las noches

escondidas en las casas de los soldados, sin que el Gobernador pudiese

impedir del todo este comercio ilícito, que según los indios no tenía

la importancia que le atribuía Legazpi, por ser una costumbre que no

tenía nada de pecaminosa en el país, por más que el reyezuelo, al

conocer la vituperaba el Gobernador, procuró hacerle creer que las

mujeres que tales hacían no eran principales ni casadas, sino esclavas.

Trata asimismo esta relación de los cultos á los parientes muertos;

de las sacerdotisas; evocaciones al demonio por medio de una caña;

sacrificios, muerte de los esclavos al fallecimiento de un principal, y

otras costumbres y ritos que el Gobernador les censuraba, instándoles

á que las abandonasen por medio de su conversión al cristianismo.

Y en verdad que el deseo de Legazpi, secundado hábilmente por los

Padres misioneros, iba dando fruto. Una sobrina de Tupas se convirtió,

presentando también para recibir el bautismo á un hijo suyo de tres

años y varios otros muchachos sus criados: tomó el nombre de Isabel, y

el Gobernador la casó con el calafate griego Maestre Andrea. Y este fué

el primer enlace legítimo entre un expedicionario y una india principal

de Cebú.

Otra noticia curiosa que proporciona esta Relación se refiere á la

hechura, colores y telas de que se cortaron las primeras ropas europeas

usadas por Tupas, su mujer, hijo y principales deudos y allegados de

ambos sexos, regaladas por Legazpi. Consistían aquéllas en ropetas

y zaragüelles de tafetán colorado, y para Tupas una chamarreta y

zaragüelles de damasco azul guarnecido de blanco y un sombrero del

mismo color.

No faltaron por desgracia conjuraciones, sin que los castigos radicales

impuestos á los conspiradores sirviesen de escarmiento, ni el perdón

concedido á la generalidad contuviese una segunda conjuración que de no

haber abortado quizá frustraría el éxito venturoso de esta expedición,

esterilizando así los grandes trabajos de Legazpi, Mateo del Saz,

Goyti, Salcedo y demás ilustres capitanes.

Esta Relación, por último, resume y sintetiza los hechos más de bulto

de la jornada y las principales disposiciones sobre expediciones

sueltas á otras islas, tomas de posesión de los puntos donde surgía la

flota, establecimiento primero en Abuyo (Leite) y definitivo en Cebú;

disposiciones todas que tomaba Legazpi por acuerdo de los principales

capitanes, según detalladamente consta en el testimonio que obra bajo

el número 41, pág. 244 de este tomo.

Aclara mucho y completa las noticias geográficas, así como las

costumbres, ceremonias religiosas, armas, mantenimientos, trajes y

contratos, la Relación atribuída á Juan de la Isla, que se inserta

bajo el número 40, pág. 226; y da mucha luz sobre el manejo de los

portugueses para impedir la colonización española en las Filipinas,

la información del número 43, pág. 284. Por ello hay que acoger con

prevención algunas relaciones anónimas sobre el comportamiento de los

españoles con los indios en los primeros años de la conquista: algunas

han servido para fundar falsas ó por lo menos inexactas historias

que corren impresas en idioma portugués; otras fueron escritas en

castellano por autores portugueses, y alguna existe aún inédita,

bastando su cotejo con las que ahora salen á luz para persuadir de su

origen y tendencias. Tal es una que tenemos á la vista y no ha cabido

en el presente tomo.

Quilata más el mérito de la expedición el mal estado de provisiones

y pertrechos en que salió la flota, incompletas además las naves de

marinería, desprovistas de lonas, jarcias, cables, velamen de respeto

y aun de anclas, como se prueba detenidamente en la información que

aparece bajo el número 34, pág. 405. En casi todas y en los testimonios

resaltan como datos interesantes, á más dé los nombres, la edad y

pueblo de naturaleza de las principales personas que figuran en este

periodo histórico.

Uno de los documentos más importantes que aparecen en este tomo es la

Memoria «de lo que se embio a pedir a su magestad de merced, franquezas

e libertades por los capitanes conquistadores.» Como puede verse en

el extracto que por resumen hemos puesto á la cabeza del documento

(núm. 45, pág. 319), pedían: 1.ª Que se envíen religiosos, por no

quedar más que tres y no bastar para los españoles cuanto más para la

conversión de los indios. Los Padres llamábanse Fr. Diego de Herrera,

Fr. Martín de Herrada y Fr. Pedro de Gamboa.—2.ª Gente y armas, por

si los naturales no quisieran convertirse de buen grado obligarles

á ello.—3.ª Merced á Legazpi por los gastos que ha hecho y por los

méritos de su persona.—4.ª Confirmación á todos los de la Armada en

los oficios que en nombre de S. M. les concedió el virrey D. Luis de

Velasco.—5.ª Declarar á todos los de la Armada y á sus descendientes

libres de pechos y alcabalas y por cien años en las mercaderías

que llevasen á las nuevas tierras que descubriesen.—6.ª Piden

repartimientos á perpetuidad, y facultad para trocarlos en las personas

que quisiesen.—7.ª Que así en España como en Nueva España se sustente

á sus mujeres é hijos en tanto que se verifican los repartimientos,

y en caso de muerte del expedicionario sea continuado el sustento

de aquéllos.—8.ª Que se reparta la tierra entre ellos.—9.ª Que

solamente los conquistadores puedan contratar en aquellas tierras,

salvo la contratación real.—10. Que los mahometanos sean esclavos

y pierdan las haciendas que se les tomaren.—11. Perpetuidad en los

oficios á los oficiales reales y un heredero de que les hizo merced

D. Luis de Velasco, y que no obstante dichos oficios tengan derecho á

repartimientos.—12.—Otrosí, aumentarles el salario hasta tres mil

ducados de Castilla de buena moneda de á trescientos setenta y cinco

maravedís.—Otrosí, autorización para comprar esclavos de los que en

la tierra se vendiesen.—Piden los quintos por espacio de cincuenta

años del oro y plata que se sacare y que se les repartan los indios en

encomiendas.

No menos interesa á la historia la petición de Miguel Lopez de Legazpi,

reducida á que se pueblen y pongan bajo el dominio de la Corona

Real las islas del Poniente: Que vayan religiosos y sacerdotes de

buena vida y ejemplo.—Que salgan de las Islas todos los moros, sin

permitirles casarse ni tener asiento en ellas por ser contrarios á la

contratación de españoles con indios y estorbo para la conversión de

los indígenas.—Que se le confirme en el cargo de Gobernador y General,

que á nombre de S. M. recibió de D. Luis de Velasco por todos los días

de su vida y para los de su heredero.—Que se le consignen en la Real

Hacienda de Nueva España los 4.000 ducados que el virrey le había

prometido en nombre de S. M. cuando se descubriese el viaje de vuelta

por haber hecho la jornada á su costa sin socorro ni ayuda y haber

gastado mucha parte de su hacienda.—Item que se le haga merced para

sí y dos herederos de las tenencias de las fortalezas que en aquellas

partes se hiciesen conforme lo prometido por el virrey, comenzando

por la de Cebú con el salario que S. M. fuere servido.—Item del

alguacilazgo mayor de todo lo que él descubriere y se poblare durante

su vida y para sus herederos.—Item de dos islas de las de los Ladrones

con el título de Adelantado con tal que las conquiste y pueble á su

costa por las razones que expresa.—Item á su nieto Felipe de Salcedo

merced del hábito de Santiago por los servicios distinguidos que ha

prestado y enumera.—Por último, que se haga toda la merced posible al

maese de campo Mateo del Saz.

Por consecuencia de las anteriores peticiones se insertan los

memoriales de Melchor de Legazpi (doc. 46, pág. 330), que comenzando

en 1566 y no encontrando solución hasta tres años después, no se han

podido interrumpir aún á trueque de reservar para el siguiente tomo

otros papeles de anterior fecha á la que registra el último memorial.

Melchor de Legazpi, pide en el primero.

1. Se concedan á su padre dos islas que elija del grupo de las de las

de Ladrones con título de Adelantado y dos mil ducados de salario,

conforme á la merced que le tenía hecha para aquél, sus herederos y

sucesores, entendiéndose la dicha merced con jurisdicción civil y

criminal, y asimismo título de Gobernador y Capitán general de las

expresadas islas.—2. Item, alguna ayuda de costa en atención á los

gastos hechos y servicios prestados.—3 y 4. Item, facultad exclusiva

para elegir la gente para la conquista, así en Nueva España como en

las islas del Poniente ó en cualquier otro lugar donde se hallare;

libre provisión de los cargos y oficios sin excluir los Capitanes y

Oficiales de la Real Hacienda; armar los navíos que le pareciese en

cualquier puerto y lugar de las Indias, y que para todo esto pueda

conferir poder á la persona por él elegida.—5. Otrosí, facultad para

conferir repartimientos á los conquistadores y pobladores de aquellas

islas.—6 y 7. Item, los alguacilazgos mayores de todas ellas en

perpetuidad para su padre y herederos, y las tenencias de todas las

fortalezas.—8 y 9. Item, un dozavo de todas las rentas, minas de oro

y plata, piedras y frutos y dos pesquerías escogidas por su padre, una

de perlas y otra de pescado.—10. Item, que no paguen almojarifazgo

de las cosas que llevasen durante los diez años primeros.—11. Merced

á los conquistadores para que de todo el oro, plata, piedras y perlas

que se descubriesen, no paguen más del diezmo durante dichos diez

años.—12. Item, merced á su padre para que al ausentarse pueda

dejar un lugarteniente con el mismo poder que él tiene en las islas

Filipinas y en las de los Ladrones.—13. Item, que su padre pueda

poner dos navíos en la navegación de dichas islas, con facultad de

enviarlos juntos ó separados á cualquier parte de las Indias.—14.

Item, merced de las penas de cámara para la fundación de iglesias y

monasterios en aquellas islas.—15. Item, á Felipe de Salcedo la merced

que le tenía suplicada.—16. Item, que se manden á las dichas islas

religiosos, pudiendo ir de cada orden una docena, y siendo preferidos

los que voluntariamente se presten.—17. Item, que ningún extranjero

pueda pasar á las dichas islas «especialmente siendo portugués ó

teniendo raça de ello» por las razones que expresa.—18. Item, que

de ninguna parte de las Indias, ni fuera de ellas, se permita salir

navíos para aquellas partes sin expreso consentimiento y comisión

de la Real Audiencia ó Virrey, en cuya jurisdicción cayere, y Real

asentimiento.—19. Item, que en las dichas islas no traten ni contraten

los moros.—20. Item, cometer á su padre la conquista de las islas

de los Ladrones.—21. Otrosí, en caso de muerte de su padre antes de

efectuar la conquista, que pueda cumplirla y llevarla adelante, si

estuviese comenzada ó la comience de nuevo, el heredero y sucesor de su

casa y hacienda ó la persona á quien éste nombrase.

Recuerda en otro memorial los presentados (pág. 338) dos años antes

sin haber obtenido contestación, y pide, como recompensa de los

servicios de su padre, que se le asignen «quatro mill ducados de renta

en la ciudad de Mexico librados en la Real caxa ó en un Repartimiento

perpetuo: que se le confirmase el cargo de gobernador y capitan general

(de las islas del Poniente) con el competente salario y con título

de adelantado de una ysla; alcayde de todas las fortalezas, alguacil

mayor de todo lo que el descubriere» y demás mercedes contenidas en la

petición preinserta de su padre, conforme había prometido el virrey D.

Luis de Velasco, que para él suplicaría á S. M.

Pide, en el que pudiéramos llamar tercero (pág. 343), el destino de

Contador en la ciudad de Méjico, vacante por muerte de Hernando de

Villanueva, en remuneración de los servicios y gastos de su padre.

En el cuarto presenta la información de los servicios de éste, y en

el quinto solicita se abra una información sobre los antecedentes del

General y sus servicios en las islas Filipinas. Esta última, abierta en

Madrid á 6 de Noviembre de 1568, hállase en forma de interrogatorio,

contenida en quince preguntas (pág. 345), resultando de ellas que

Legazpi era de los antiguos pobladores de Méjico, caballero, hijodalgo

notorio hacendado en aquella ciudad y tenido por rico; que vendió la

mayor parte de su hacienda para emplearla en la Armada, y que no había

recibido hasta entonces ninguna merced ni salario, ni ayuda de costa,

ni nada, en fin, que le compensara del gasto hecho, hasta el punto

de no haberle quedado con qué sustentar á sus hijos, ni medios para

poder casar, conforme á su condición, á una hija doncella llamada D.^a

Elvira, de edad de veintitrés años.

Termina este tomo con el desdichado viaje del galeón San Jerónimo,

de que ya se ha hecho mérito, siendo de advertir que su colocación,

posterior á los citados Memoriales, reconoce por causa el haberse

iniciado aquéllos con anterioridad á la fecha en que fué escrita la

relación de Juan Martínez, soldado en aquella nave. En este escrito se

hace justicia á las elevadas prendas de Legazpi, no solamente por lo

que dice de este ilustre y afamado conquistador, sino por el éxito que

coronó sus incesantes trabajos, de las cuales fué uno de importancia

«el conserbar la gente tanto tiempo y mas españoles por ser gente mas

libre y bulliciosa de todas las naciones» (pág. 474).

F. J. DE S.

ADVERTENCIA.

_Las copias de los documentos remitidos de Sevilla hállanse compulsadas

por el ilustrado Oficial del Archivo de Indias D. Francisco J. Delgado.

Se ha procurado guardar la ortografía, y solamente se marca con una

rayita ó guión la separación de los períodos cuando hay ambigüedad ó

confusión en el sentido._

NÚMERO 37.

(Año de 1565).—«Relacion mui singular y circunstanciada hecha por

don Alfonso de Arellano Capitan del Patax San Lucas del Armada del

General Miguel Lopez de Legazpi, que salió del Puerto de Navidad para

el descubrimiento delas Islas del Poniente en 19 de Noviembre de 1564,

siendo Piloto de él Lope Martin vecino de Ayamonte: de la Navegacion

que hizo desde la noche del dia 1.º de Diciembre siguiente que se

separó con una tormenta mui furiosa del Sudueste que les sobrevino,

hasta 9 de Agosto de 1565, que arribó al dicho Puerto de Navidad, sin

haberse juntado con el Armada, despues de pasar infinitos trabajos en

su busca, asi en la Isla de Mindanao y otras muchas que reconocieron

en aquel grande Archipielago de las Filipinas, como en la penosa y

dilatada Navegacion que hicieron de ida y vuelta.» (_C. i. de N. t._

17. _d. n._ 17.)

En el nombre de Dios: Relacion verdadera hecha por Don Alonso de

Arellano, Capitan del Patax San Lucas, que salió del Puerto de Navidad

en demanda de las Islas del Poniente, siendo Piloto de él Lope Martin

vecino de Ayamonte.

Partimos del Puerto de la Navidad Lunes á media noche, que se contaron

19 de Noviembre año de 1564 años, con buen viento, y mandaron governar

al Sudueste, y fuimos por este rumbo hasta 25 del dicho: mandaron

governar luego al Hueste, y á la quarta del Sudueste: tomose este

dia el altura en catorce grados y medio: anduvimos quatro dias por

ellos hasta que se nos dió la instruccion de la derrota que haviamos

de llebar, que era al Hueste, y á la quarta del Sudueste, y ansi

anduvimos con la dicha Armada hasta primero de Diciembre mandandonos

siempre ir adelante; y desde allí que se nos dió la instruccion, nos

comenzó á cargar el tiempo por el Nordeste que hacia tomar las Velas

de Gavia á las Naos, y primero dia de Diciembre en la noche, fué tanto

el viento que nos hizo ir al Sudueste, por que nos ivamos anegando, y

no podiamos poner el costado á la mar, por ser como era el Navio muy

pequeño y raso, y de alto mareaje, y la mar mucha, yendo corriendo por

fuerza de la derrota por la dicha fuerza del tiempo, se puso un farol

en la popa del Navio, para que las Naos entendiesen el travajo en que

ivamos, y tuvimos puesto el farol toda la noche, y nunca respondieron

en toda ella, y luego el dia adelante no vimos el Armada, y entendimos

que se havia pasado adelante, y dimos el Papaygo mayor por que con

él se ponia el Navio mejor á la mar, y ansi corrimos todo el dia sin

ver el Armada, y aunque la quisieramos ver no podiamos por la gran

serrazon y escuridad que hizo, que en aquellos veinte dias no vimos

sol, y ansi corrimos en demanda de las Islas de los Reyes, como por la

instruccion nos era mandado, y fuimos por el altura de los nueve grados

en que ella está, y no la vimos por el altura de los nueve grados en

que ella está, y no la vimos aunque ubo señal de aves de la tierra; y

pareciendole al Piloto que era pasado abante mandó gobernar al U-este

quarta al Norueste para ir en demanda de los Matalotes y Arrecifes como

me era mandado, y hallandose tanto abante como los Matalotes, vispera

de los Reyes á media noche que fué á cinco de Henero descubrimos una

Isla que quando la vimos estabamos en tierra que reventava la mar

sobre nosotros: mandó el Piloto amurar las Velas, y quiso Nuestra

Señora, que el que iba en el timon botó á babor, por que ibamos en

popavia, y la brisa mucha, y atravesóse el Navio por estribor, que

solo en esto estuvo nuestra salvacion, por que si atravesara por la

otra banda eramos perdidos, y ansi amurando nuestras velas, y alando

las bolinas salimos con el costado con las piedras, y todos llamando

por nuestra Señora de Consolacion y de Guadalupe, y así ella nos sacó,

por que por barlovento de la proa reventava un baxo que era imposible

podello doblar. Viendo el Piloto que no podia escapar mandó aquartelar

el trinquete para zabordar[7] en un lugar donde le parecia que no

reventava tanto la mar, y queriendo ir á proa le dió un mar que le hizo

ir á fuera del Navio, y con una mano quedó asido de un cavo del Navio,

y quando cayó vió unas piedras tan cerca, que pensó que ya el Navio

estava al traves; y ansi Nuestra Señora de Guadalupe y de Consolacion

lo libró de aquel peligro, y nos sacó el Navio del en que estaba: era

la tierra tan baxa, que con estar tan cerca della apenas se parecia, y

ansi fuimos aquella noche la vuelta de la mar hasta que fué de dia, y

luego dia de los Reyes por la mañana nos allegamos á ella para surgir

y parar en ella los diez dias que nos eran mandados, y vimos que eran

treinta y seis Isletas puestas en triangulo, y las demás arrumvadas de

Norueste Sueste, y por la otra vanda del Nordeste Sudueste cercalas

todas un arrecife, y á pique del arrecife no hay fondo, ni se pudo

hallar, y llegamos tan cerca dellas, que casi podia un hombre saltar

encima del arrecife: rodeamoslas todas en redondo, y no pudimos hallar

por donde entrar acia el Norte, y lo mismo desde quarenta leguas antes

de llegar á ellas; y la causa de correr las dichas aguas al Norte, es,

por estar de la banda del Sur tierra de la Nueva Guinea; y como en la

carta se figura Norte Sur de estas Isletas, corren las aguas mucho por

de luengo dellas, que con llevar viento fresco no podiamos romper la

corriente. Son todas anegadizas, y llenas de arboleda, y de palmas, y

Bahias (sic) con la mar, es tierra despoblada. Tomó el sol este dia

el Piloto en diez grados y un quarto, en la qual dicha altura están

las dichas Islas: tendrán de box veinte leguas, y todas las cercas del

arrecife.

Y luego visto que no se podia tomar fondo para poder hacer lo que

nos era mandado por la Instruccion, corrimos por nuestra derrota,

por parecernos que aquellas Islas no eran vistas ni descubiertas:

pasamos adelante, y el otro dia siguiente, que fue Domingo, que se

contaron 7 del dicho mes, se descubrieron otras Islas conforme á las

del dia pasado, y con tanto arrecife como las otras, y llegamos á

éllas y dimos fondo en una sobre una punta de un arrecife que salia

de la propia Isla, y estando surtos para querer botar el batel cayó

el Rezon del arrecife abaxo, de manera, que no se pudo tomar fondo,

y andando metiendo nuestro cable y Rezon dentro, vimos una Vela que

venia atravesando de otra Isla á la en que nosotros estabamos, y dimos

nuestras Velas para tomar la tierra, y ver que Navio era, y llegado

á él vimos que era un canalucho muy pequeño; traia una vela latina

que corria á tiento con élla, que dudo haber Navio en la mar que lo

alcance: pasonos por barlovento, y metiose en tierra encima de un

arrecife, y ansi nos llegamos nosotros á el arrecife, y dimos fondo

en dos brazas encima del arrecife: hecimosles señas, que se llegasen

abordo, y vinieronse, y llegandose muy cerca del Navio vimos que venian

dentro dos hombres y un muchacho, y ansi llamandoles muchas veces se

llegaron abordo, y decian por señas que se echasen una partesana que

yo llebava al bordo del Navio á la mar; y que entrarian, y ansi yo

la mandé echar á la mar, y éllos se asieron de un cabo y se llegaron

abordo: dimosles de lo que llevabamos, que eran cascabeles, y cuentas,

y un cuchillo, y al muchacho una camisa, y ellos nos dieron cocos y

pescado, y el agua que tenian dentro: preguntamosles, que de acia

donde eran, pareciendonos que eran las Islas despobladas, por ser tan

pequeñas: respondieronnos, que eran de acia el Poniente, y por señas

nos dixeron, que tenian sus casas en aquella Isla. Luego mandamos botar

el Batel fuera, é fuymos el Piloto é yo, con hasta ocho hombres, y

todos con sus armas: éllos iban en su canalucho, y con ellos un hombre

de los nuestros en su canalucho: estaba la Isla tan cerca del arrecife,

y rebentava tanto la mar en ella, que nos huvieramos de anegar con

el Batel, y al fin llegamos á tierra por encima de los arracifes

siguiendo el canalucho por donde entrava, y ansi fuimos hasta donde

tenian sus casas, que era á la orilla de la mar, á donde tenian sus

mugeres y dos niños. No havia en estas Islas otros Indios sino eran

estos dos que eran Pescadores, venidos de fuera á pescar á aquellas

Islas: tenian muchos cocales á la redonda de la casas, las quales son

hechas de palma: es gente pobre que no alcanzan otra cosa que comer

sino lo que pescan, y algunos cocos: andan desnudos en carnes, y las

mugeres con un petate de palma delante: dixeronnos, que nos sentasemos

debaxo de unos cocos, y el uno dellos se apartó con las Indias y los

muchachos, y los fue á esconder al monte: dieronnos de los cocos que

allí havia. Pareciendole al Piloto que el viento cargava mucho, y el

Navio no estaba surto en buen lugar, acordamos de bolvernos á bordo,

y ansi lo hicimos, viendo que alli no havia mas gente, y llegamos de

noche, todos mojados con arto travajo por el mucho viento que havia,

y ansi estuvimos alli aquella noche surtos con proposito de dexar las

señas que por la Instruccion me era mandado, y tomar agua y leña: y

quando bino el dia fue tanto el viento que cargó y la mar, que no

podiamos estar sobre el amarra, y ansi fuimos á recorrer el cable, y

hallamosle cortado por muchas partes; y viendo que no havia otro cable

tan bueno como aquel, por ser nuevo, y ser la primera vez que se havia

echado á la mar, viendo esto, pareciole al Piloto que no era justo

perder el amarra con el Rezon, el qual era la salvacion del Navio, y

que estabamos en parte y lugar que corriamos mucho riesgo, el qual nos

podria suceder queriendo poner las señas que nos eran mandadas, y ansi

levamos nuestra ancla para hacernos á la Vela y hallamos el Rezon con

las uñas derechas: pareciole al Piloto que estas Islas no han sido

vistas por ningunas de las Armadas pasadas: hay de estas Isletas á las

de atras como 30 leguas: están en el altura de 9 grados: pusoseles por

nombre Islas de dos Vecinos, por que no havia mas gente.

Colección de Documentos Inéditos Relativos al Descubrimiento, Conquista y Organización de las Antiguas Posesiones Españolas de Ultramar. Tomo 3, De Las Islas Filipinas, II · 第 1 / 29 段