sus obras con relación al tiempo en que las hizo. Su criterio en la
interpretación de la Naturaleza, es uno solo, constante, que va pasando
por diversos grados. Sus aptitudes se perfeccionan por el tiempo y el
estudio sin sufrir alteración en lo fundamental.
El que se ha llamado su primer estilo es ya el propio de un maestro en
vía de formación que indaga y analiza hasta la quinta-esencia de lo que
mira, apurando, concluyendo mucho en la ejecución aun a riesgo de
parecer duro: ya tiene conciencia de lo que hace, pero esta todavía en
lucha con la influencia de lo que le rodea y los modos de expresión que
en torno suyo se emplean: ni la edad, ni la disciplina de discípulo, ni
la falta de experiencia, le permiten romper con lo que en su escuela se
considera más acertado: entonces su pintura se asemeja a la de Zurbarán
y otros que tuvo por compañeros.
Pronto, según acabamos de indicar, empieza a conseguir ciertas síntesis
puramente técnicas con que antes nadie soñó: en el mismo cuadro de _Los
borrachos_, donde aún no ha perdido toda su pasada dureza y sequedad,
inicia la separación entre el contorno de las figuras y el fondo; su
paleta se simplifica y se ve ya el fruto maduro, a cuya creación han
contribuido sus facultades nativas, los medios de estudio y el caudal de
observación que pudieron facilitarle las obras de algunos maestros
reunidas en Madrid y en El Escorial.
En Italia da la más vigorosa muestra de independencia que la confianza
en sí mismo puede sugerir a un artista. Otro menos seguro de su propia
fuerza se hubiese prendado del modo de ver o la manera de ejecutar de
alguno de aquellos pintores que llenaban con su gloria Venecia,
Florencia y Roma: él se modifica progresando sin imitar a nadie, sin
perder uno solo de los caracteres que desde un principio forman su
personalidad. _La fragua de Vulcano_ esta pintada sin dejarse dominar
por el prestigio de lo mismo que admira; pero así como antes fue su
preocupación la intensidad del claro-obscuro, entonces puso empeño en
conseguir el bulto sin sombras, modelando en claro.
En cuanto a la manera de componer, disposición y gusto para agrupar
figuras, puede decirse que la pintura italiana debió de parecerle
concebida para seducción y deleite de la vista, mientras lo que él se
proponía era persuadir, llegando al límite de lo posible en la imitación
de lo real.
Cuando a la distancia conveniente para examinar un cuadro, abarcamos con
la vista en una habitación o al aire libre una reunión de personas o una
sola figura, no distinguimos más que su aspecto total; para que la
mirada aprecie pequeñeces y minucias, es necesario que las busque y se
fije en ellas particularmente. Esta sencillísima observación es la base
del último estilo de Velázquez, que consiste en ver lo natural
ajustándose a tono y conjunto, prescindiendo de pormenores y detalles;
síntesis, a la cual llegó no sólo por virtud de sus facultades que eran
poderosísimas, sino ayudado de un trabajo constante. En su tiempo se
usaban los espejos negros, los de reducción, la cámara obscura, el
_triguardo_ y otros aparatos de óptica aplicada que debió de manejar
mucho, acostumbrándose a ver en globo, en conjunto, como esta vista la
escena de _Las Meninas_, donde dio la medida de lo que debe ser la
pintura: la imagen de lo real que nos da el espejo, y esto es en verdad
_Las Meninas_, un cuadro copiado de lo que los Reyes veían cuando
Velázquez les estaba retratando. Así aportó al arte de la pintura un
elemento nuevo o del cual se había hecho poco caso; el aire interpuesto
no sólo entre cada miembro del cuadro, sino entre éste y quien lo
observa. De esta condición nace su indiscutible superioridad sobre todos
los pintores. No se sabe cómo limita los planos, cómo espacia las
distancias, cómo calcula la gradación y desvanecimiento de sombras, en
una palabra, de qué modo consigue rodear a personas y cosas del ambiente
que les circunda. Cerca del lienzo nada parece que esta hecho; desde el
conveniente punto de vista, la ilusión es completa.
Mucho se ha escrito, en particular por extranjeros, respecto de la
influencia que sobre Velázquez ejercieron, primero sus maestros y luego
otros pintores. Desde luego hay que descontar a Herrera _el Viejo_, con
quien estuvo, siendo niño, muy poco tiempo y de cuya rudeza nada se le
pegó. En casa de Pacheco, tanto por disciplina cuanto por propio
impulso, debió de dibujar muchísimo, pero dando ya en la elección de
modelos humildes, frutas animales y utensilios vulgares, la primer
muestra de independencia: en lo demás ya nos dice Palomino que el mismo
Pacheco _conoció desde el principio, no convenirle modo de pintar tan
tibio aunque lleno de erudición_: y en verdad que aquí no se sabe qué
admirar más, si la discreta osadía con que el discípulo se apartaba de
lo que a sus contemporáneos y superiores merecía tanto respeto, o la
perspicacia conque el maestro adivinó y la tolerancia conque permitió
explayarse aquellas facultades, opuestas a las suyas. Raro ejemplo y
clara demostración de que para la enseñanza no suele ser más útil quien
mejor ejecuta sino quien sabe colocar al aprendiz en condiciones
propicias al desenvolvimiento de sus recursos propios.
Si de mozo no sedujo a Velázquez el clasicismo sabio, pero frío de
Pacheco, tampoco se dejó deslumbrar por la magnificencia de Rubens, a
quien seguramente vio, en su visita a Madrid, pintar originales y
copias: ni su entusiasmo por Tiziano y Tintoretto, le hizo vacilar en
aquel amor que mostró dentro de lo verdadero a lo más sencillo.
Fortalecido en sus creencias se despidió de la Italia clásica y pagana,
haciendo el retrato de Inocencio X.
Quien seguramente ejerció en él cierta influencia, fue el _Greco_. No
pudo conocerle, pues murió en 1614 y Velázquez no salió de Sevilla hasta
1623: ni es de creer que el _Greco_, fuese a Andalucía o que allí viera
Velázquez trabajos suyos, porque la impresión que éstos le causan no se
refleja en las obras del maestro hasta mucho tiempo después: llega, sin
embargo, un período en que es de todo punto indudable. Mas este influjo
no degenera en imitación. Las composiciones y figuras del _Greco_ son
tan verdaderas, sobre todo en la expresión de las cabezas, que causan
impresión profunda, pero revelan un espiritualismo exaltado de que no
llegó a participar Velázquez: lo que en aquel pintor extraordinario y
poco estudiado le sedujo, fue el color. El _Greco_, era un colorista
extraordinario, se complacía en contrastes tan enérgicos que parecen
llegar hasta la disonancia; encontraba armonías tan delicadas que hacen
posibles los efectos más opuestos; hay en él, tintas agrias atenuadas
con pasmoso gusto y se distingue principalmente por un particular empleo
del blanco ya puro y violento, ya amortiguado en matices grises que lo
enlazan, funden y dulcifican todo. Estos grises aparecen luego en las
obras sucesivas de Velázquez, empleados con tal discreción y tan
exquisito arte que sólo los pintores y los aficionados capaces de atenta
observación, pueden distinguirlos. El retrato del _Conde de Benavente_,
cuya armadura, banda y rostro recuerdan _El entierro del Conde Orgaz_,
obra principal del _Greco_, es el cuadro donde esta influencia se ve más
clara; pero en lo sucesivo esos grises persisten en los lienzos de
Velázquez como un elemento nuevo ya para dar energía y realce a los
negros, ya para quitarles dureza y pesadez, y siempre para imprimir a la
tonalidad general un sello de placidez y elegancia incomparable. Puede
afirmarse que exceptuado el _Greco_, ningún otro artista contribuyó a
enriquecer la paleta de Velázquez.
Con verdadero asombro se observa que hombre dotado de tan
extraordinarias facultades y cuyas obras están llenas de clara
enseñanza, no dejase discípulos dignos de su maestría: porque su yerno
Juan Bautista del Mazo, que fue diestro en copiarle e imitarle, no pasó
de esta habilidad sin llegar a conquistar mayores méritos: su esclavo
Juan de Pareja, se aficionó al exclusivo remedo de los venecianos, como
atestigua el lienzo de la _Conversión de San Mateo_;[96] y a Carreño de
Miranda que hizo excelentes retratos, le faltaron el dibujo, el aire y
el buen gusto de su maestro: y aún quedan por bajo de los citados, Juan
de Alfaro, Nicolás de Villacis, Tomás de Aguiar, Juan de la Corte y
Burgos Mantilla; nuestra pintura no vuelve a tener un genio por
intérprete hasta que nace Goya.
Por grandes que sean las condiciones intelectuales o la habilidad
técnica de un hombre, ninguno puede erigirse conscientemente en
reformador, porque no es dado a un individuo sobreponerse a lo presente,
mucho menos en manifestaciones tan personales y libres como las
artísticas; y en este sentido no fue revolucionario: pero la posteridad
adjudica a cada uno el lugar que le corresponde en vista del alcance de
sus obras: y como en las de Velázquez están contenidas y realizadas gran
parte de las aspiraciones de la pintura de nuestros días, de aquí que se
le considere como precursor de este _modernismo_, en el más alto sentido
de la palabra, que a vueltas de errores y exageraciones busca con ansia
la verdad. Aquello mismo que distingue y caracteriza a Velázquez, es lo
que ahora se ansía con mayor empeño: la sinceridad en la expresión del
sentimiento, la sencillez en la ejecución, la exactitud en la relación
de valores por el estudio de la luz y el aire; precisamente todas las
cualidades que nos suspenden y entusiasman ante _Las Hilanderas_ y _Las
Meninas_. Por eso vemos venir a Madrid para estudiarle tantos artistas
extranjeros, y al viajar hallamos por doquiera el reflejo de su
maestría.
En la historia general del arte es uno de los genios que apartándose de
lo convencional muestran el camino de la verdad, fuente de toda belleza.
En el arte patrio es la personificación del instinto naturalista de la
raza que hizo prevalecer el espíritu nacional, sobre las tendencias del
Renacimiento en lo que le eran ajenas o contrarias. Y aún tiene en
nuestra Patria otra significación altísima, porque al reflejar lo real,
lo hizo tan intensa y fielmente, que ciertos cuadros suyos son páginas
de historia. No intervino en ello el propósito del hombre: lo dio de sí
la naturaleza del arte. Sus bufones que eran pueblo envilecido; sus
reyes que no merecían serlo; la placida estupidez del bobo de Coria y la
mandíbula prominente de los Austrias: ¿qué historiador ni qué crítico
han dejado tales documentos y razones para el proceso de nuestra
decadencia?
Como Cervantes pintó con la pluma, Velázquez escribió con el pincel. Las
aventuras de un pobre loco, unos cuantos cuadros, rescataron para la
Patria la gloria perdida por los más altos poderes del Estado.
APÉNDICES
_Fe de bautismo de Velázquez._
El Domingo, seis días del mes de Junio de mil y quinientos y noventa y
nueve años, baptizé yo el Licenciado Gregorio de Salazar, cura de la
Iglesia de S. Pedro de la ciudad de Sevilla, a Diego, hijo de Juan
Rodríguez de Silva, y de Doña Gerónima Velázquez su mujer. Fue su
padrino Pablo de Ojeda, vecino de la collación de la Magdalena,
advirtiósele la cognación espiritual, feh ut supra.--El Licdo., Gregorio
de Salazar.
_Entra Velázquez al servicio del Rey._
A 6 de Octubre 1623.
Su Magestad.
Recibe en su ser.º a Diego Velázquez, pintor, para que se ocupe en lo
que se le ordene con v.te d.s al mes en el P.or de las obras
deste Alcázar.
A Diego Velázquez, pintor, he mandado reçiuir en mi seruiçio para que se
ocupe en lo que se le ordenare de su profesión; y le he señalado veynte
ducados de salario al mes, librados en el Pagador de las obras destos
Alcaçares, Casa del Campo y del Pardo. Vos le haréis el despacho
nesçesario para esto en la forma que le hubiese dado a qualquiera otro
de su profesión.
Esta rubricado de la Real Mano.
En M.d a 6 de Octue 1623.--A P.º de Hoff Huerta.
(Arch. de Palacio. Felipe IV. Casa. Leg. 139).
[imagen: MUSEO DEL PRADO
LA INFANTA MARÍA TERESA (?)
_Fotog. M. Moreno_]
_Orden aclaratoria de otra anterior,[97] mandando dar ración a
Velázquez._
Orden de Su Mg.ª En declaración de otra de 18 de S.bre de 1628. Sobre
la ración y emolum.tos de Barbero de Cámara q. ha de gozar Di.º
Velaz., Pintor.
Por orden de diez y ocho de Septiembre del año pasado de mill y
seisçientos y veinte y ocho, hize mrd. a Diego Velázquez, mi pintor de
Cam.ra, de que se le diese por la despensa de mi casa vna raçión cada
día en espeçie como la que tienen los Barberos de mi Cam.ra, en
consideración de q.e se auia dado por satisfecho de todo lo que se le
deuia hasta aquel día de las obras de su ofiçio q.e auia hecho para
mi seruiçio, y de todas las q.e adelante hiçiese; y las q.e
adelante hiçiere declaro aora en esta orden q. an de ser los retratos
originales q. yo le mandare hacer. Y asimismo se le a de acudir con los
demás emolumentos que tienen los dhos Barberos de mi Cámara.
Esta rubricado por el Rey.
En M.d a 9 de Febrero 1629.--Al Bureo.
(Arch. de Palacio. Felipe IV. Casa. Leg. 119.)
_Pago de «Los borrachos» y otras obras._
Diego Velázquez, pintor, cargo de cuatrocientos ducados en plata. Los
trescientos a cuenta de sus obras y los ciento por la de una pintura de
Baco que hizo para servicio de S. Magd.--El Rey: D. Mateo Ibañez de
Segovia, de la Orden de Calatrava, mi tesorero general, yo os mando que
de cualquier dinero que se os esta hecho o hiciere cargo en mis arcas de
tres llaves, sacándolo dellas con intervención de los contadores de la
razón de mi hacienda que tienen las dos, déis y paguéis a Diego
Velázquez, pintor, cuatrocientos ducados en moneda de plata, que valen
ciento y cincuenta mil mrs. Los trescientos dellos por cuenta de lo que
se le debe de pinturas que hace para mi servicio, y los ciento restantes
por cuenta de una pintura de Baco que ha hecho para mi servicio, que con
su carta de pago, o de quien su poder hubiere y esta mi cédula, habiendo
tomado razón della el Grefier de mi Bureo, que ha de prevenirlo para que
a la persona que se hubiere entregado o entregaren las dichas pinturas,
se le carguen para que dé cuenta de ellas, tomándola asimismo los dichos
contadores de la razón serán bien pagados, y mando se reciban y pasen en
cuenta, en la que diereis del dicho nuestro cargo sin otro recaudo
alguno, y apruebo y tengo por bien lo hayáis cumplido antes de ahora en
virtud de orden de mi contador mayor. Fecha de Madrid a 22 de Julio de
1629.--Yo el Rey.--Por mandado del Rey Nuestro Señor, Miguel de
Ipenarrieta.--Tomé la razón, Tomás de Águila.--Tomé la razón, Bartolomé
Manzolo.
_Velázquez pide el pago de sus gajes._
Señor: Diego Velázquez, Ayuda de la Guardarropa de Y. Majd. y su pintor
de Cámara, dice que a él se le deben de sus gajes hasta fin del año de
1643, once mil ochocientos y cuarenta y tres reales, como parece por
certificación del Veedor y Contador de las Obras Reales, y 3.960 reales,
de cuatro años de vestido de que V. Majd. le hizo merced, a razón de 90
ducados cada uno, de que tiene libranzas del Guardarropa, que todo monta
15.803 reales; y demás desto se le deben otras cantidades de pinturas
que ha hecho, por lo cual se halla con mucha necesidad, suplica a V.
Majd. le haga merced de mandar se le paguen con efecto los dichos 15.803
reales, para que pueda mejor acudir al servicio de V. Majd. en esta
ocasión que se ha mandado pintar para la Torre de la Parada en la R.ª
(sic) muy grande.
* * * * *
Decreto: Habiéndose dado por Diego Velázquez, mi pintor de Cámara, el
memorial incluso, he acordado de remitirle a la Junta de Obras y Bosques
y ordenado que se procure forma como pagarle y darle satisfacción.
(Rúbrica del Rey.) En Madrid a 16 de Octubre 1636. A Don Francisco de
Prado.--La Junta: En 24 de Octubre 1636 se publicó esta orden en la
Junta y se acordó se consultase a su Majd. que en cobrando se cumplirá
con este hombre. (Rúbrica.)
_Propuesta al Rey sobre reforma en la concesión de los vestidos de
merced._
Felipe IV. Cámara. Leg.º 3.
Sobre lo que contiene la relación inclusa de los vestidos de merced que
se dan por la Cámara.--Como os parece, etc.--Señor: Por la relación
inclusa V. Magd. se servirá de ver los vestidos ordinarios y
extraordinarios que se dan cada año por su Cámara, y por haberme
parecido muchos en número, de que se podrían excusar algunos y reducirse
otros a menos valor, diré lo que en cada uno se me ofrece para que
habiéndolo visto Su Magd. resuelva lo que más fuere de su Real servicio.
A los músicos de Cámara se les comenzaron a dar vestidos de precio de
100 ducados, y en la reformación general que se hizo, en que se les baxó
a todos la décima parte, quedaron en 90, y en el año 1622 se redujeron a
400 reales, corriendo en esta forma hasta el de 1626, que por consulta
del Duque volvió a mandar V. Magd. se les continuase los mismos 90
ducados.--Paréceme que se les podrían dar de aquí adelante 80 ducados,
que es al respeto que van moderados los demás.
El vestido de D. Enrique Butler músico, que conforme a la relación monta
200 ducados, me parece podría ser calzón y ropilla de terciopelo liso
labrado, como lo escogiese, herreruelo de paño, jubón de raso blanco,
medias de seda, ligas, sombrero ordinario y espada negra con puños
dorados, y que el precio de la espada no pueda exceder de 120 reales.
Cuando se hizo el asiento con Bat.e Jovenardi, se ajustó con él que
se le había de dar un vestido de precio de 100 ducados, paréceme que se
le debía guardar su asiento, no siendo V. Magd. servido de mandar otra
cosa.
Los vestidos de los barberos y de _Diego Velázquez_ se podrían reducir a
80 ducados, y los de los mozos de la guardarropa a 70 ducados.
A los mozos de retrete se les podrán dar de aquí adelante vestidos de a
60 ducados.
Los de los zapateros, que son de 54, me parece que podrán pasar como
están.
Los de los escuderos de a pie podrían quedar en 50 cada uno.
A los barrenderos se les dan vestidos de 45 ducados; parece que se les
podrían continuar así; y lo mismo a los jardineros del jardín del
Emperador y de la Priora; pero podría servirse V. Magd. de mandar que a
los jardineros que entraren, en lugar de los que ahora lo son, se les
reformen.
El vestido de 72 ducados que se da a Tomás Pinto, por haber sido ayo de
D. Antonio, el enano inglés, me parece que se podría reformar desde
luego.
El que se le da al destilador, aunque es de los más antiguos, me parece
que se reduzca en éste a 80 ducados, y que al primero que entrare se le
reforme.
Los vestidos de Frías y su compañero, que tienen a su cargo los
lebreles, me parece que se les reduzca ahora a 80 ducados cada uno, y
que a los primeros que entraren se les reforme por esta parte, y se les
vista por la caballeriza la librea de mezcla.
A doña Beatriz de Vargas se le podría continuar, siendo V. Magd.
servido, lo mismo que ahora se le da, porque he entendido que su
necesidad es muy grande y que en esto consiste su principal sustento.
A Soplillo sería de parecer que se le diese un vestido a su medida de
terciopelo, otro de gorguerán y otro de tafetán, ocho camisas y la demás
ropa blanca de la persona ajustada a este respeto, pero todo a su medida
y que con lo que certificase el escribano de Cámara, que unido todo esto
en dinero, lo pueda librar el guardarropa.
A Calabazas se le podrían dar los vestidos que ordenare el Camarero
Mayor y la ropa blanca que hubiese menester al respeto de ocho camisas,
y lo demás se ha de reformar, y lo mismo se hará con D. Diego de Aedo
(_El Primo_), pero todo a su medida, como queda dicho.
A Lezcano y los demás enanos se les podrían dar los vestidos que
ordenare el Camarero Mayor o Sumiller, a la medida de sus cuerpos.
A Andrés Pérez se le ha dado de algunos años a esta parte un vestido,
como se dice en la relación, pero me parece que hoy éste sea ordinario,
ni se haya de poner en el libro. Y que cuando V. Magd. fuere servido de
mandarle dar alguno, sea sotana, herreruelo y calzones de paño, jubón de
olandilla o camuzas, medias de seda, ligas y dos camisas: y a todos se
ha de tomar la medida por sus cuerpos, y presente el escribano de
Cámara, que certificara lo que es menester puntualmente.
A D. Juan de Austria, Bañuelos y Ochoa, me parece se les podrá continuar
como hasta aquí se ha hecho, sin que tengan cosa fija.
A D. Cristóbal Velázquez me parece se le podría reformar el vestido que
hasta aquí se le ha dado algunas veces.
A Cristóbal el ciego se le dará a disposición del Camarero Mayor o
Sumiller, pero como el de Andresillo cuando se le hubiere de dar.
A Pablo de Valladolid, si se le mandare dar algún vestido, podrá ser de
terciopelo o paño, de las calidades dichas arriba. Y lo mismo a Bautista
el del Ajedrez, y en este caso se le ha de hacer efectivamente y
ponérsele y no andar como ahora.
También se suele dar algunas veces a Nicolás Panela, vestido de la
calidad contenida en la relación, y en éste me parece lo mismo que en
Bautista, en caso que se le mandare dar alguno, y que se le ponga
efectivamente.
Y los cuerpos de jubones de estos vestidos podrían ser de aquí adelante
de olandas crudas, fustán, lienzo o camuza, como quisieren.
Cuando V. Magd. mandare dar algún vestido a Alonso Martínez, que no le
tiene si no es en este caso, me parece que podrá ser de terciopelo o
paño de las calidades referidas arriba, y también las espadas, cuyo
precio no ha de exceder de 120 reales, como queda dicho.
Y sería de parecer que los que entrasen de nuevo en lugar de los que
ahora tienen vestidos de merced por orden de V. Magd., entren sin
ellos, y quede este gasto reformado para adelante.
A D.ª Ángeles de Toledo, de nación turca, y a su madre e hijos, se les
han dado por mandado de Vuestra Magd. los vestidos que dice la relación:
a mí me parece que al marido y a los hijos varones se les den vestidos
de paño, y a ella se le podrían dar de terciopelo gorguerán o raso, y a
dos niñas pequeñas unos habitillos de alguna cosa conforme a su edad, y
porque los dos hijos mayores la tienen ya y disposición para poder
servir, juzgo que sería conveniente que por donde toca les mandase V.
Magd. hacer alguna merced para que vayan con más aliento.
Esto es, Señor, cuanto se me ofrece en razón de los vestidos que se dan
por la Cámara y forma en que podrían correr adelante. V. Magd. mandara
en todo lo que más fuere de su Real servicio.
Del Aposento 15 de Set.e de 1637.
_Manda el Rey que se paguen a Velázquez atrasos de sus haberes._
Por parte de Diego Velázquez se me ha representado que ha más de dos
años que sirve en las obras de Palacio, sin que en este tiempo se le
haya pagado nada del salario que le he mandado señalar, y porque mi
voluntad es que haya puntualidad en socorrerle con lo que hubiese de
haber, os encargo le hagáis dar satisfacción pronta de lo que constare
debérsele, y que dispongáis que en la paga de lo de adelante, se le
guarde el lugar y antelación que le toca. (Rúbrica.)--(Año 1645).
_Decreto del Rey accediendo a la liquidación de cuentas solicitada por
Velázquez antes de emprender su segundo viaje a Italia._
Diego Velázquez me ha representado, que de las pinturas que ha hecho
para mi servicio desde el año 628 hasta el de 640, y de los gajes de
pintor de los años desde 630 hasta 634 que faltó la consignación, se le
restan debiendo 34.000 reales, porque lo demás se le ha pagado en los
500 ducados que le mandé librar en los ordinarios de los de la dispensa
por meses, desde 640, suplicándome que sea servido de mandar que estos
500 ducados se le cumplan a 700 y se le paguen en la misma consignación
hasta que le haga merced de acomodarle en cosa equivalente para poderse
sustentar, con que se dará por satisfecho de esta deuda y de las demás
pinturas que ha hecho e hiciere adelante: y porque he venido en
concederle lo que pide, el Bureo dispondrá que así se ejecute,
previniendo lo necesario para ello.--Madrid a 18 de Mayo de 1648.
(Rúbrica del Rey.)
_El Embajador de España en Venecia al Rey._
Diego Velázquez llegó aquí a los 21, y sin perder tiempo he procurado
que vea todas las pinturas que le permitiere el estar en mi casa, que el
recato de aquí es de calidad que muchos tendrán escrúpulo, si bien
procuraremos con maña que no le embarace esto; y deseando encaminarse a
Módena (por haber tenido noticia de que podría hallar cosa muy
apropósito), le daré cartas para facilitarle la introducción, y en todo
le asistiré como en despacho de 22 de Noviembre me lo manda V. M., cuya
católica persona guarde Dios como la cristiandad ha menester. Venecia y
Abril a 24 de 1649.--El Marqués de la Fuente.
_Declaración de Alonso Cano en la información hecha por el Consejo de
las Órdenes sobre concesión a Velázquez del hábito de Santiago._