LA calle del Estudio de la Villa, donde yo he nacido, calle que hoy se
llama solamente de la Villa, es una calle corta y tortuosa; arranca
desde el Pretil de los Consejos, cerca de la Capitanía General, y
termina en la plaza de la Cruz Verde, plaza desconocida por los
madrileños actuales, pues es un pequeño espacio irregular próximo a la
calle de Segovia, según se baja hacia el puente, a mano derecha.
Mi calle, como he dicho, era corta y tortuosa; a la entrada, frente a mi
casa, se encontraba la Academia pública de humanidades, que regentó el
maestro Juan López de Hoyos, cuando asistió a sus aulas Cervantes. Esta
Academia, que llamaban el Estudio de la Villa, daba nombre a la calle.
La casa donde yo nací, que aun existe, se conocía en el barrio con el
nombre de Casa de las Monjas del Sacramento, y era un edificio grande de
tres pisos, con vuelta al Pretil de los Consejos.
Aquélla y otras varias, unidas al convento de las monjas, formaban una
sola manzana, limitada por las calles del Estudio, del Sacramento, del
Pretil de los Consejos, del Rollo y de la plaza de la Cruz Verde.