EL EMPECINADO Y ZURBANO

--Algo parecido le sucedió al Empecinado--dijo Aviraneta.

--¿Cuándo conoció usted al Empecinado?--preguntó Mecolalde.

Le conocí el año 13--contestó Aviraneta--. Peleé con él y con el cura

Merino en tiempo de la guerra de la Independencia; luego luché, con una

partida suelta, contra Merino, el año 23, y fuí, durante algún tiempo,

secretario de campaña del Empecinado.

Todos los comensales se le quedaron mirando atentamente. A pesar de que

aquel hombre no era viejo aún, pertenecía a otra generación: a una

generación que en menos de treinta años había tomado un carácter

legendario.

--¡El Empecinado!--exclamó Zurbano, que se había despedido del antiguo

cabo de Carabineros y volvía a su sitio a la mesa--. He oído decir que

fué siempre hombre de gran corazón y gran liberal.

--¿Era como Martín?--preguntó Mecolalde, a quien le gustaba sacar a

relucir, siempre que podía, a su jefe.

--No, no.

Zurbano torció el gesto.

--Eran muy diferentes--siguió diciendo Aviraneta, mirando a Zurbano con

su impasibilidad habitual--. Este Martín y aquel Martín, los dos han

nacido guerreros, con el sentimiento de las sorpresas y de las

emboscadas. En esto únicamente se parecen; en lo demás, muy poco. El

Empecinado era como una encina de Castilla, robusta, fuerte,

achaparrada; éste es como un pino alto y delgado; el Empecinado era más

tosco, más pueblo; éste es... más fino, más aristócrata.

--¡Aristócrata yo!--exclamó Zurbano, sorprendido, y lanzó una blasfemia

que hizo persignarse a todas las mujeres de la casa--. Sólo a ti se te

ocurre decir esto.

--Sí, aristócrata. A pesar de tu rudeza aparente y de tus palabras, eres

un aristócrata.

--¡Yo, que no llevo ni siquiera las insignias de mi grado!

--Por eso, porque eres aristócrata.

--¡Bah!

--El Empecinado era más humano; éste es más duro, más implacable; el

Empecinado era francote, sencillo; éste es un zorro.

--Sin duda; porque desciendo de vascongados--replicó Zurbano con

malicia, sabiendo que Aviraneta lo era.

--Quizá por eso. El Empecinado era como un niño, y lo hubiera sido

siempre; éste es como un viejo; aquél no tenía ambición; éste la tiene;

aquél era sano; éste, no.

El aprendiz de conspirador · 第 114 / 204 题