ANSIEDAD

--¿Quién es?--decía la criada.

--Soy yo--contestó una voz de fuera--. Abre.

--Me ha dicho el ama que no abra a nadie.

--Si estoy aquí hospedado.

--No importa.

--Vamos, no seas tonta.

--Que no, que no; me ha dicho el ama que no abra a nadie.

* * * * *

Quedó todo tranquilo.

--Esta gente no se marcha sin intentar algo--murmuró Aviraneta.

--Creo lo mismo--dijo Pello.

Al cabo de poco tiempo Leguía notó ruido de pisadas en el balcón del

comedor; luego crujió una madera, y poco después se sintieron pasos muy

suaves en el suelo.

--Han abierto--dijo Aviraneta.

--Sí.

--Ya han pasado.

--¿Adónde irán?--preguntó Pello.

--Van allí, al cuarto donde yo estaba--contestó Aviraneta.

Pasó largo rato; de pronto resonó un grito, que se ahogó en seguida;

luego, un rumor de lucha, y quedó todo nuevamente en silencio.

Transcurriría más de un cuarto de hora; volvieron a oirse pisadas en el

corredor, crujido de maderas en el suelo y un murmullo quedo de voces.

Aviraneta y Leguía estaban con la mayor ansiedad, con la respiración

contenida. De repente, alguien se acercó a la puerta de la sala y dió un

golpe. Aviraneta y Leguía se estremecieron. Luego, el golpe se repitió

más fuerte:

--¡Don Eugenio! ¡Don Eugenio!--dijo una voz.

--¿Quién es?--preguntó Aviraneta, que en un momento recobró la sangre

fría.

--Una carta que traen para usted.

--¿A estas horas?

--Sí; abra usted.

--¡Ya voy, ya voy!

Aviraneta, en voz baja, murmuró:

--Pello, enciende la vela.

Leguía la encendió en la lámpara, y de puntillas llevó ésta a la alcoba

y dejó el cabo de vela sobre el velador.

--Pero, ¿no abre usted?--dijo la voz de fuera.

--Es que no encuentro las zapatillas--contestó Aviraneta--. Lo mejor

será que echen la carta por debajo de la puerta.

--No, no; me han dicho que se la entregue a usted en su propia mano.

--Pues entonces será mejor que espere usted a que me vista.

Aviraneta cogió la escopeta y Leguía la pistola, y se colocaron en la

entrada de la alcoba.

Al ver que no abrían, los asaltantes debieron sospechar algo.

--Hala, y no perdamos tiempo--dijo la voz del hombre de la zamarra.

El aprendiz de conspirador · 第 91 / 204 题