LA VENGANZA

EL hombre de la zamarra echó un trago del porrón, y continuó así su

relato:

--Dos años después había un baile de máscaras en casa del jefe político

de San Sebastián. En todas partes se hablaba con gran entusiasmo de la

fiesta; estaban concertadas varias bodas que daban mucho que hablar al

pueblo, entre ellas la del hijo del jefe político con Juanita Arrillaga,

la antigua novia de don Luis de Vargas.

La casa de la Aduana, donde se celebraba el baile, brillaba, llena de

luz; por las ventanas, iluminadas, se oía desde la calle el rumor de la

orquesta.

Delante de la puerta se amontonaba la gente del pueblo, que veía entrar

las máscaras con gran curiosidad. A cada instante se tenía que abrir el

grupo de curiosos para dejar pasar a los enmascarados.

En esto, en el momento en que el baile estaba en su mayor animación y

algazara, se oyó un grito desgarrador tan penetrante, que llegó hasta

la calle. Una mujer cayó al suelo.

Fué todo el mundo a ver qué ocurría. Juanita Arrillaga, herida de una

puñalada en el corazón, estaba muerta.

--¿Vargas era el asesino?--preguntó Leguía.

--Sí; era él el vengador--replicó el hombre de la zamarra, con voz

sorda.

Don Fernando había entrado en el baile enmascarado con un dominó negro;

después saltó por una ventana hacia la plaza con el dominó en la mano;

me entregó el capuchón y se fué a la fonda. Yo me marché a una posada y

escondí el disfraz. Al día siguiente, mi amo y yo estábamos en Francia.

El viejo calló. Leguía estaba irritado; la manera grave y solemne de

hablar de aquel hombre, su pedantería y su servilismo le indignaban.

Parecía una persona nacida única y exclusivamente para ser criado.

El aprendiz de conspirador · 第 82 / 204 题