El viajero de negro no había necesitado para pasar este Rubicón más que
unas pocas horas. Pello pensó en cómo el contagio de los prejuicios hace
creer muchas veces en la dificultad de cosas que no tienen nada de
difíciles.
Estaba Pello contemplando la casa de Salazar cuando vió al hombre de la
zamarra, al que había llegado al parador al anochecer, que paseaba por
delante de la casa, mirando al portal.
--Este le espía al otro--se dijo Pello--; ¿qué enredos se traerán entre
los dos? No falta más que haya un tercero que le espíe al segundo.
El viajero de traje negro y sombrero de copa salió al poco rato de casa
de Salazar y, dirigiéndose a la plaza, entró en la tienda de las de
Echaluce. El hombre de la zamarra, haciéndose el distraído, se recostó
en uno de los pilares de los arcos de la casa del Ayuntamiento.
De los Piscina a Salazar, de Salazar a los de Echaluce... eran demasiado
Rubicones éstos para no llamar la atención de un hombre solo.
Pello se decidió a dejar la misa mayor y a ver qué lugar nuevo visitaba
aquel hombre, y dónde y cómo terminaba el espionaje del otro.
Todavía el viajero, siempre seguido del hombre de la zamarra, estuvo una
media hora en la botica y un momento en el café de Poli.
Después salió por el portal de San Juan, y el hombre de trazas de
pordiosero le siguió con la mirada hasta que le vió llegar al parador
del Vizcaíno.
Pello entró en su casa, y después de tomar café se fué inmediatamente a
visitar a las Piscinas. Los domingos, la tertulia se celebraba por la
tarde; después, al anochecer, se salía a tomar el fresco, generalmente,
alrededor de la muralla.
--Ayer no vino usted--le dijo inmediatamente Corito al verle.
--No pude. Tuve que trabajar.
--Estaría usted hablando con la primita, ¿eh?
--No; estuve haciendo cuentas. ¿Cree usted que si hubiera podido venir
no hubiera venido?
--Sí, sí; lo creo.
--Pues se engaña usted. Y ustedes, ¿tuvieron alguna visita?
--Sí; ha venido mi padrino.
--¿Su padrino de usted es un señor de negro, bajito, de sombrero de
copa?
--Sí. ¿Cómo lo sabe usted?
--Porque le vi venir al pueblo ayer noche. ¿Va a estar algún tiempo
aquí?
--No; mañana se va a marchar.
--¿Ha venido para algunos asuntos de familia?
--No sé para qué ha venido. Yo no le pregunto nunca nada.
--¿Viaja mucho?
--Sí; mucho.