LA BOTICA

Por encima del armazón visible de Laguardia, casi fuera del mundo de los

fenómenos, que diría un filósofo, existía el centro del

intelectualismo, del enciclopedismo, de la ilustración: la botica. Allí

se discutía sin espíritu de partido; se examinaban los acontecimientos

desde un punto de vista más amplio, como si hubiera vivido en Laguardia

aún don Félix María Samaniego y sus amigos; allí se llegaba a defender

la república como la forma de gobierno más barata, y algunos se

arriesgaban a encontrar la religión católica arcaica y reñida con la

razón natural.

Estos intelectuales de Laguardia tenían su masonería; hablaban fuera del

cenáculo con gran reserva de sus discusiones; decían que no querían

perder por alguna imprudencia la hermosa libertad que disfrutaban en la

botica.

Todos estos diversos centros de Laguardia se espiaban, se entendían,

conspiraban, y desde la alta y aristocrática tertulia de las Piscinas

hasta el obscuro y sucio figón del Calavera, y desde la prepotente

camarilla de Salazar hasta el tenebroso club del café de Poli, había una

cadena de confidencias, de delaciones, de complicidades.

El aprendiz de conspirador · 第 55 / 204 题