SE OYE UNA CANCIÓN

Allí no se veía a nadie; pero se iba oyendo una voz de alguien que se

acercaba y cantaba, en vascuence, con un aire que estaba muy en boga

entre los carlistas, esta canción:

Sargentua, moscorra.

Charretera galdú;

Nescacha diru emanta

Berriya erosi dú.

¡Ay, ay, mutillá,

Chapela gorriya!

(El sargento, borracho, ha perdido la charretera; la chica le ha dado

dinero, y ha comprado una nueva. ¡Ay, ay, muchacho, la boína roja!)

Pello no veía de dónde partía la voz; pero la canción en vascuence le

indicaba que allí había un paisano, y contestó, cantando a media voz:

Azpeitico nescachac,

Arrasoyarequin,

Eztute nai danzatu

Chapelgorriyaquin.

¡Ay, ay, mutillá,

Chapela gorriya!

(Las chicas de Azpeitia, con mucha razón, no quieren bailar con los que

llevan boína roja. ¡Ay, ay, muchacho, la boína roja!)

--_¡Arrayua!_ ¿Quién canta en vascuence?--dijo la voz de un hombre que

se asomó por encima de una tapia de piedras, con un fusil en la mano.

--Soy yo--dijo Pello.

--¡Usted!

--Sí, yo.

Y el centinela, porque debía ser centinela, se quedó asombrado al ver el

talante de aquel lechuguino que se presentaba caballero en un jaco

escuálido.

--¿Es usted vascongado?

--De Vera. ¿Y usted?

--Yo soy de Oyarzum. ¿Qué le trae a usted por aquí?

--¿Habrá posada en este pueblo?

¡Posada aquí!--exclamó el de Oyarzum, en el colmo del asombro--. Aquí no

hay más que hambre.

--¿Pero se puede pasar, o no?

--Pase usted si quiere.

El aprendiz de conspirador · 第 17 / 204 题