¿Pero cómo se justifica la presencia aquí de Picavea cuando habíamos

quedado en que tú...? (~Galán hace el mismo gesto de Picavea.~)

Don Marcelino, yo ruego a usted que justifique esta situación

inexplicable en que me hallo, porque es preciso que yo quede como

debo. (~Don Marcelino hace el mismo gesto.~) ¿Es decir, que ninguno

de los tres...? Señores, por Dios, que yo necesito que a mí se me

deje en el sitio... (~Los tres indican con la mano que espere, que

no tenga prisa.~) en el sitio que me corresponde, no confundamos.

(~Pausa. Ya muy azorado.~) Bueno, don Gonzalo; en vista de la extraña

actitud de estos señores, yo me atrevería a suplicar a usted unas

ligeras palabras que hicieran más airosa esta anómala situación.

(~Don Gonzalo hace el mismo gesto.~) ¡Tampoco!... ¡Caray!, comparado

con esta casa el colegio de sordomudos es una grillera... ¡Caramba,

don Gonzalo, por Dios... yo ruego a usted... yo suplico a usted...

que acabe esta broma del silencio, si es broma, y que se me abra

siquiera... un portillo por donde yo pueda dar una excusa y oir una

réplica, buena o mala, pero una réplica! Yo hasta ahora no sé qué es

lo que sucede. Hablo y la contestación que se me da es un movimiento

de gimnasia sueca. (~Lo remeda.~) Interrogo y no se me responde.

Gonz.

(~Se levanta y clavándole los ojos se dirige a él. Guiloya retrocede

aterrado. Al fin le coge la mano.~) Y más vale que así sea.

Tito

Don Gonzalo, por Dios, que yo venía aquí...

Gonz.

Usted venía aquí a lo que va a todas partes; a escarnecer a las

personas honradas, a burlar a aquellos infelices que por achaques

de la vida o ingratitudes de la naturaleza considera víctimas

inofensivas de su cinismo.

Tito

(~Aterrado.~) ¿Yo?...

Gonz.

¡Usted!... Y por eso, creyéndonos dos viejos ridículos, ha cogido

usted el corazón de mi hermana y el mío y los ha paseado por la

ciudad entre la rechifla de la gente como un despojo, como un airón

de mofa.

Tito

¿Que yo he hecho eso?... ¡Don Gonzalo, por la Santa Virgen!...

Hombre, decidle, habladle, haced el favor. (~Los tres el gesto.~)

Gonz.

Pero para todos llega en la vida una hora implacable de expiación.

Usted, hombre jovial, cínico, desaprensivo, cruel, no la sentía

venir, ¿verdad?... Pues para usted esa hora ha llegado y es esta.

Siéntese ahí.

Tito

(~Muerto de miedo, tembloroso.~) ¡¡Don Gonzalo!!

Gonz.

Siéntese ahí. Si usted estuviese en mi lugar y mi hermana fuera la

suya y sintiera usted caer sobre su vida adorada ese dolor amargo y

lacerante de la burla de todo un pueblo, ¿qué haría usted conmigo?...

Tito

¡Bueno, don Gonzalo, pero es que yo!... ¡Hombre, por Dios,

salvadme!...

Gonz.

Aquí tiene usted papel, pluma y una pistola...

Tito

(~Dando un salto.~) ¡Don Gonzalo!

Gonz.

Si conserva un resto de caballerosidad, escriba una ligera

exculpación para nosotros y hágase justicia.

Tito

(~Enloquecido de horror coge la pistola tembloroso.~) ¡Ay, por Dios,

don Gonzalo, perdón!

Gonz.

¡Hágase usted justicia!

Marc.

¡Oye, pero hazte justicia hacia aquel lado que nos vas a dar a

nosotros!

Tito

(~Cayendo da rodillas.~) Don Gonzalo, perdón. ¡Yo estoy

arrepentido!... Yo juro a usted que no volveré más...

Gonz.

(~Quitándole la pistola violentamente.~) ¡Cobarde, mal nacido!...

¡Vas a morir!

Tito

(~En el colmo del terror da un salto y se esconde detrás de los

tres.~) ¡Socorro!... ¡Socorro!... ¡Salvadme!

Num.

(~Aterrado.~) ¡Por Dios, don Gonzalo, desvíe el cañón... que está

usted muy tembloroso!

Gonz.

¡Canalla! ¡Miserable!... ¡Que se vaya pronto, que se vaya o le mato!

Marc.

¡A la calle!... ¡a la calle! ¡Fuera de aquí!, ¡granuja!... (~Le da un

puntapié y lo echa puertas afuera.~)

Pic.

Vamos a hacerle los honores de la casa... (~Coge un sable y sale tras

él.~)

Num.

¡De la Casa de Socorro! (~Coge otro sable y sale escapado.~)

Gonz.

(~Todavía excitado.~) ¡Cobarde! ¡Infame! ¡Lo he debido estrangular...

he debido matarlo!

Marc.

Cálmate, Gonzalo, cálmate. ¡No vale la pena! ¿Qué hubieras

conseguido? Matas a Guiloya, ¿y qué?... Guiloya no es un hombre,

es el espíritu de la raza, cruel, agresivo, burlón, que no ríe de

su propia alegría, sino del dolor ajeno. ¡Alegría!... ¿Qué alegría

va a tener esta juventud que se forma en un ambiente de envidia,

de ocio, de miseria moral, en esas charcas de los cafés y de los

casinos barajeros? ¿Qué ideales van a tener estos jóvenes que en vez

de estudiar e ilustrarse se quiebran el magín y consumen el ingenio

buscando una absurda similitud entre las cosas más heterogéneas y

desemejantes?... ¿En qué se parece un membrillo a la catedral de

Burgos? ¿En qué se parece una lenteja a un caballo al galope? Y,

claro, luego surge rápida esta natural pregunta... ¿En qué se parecen

estos muchachos a hombres cultos interesados en el porvenir de la

patria? Y la respuesta es tan desconsoladora como trágica... ¡En

nada, en nada; absolutamente en nada!

Gonz.

¡Tienes razón, Marcelino, tienes razón!

Marc.

Pues si tengo razón, calma tu justa cólera y piensa como yo, que

la manera de acabar con este tipo tan nacional del guasón es

difundiendo la cultura. Es preciso matarlos con libros, no hay otro

remedio. La cultura modifica la sensibilidad, y cuando estos jóvenes

sean inteligentes, ya no podrán ser malos, ya no se atreverán a

destrozar un corazón con un chiste, ni a amargar una vida con una

broma.

Gonz.

¡Ah!, ¡mi pobre hermana! ¡Qué cruel dolor! Pero ¿qué remedio? La

llamaré. La diremos la verdad.

Marc.

No. La burla humilla, degrada. Proyecta un viaje, te la llevas y

estáis ausentes algún tiempo. Y ahora si te parece la diremos que

no has podido evitar el duelo; que Galán está herido; que aceptó la

condición de Picavea; que no vuelva a pensar en él.

Gonz.

Sí, quizá es lo mejor. ¡Pero cómo va a llorar! ¡Ay, mi hermana!; ¡mi

adorada hermana!

Marc.

¡Pobre Florita!

Gonz.

¡Qué amargura, Marcelino! ¡Ver llorar a un ser que tanto quieres, con

unas lágrimas que ha hecho derramar la gente sólo para reírse! ¡No

quiero más venganza, sino que Dios, como castigo, llene de este dolor

mío el alma de todos los burladores!

(~Telón.~)

FIN DE LA OBRA

OBRAS DE CARLOS ARNICHES

Casa editorial.

La verdad desnuda.

Las manías.

Ortografía.

El fuego de San Telmo.

Panorama nacional.

Sociedad secreta.

Las guardillas.

Candidato independiente.

La leyenda del monje.

Calderón.

Nuestra Señora.

Victoria.

Los aparecidos.

Los secuestradores.

Las campanadas.

Vía libre.

Los descamisados.

El brazo derecho.

El reclamo.

Los Mostenses.

Los Puritanos.

El pie izquierdo.

Las amapolas.

Tabardillo.

El cabo primero.

El otro mundo.

El príncipe heredero.

El coche correo.

Las malas lenguas.

La banda de trompetas.

Los bandidos.

Los conejos.

Los camarones.

La guardia amarilla.

El santo de la Isidra.

La fiesta de San Antón.

Instantáneas.

El último chulo.

La Cara de Dios.

El escalo.

María de los Ángeles.

Sandías y melones.

El tío de Alcalá.

Doloretes.

Los niños llorones.

La muerte de Agripina.

La divisa.

Gazpacho andaluz.

San Juan de Luz.

El puñao de rosas.

Los granujas.

La canción del náufrago.

El terrible Pérez.

Colorín colorao...

Los chicos de la escuela.

Los pícaros celos.

El pobre Valbuena.

Las estrellas.

Los guapos.

El perro chico.

La reja de la Dolores.

El iluso Cañizares.

El maldito dinero.

El pollo Tejada.

La pena negra.

El distinguido Sportman.

La noche de Reyes.

La edad de hierro.

La gente seria.

La suerte loca.

Alma de Dios.

La carne flaca.

El hurón.

Felipe segundo.

La alegría del batallón.

El método Górritz.

Mi papá.

La primera conquista.

El amo de la calle.

Genio y figura.

El trust de los Tenorios.

Gente menuda.

El género alegre.

El príncipe Casto.

El fresco de Goya.

El cuarteto Pons.

La pobre niña.

El Premio Nobel.

La gentuza.

La corte de Risalia.

El amigo Melquiades.

La sombra del molino.

La sobrina del cura.

Las aventuras de Max y Mino.

El chico de las Peñuelas.

La casa de Quirós.

La estrella de Olympia.

Café sólo.

Serafín el Pinturero.

La señorita de Trevelez.

ÍNDICE

REPARTO 6

ACTO PRIMERO 7

Escena primera 7

Escena II 9

Escena III 11

Escena IV 12

Escena V 14

Escena VI 17

Escena VII 18

Escena VIII 19

Escena IX 22

Escena X 23

Escena XI 25

Escena XII 25

Escena XIII 27

Escena XIV 29

Escena XV 33

Escena XVI 36

ACTO SEGUNDO 39

Escena primera 39

Escena II 40

Escena III 42

Escena IV 44

Escena V 47

Escena VI 50

Escena VII 53

Escena VIII 55

Escena IX 57

Escena X 61

ACTO TERCERO 63

Escena primera 63

Escena II 66

Escena III 68

Escena IV 71

Escena V 72

Escena VI 75

Escena VII 77

Escena VIII 80

OBRAS DE CARLOS ARNICHES 85

* * * * * *

NOTA DE TRANSCRIPCIÓN

* Los errores de imprenta han sido corregidos sin avisar. Para su

detección se ha tenido en cuenta una edición posterior de esta obra.

* Las inconsistencias ortográficas han sido normalizadas.

* En las pp. 46, 63 y 72, se respeta la expresión «funchimbool» para

referirse a lo que en una edición más reciente aparece como

«punching-ball».

* Se ha añadido al final un índice de contenidos que no existe en el

original impreso.

La señorita de Trevelez: Farsa cómica en tres actos · 第 5 / 5 段