Que le sobraba lienzo y se quedó solo pintando lanzas.

Gonz.

Ocho metros de lanzas, ¡calcule usted!

Num.

¡Caramba!... ¡¡Ocho metros!!

Gonz.

Lo que tendrá usted que comprarle es un marquito.

Num.

¿Ocho metros y dice usted que un marquito? ¿Por qué no espera usted a

ver si me cae la Lotería de Navidad y entonces...?

Gonz.

¡Hombre, no exagere usted, no es para tanto!... El marco todo lo más

se llevará...

Num.

Medio kilómetro de moldura. Lo he calculado _grosso modo_. Además, me

parece que no voy a tener donde colocarle, porque como no dispongo

más que de un gabinete y una alcoba...

Gonz.

Puede usted echar un tabique.

Num.

Sí; ¿pero cómo le voy yo a hablar a mi patrona de echar nada... si

está conmigo si me echa o no?

Marc.

Bueno, pero todo puede arreglarse: divides el cuadro en dos partes;

pones la mitad en el gabinete y debajo una mano indicadora señalando

a la alcoba, y el que quiera ver el resto, que pase...

Gonz.

¡Ja, ja!... Muy bien... muy gracioso, Marcelino, muy gracioso...

¡Qué humorista!... Conque, con el permiso de ustedes me marcho,

reiterándoles la invitación a nuestra próxima _suaré_...

(~Tendiéndoles la mano.~) Querido Marcelino...

Marc.

Adiós, Gonzalo.

Gonz.

Simpático Galán...

Num.

Don Gonzalo... (~Le va a dar la mano.~)

Gonz.

No, no... la mano, no... otro efusivo y fraternal abrazo. (~Se

abrazan.~) _¡Fra-ter-nal!_

ESCENA XVI

DICHOS, TORRIJA, MANCHÓN, TITO GUILOYA y PICAVEA

Todos

(~Desde la primera izquierda, aplaudiendo.~) ¡Bravo, bravo!

Tito

¡Abrazo fraternal!

Pic.

¡Preludio de venturas infinitas!

Tor.

¡Hurra!... ¡Tres veces hurra!

Todos

¡Hurra!

Tito

¿Con que era cierto lo que se susurraba?

Gonz.

¡Ah, pero estos saben!...

Tito

¡Estas noticias corren como la pólvora!...

Man.

¡Enhorabuena, don Gonzalo!

Tor.

¡Enhorabuena, Galán!

Marc.

(¡Canallas!)

Num.

(¡Granujas! ¡Por estas que me las pagáis!)

Tito

Y aquí traemos una botella de Champagne, para rociar con el vino de

la alegría los albores de una ventura que todos deseamos inacabable.

Man.

Adelante, Menéndez.

(~Pasa Menéndez, primera izquierda, con servicio de copas de

Champagne.~)

Gonz.

Se acepta y se agradece tan fina y delicada cortesanía. Gracias,

queridos pollos, muchas gracias.

Tito

Escancia, Torrija. (~Se sirve el Champagne.~) Señores: levanto

mi copa para que este glorioso entronque de Galanes y Trevelez,

proporcione a un futuro hogar, horas de bienandanza y a Villanea

hijos preclaros que perpetúen sus glorias y enaltezcan sus

tradiciones.

Todos

(~Con las copas en alto.~) ¡¡Hurra!!

Gonz.

Gracias, señores, gracias... y yo, profundamente emocionado, quiero

corresponder con un breve discurso a la...

(_En este momento se escucha en el piano de enfrente el «Torna

a Surriento» y a poco la voz de Florita que lo canta de un modo

exagerado y ridículo._)

Tito

¡Silencio!

Tor.

¡Callad!... (~Quedan exageradamente atentos.~)

Gonz.

(~Casi con emoción.~) ¡Es ella!... ¡Es ella, Galán!... ¡Es un ángel!

Tito

¡Qué voz! ¡Qué extensión!... (~Suena un timbre.~) ¡Qué timbre!

Tor.

¡Qué timbre más inoportuno!

Gonz.

(~Indignado.~) ¡Pararle, hombre, pararle!

Tor.

¡Ah, don Gonzalo!... Eso es, en una pieza, la Pareto y la Galicursi.

Man.

¡Yo la encuentro más de lo último que de lo primero!

Todos

Mucho más, mucho más...

Gonz.

Silencio... no perder estas notas...

(~Todos callan. Florita acaba con una nota aguda y estalla una

ovación.~)

Todos

¡Bravo, bravo!... (~Aplauden.~)

Marc.

¡Bravo, Florita, bravo!

Flora

(~Levanta la persiana a manera de telón y se asoma saludando.~)

Gracias, gracias. (~Baja la persiana.~)

Todos

(~Volviendo a aplaudir.~) ¡Bravo, bravo!

Gonz.

¡Es un ángel! ¡Es un ángel!

Flora

(~Volviendo a levantar la persiana.~) Gracias, gracias... ¡Muchas

gracias! (~Vuelve a bajarla.~)

Man.

¡Admirable!

Tito

¡Colosal!

Tor.

¡Suprema!

Gonz.

(~Se limpia los ojos.~) ¡Son lágrimas!... ¡Son lágrimas!... ¡Cada vez

que canta me hace llorar!

Tito

(~Fingiendo aflicción.~) ¡Y a todos, y a todos!

Flora

(~Vuelven a aplaudir. Levanta la persiana, sonríe y tira un beso.~)

¡Para Galán! (~Felicitaciones, abrazos y vítores.~)

(~Telón~)

FIN DEL ACTO PRIMERO

[Ilustración]

ACTO SEGUNDO

~Jardín en la casa de Trevelez. Es por la noche. Luces

artísticamente combinadas entre el follaje y las ramas de los

árboles.

A la derecha, en primer término, hay un poético rincón

esclarecido por la luz de la luna y en el que se verá una pequeña

fuente con un surtidor; a los lados dos banquillos rústicos.

A la izquierda, hacia el foro, figura que está la casa. En ese

punto resplandece una mayor iluminación y se escucha la música de

un sexteto y gran rumor de gente.~

ESCENA PRIMERA

MARUJA, CONCHITA, QUIQUE y NOLO del foro izquierda

Mar.

¡Ay, sí, hija, sí, por Dios!... Vamos hacia este rincón.

Quique

Esto está muy poético.

Con.

Por lo menos muy solo.

Nolo

Solísimo.

Mar.

A mí estas cachupinadas me ponen frenética.

Quique

¡Pero por Dios, qué gente tan cursi hay aquí!

Mar.

No, allí, allí...

Quique

Eso he querido decir.

Mar.

Pues ha dicho usted lo contrario, hijo mío.

Con.

¿Y has visto a Florita?

Nolo

¡Qué esperpento!

Con.

La visten sus enemigos.

Mar.

¡Eso quisiera ella!... Ni eso.

Con.

¡Con ese pelo y con esa figura que me gasta, ponerse un traje

salmón!... ¡Ja, ja!...

Nolo

¡Y hay que ver lo mal que la sienta el salmón!

Mar.

Está como para tomar bicarbonato.

Quique

¿Y qué me dicen ustedes de su amiga inseparable, de Nilita, la de

Palacios?...

Con.

¡Cuidado que es orgullosa!... Acaba de decirme que ella no baila más

que con los muchachos de mucho dinero.

Mar.

Ya lo dice Catalina Ansúrez, que esa es como un trompo, sin guita no

hay quien la baile.

Quique

¡Ja, ja!

Con.

¡Y mire usted que llamarse Nilita!

Nolo

Yo cuando voy a su casa no fumo.

Con.

¿Por qué?

Nolo

Me da miedo. Eso de Nilita me parece un explosivo... ¡La _nilita_!

Mar.

¡No tiene el valor de su Petronila!

Todos

(~Riendo.~) ¡Ja, ja!

Con.

Y habrán comprendido ustedes que esta cachupinada la dan los Trevelez

para presentarnos al novio, a Galán.

Mar.

No lo presentarán como galán joven, ¿eh?

Quique

Ni mucho menos.

(~Ríen todos.~)

ESCENA II

DICHOS, TITO y TORRIJA por la izquierda

Tito

¡Caramba!... ¡Coro de murmuración; como si lo viera!

Mar.

Ay, hijo, ¿en qué lo ha conocido usted?

Tito

Mujeres junto a una fuente, y con cacharros... a murmurar, ya se sabe.

Quique

Oiga usted, señor Guiloya, ¿eso de cacharros, es por nosotros?

Tito

Es por completar la figura retórica.

Quique

¿Y por qué no la completa usted con sus deudos?

Tito

No los tengo.

Quique

Bueno, pues con sus deudas, que esas no dirá usted que no las tiene.

Tor.

¡Ja, ja!... (~Fingiendo una gran risa.~) ¡Pero has visto qué

gracioso!...

Tito

¡Calla, hombre! Si este joven creo que hace unos chistes con los

apellidos, que dice su padre que por qué no será todo el mundo

expósito...

Mar.

Es que si el chico fuera muy gracioso, ¿qué iban a hacer los demás?

Tito

Bueno; pero vamos a ver. ¿Se murmuraba o no se murmuraba?

Mar.

No se murmuraba, hijo; sencillos comentarios.

Tito

No, si no me hubiesen extrañado las represalias, porque hay que oír

cómo las están poniendo a ustedes allí, en aquel cenador precisamente.

Mar.

¡Ay, sí!... ¿y quién se ocupa de nosotros, hijo?

Tor.

Pues Florita, su despiadada, su eterna rival de usted.

Mar.

¿Y qué decía, si puede saberse?

Tor.

Que no puede usted remediarlo, que desde que sabe usted que ella se

casa, que se la come la envidia. Que por eso se han venido ustedes

tan lejos.

Tito

Y que toda la vida se la ha pasado usted poniéndole dos luces a San

Antonio, una para que le dé a usted novio y otra para que se le lo

quite a las amigas.

Tor.

Pero que ya puede usted apagar la segunda.

Tito

Y la primera.

Mar.

¿Y les ha mandado a ustedes a soplar, eh?... ¡Muy bien, muy bien!...

(~Todos ríen.~)

Quique

(Chúpate esa.)

Nolo

(Tiene gracia.)

Tito

Pues si oye usted a Aurorita Méndez... ¡qué horror!... decía que no

sabe qué atractivo tiene usted para que la asedien tantos pipiolos.

Nolo

Oiga usted, señor Guiloya, ¿eso de pipiolos, es por nosotros?

Tito

Es por completar la figura retórica.

Tor.

Y la ha puesto a usted un mote que ha sido un éxito.

Tito

La llama «El Paraíso de los niños».

Mar.

¡Muy gracioso, muy gracioso!... ¿y eso lo ha dicho Aurorita Méndez?

¡Me parece mentira que diga esas cosas la hija de un catedrático!

Con.

Una pobrecita más flaca que un fideo y que lleva un escote hasta aquí.

Mar.

Y no sé para qué, porque enseña menos que su padre...

Quique

¡Que es el colmo!

Mar.

Como que cuando esa marisabia hizo el bachillerato, decían los chicos

que el latín era lo único que tenía sobresaliente.

Con.

¡Déjalas... ya quisieran!

Nolo

No haga usted caso. Siempre ha habido clases.

Mar.

Eso lo dirá el padre, porque ella tiene vacaciones para un rato...

¡El Paraíso de los niños!... Vamos hacia allá, que voy a ver si le

digo dos cositas y me convierto en «El Infierno de los viejos...»

Nolo, Quique

Muy bien, muy bien. ¡Bravo, bravo! (~Vanse izquierda.~)

Tito

Va que trina. (~Riendo.~)

Tor.

¡Esta noche se pegan!...

Tito

Eso voy buscando.

Tor.

¡Eres diabólico!

ESCENA III

DICHOS, PICAVEA y MANCHÓN

Pic.

Oye, ¿qué le habéis hecho a Maruja Peláez, que va echando chispas?

Tor.

Las cosas de éste; ya le conoces.

Tito

¿Y Galán, y Galán?... ¿cómo anda, tú?

Man.

¡Calla, chico, medio muerto!

Pic.

Allí le tenéis al pobre, en brazos de Florita, lívido, sudoroso,

jadeante... Pasan del _Fox trot_ al _Guan step_, y del _Guan step_ al

_tuesten_, sin tomar aliento.

Man.

Y en el tuesten le hemos dejado.

Pic.

Está que echa hollín.

Tito

¡Formidable, hombre, os digo que formidable!...

Pic.

Bueno, tú, pero yo creo que debías ir pensando en buscar una

solución a esta broma, porque el pobre Galán, en estos quince días,

se ha quedado en los huesos.

Man.

¡Está que no se le conoce!

Tor.

¡Da lástima!

Tito

Señor, ¿pero no era esto lo que nos proponíamos? Las bromas, pesadas,

o no darlas.

Man.

Sí, pero es que este hombre está en un estado de excitación, que ya

has visto los dos puntapiés que le ha dado a Picavea en el vestíbulo.

Pic.

¡Qué animal!... ¡Como que si no le sujetáis me tienen que extraer la

bota quirúrgicamente!

Tito

¿Se ha enterado don Gonzalo del jaleo?

Tor.

Creo que no. Pero en fin, yo también temo que Galán, si apuramos

mucho la broma, en su desesperación, confiese la verdad y se produzca

una catástrofe.

Tito

No asustarse, hombre, si le tiene a don Gonzalo más miedo que

nosotros.

Pic.

Bueno, pero es que además, estos pobres ancianos han tomado la cosa

tan en serio, que, según dicen, Florita se está haciendo hasta el

_trousseau_. Y vamos, hasta este extremo, yo creo que...

Tito

Nada, hombre, que no apuraros. Ya me conoceis... ¿Habéis visto la

gracia conque he complicado todo esto?... Pues mucho más gracioso es

lo que estoy tramando para deshacerlo.

Los tres

¿Y qué es? ¿qué es?

Tito

Permitidme que me lo reserve. Lo tengo todavía medio urdido. Os

anticiparé, sin embargo, que es un drama pasional, que voy a

complicar en él nuevos personajes y que tiene un desenlace muy

poético, inesperado y sentimental...

Pic.

Bueno, pero...

Tito

Ni una palabra más. Pronto lo sabréis todo.

Man.

Chits... silencio. Mirad, Galán que viene agonizante en brazos de don

Marcelino.

Tor.

¡Pobrecillo!

Tito

Huyamos. (~Vanse izquierda riendo.~)

ESCENA IV

GALÁN y DON MARCELINO (por la derecha)

Num.

(~Desesperado, deprimido, con cara de fatiga y medio llorando.~) ¡Ay,

que no... ay, que no puedo más, señor Córcoles!... Yo me marcho, yo

huyo, yo me suicido. Todo menos otro _Fox trot_.

Marc.

(~Conteniéndole.~) Pero espera, hombre, por Dios, ten calma.

Num.

No, no puedo. ¡Otro _Guan step_ y fallezco! Esta broma está tomando

para mí proporciones trágicas, espeluznantes, aterradoras... Yo me

voy, me voy... ¡Déjeme usted!...

Marc.

¡Pero, por Dios, Galán, no seas loco! Ten calma...

Num.

No, no puedo más, don Marcelino; porque, aparte del terror que me

inspira don Gonzalo... es que Florita... ¡Florita me inspira mucho

más terror todavía!... (~Se vuelve aterrado.~) ¿Viene?

Marc.

No, no tengas miedo, hombre.

Num.

No, si no es miedo; ¡es pánico!... porque sépalo usted todo, don

Marcelino... ¡Es que la he vuelto loca!

Marc.

¿Loca?

Num.

¡Está loca por mí!... ¡pero loca furiosa!

Marc.

¿Es posible?

Num.

Lo que sintió Eloísa por Abelardo fué casi una antipatía personal

comparado con la pasión que he encendido en el alma volcánica de esta

señorita... y la llamo señorita por no agraviar a ninguna especie

zoológica. Figúrese usted que me obliga a estar a su lado para

hablarme de amor, durante ¡nueve horas diarias!

Marc.

¡¡Nueve!!

Num.

¡Y cuando me voy me escribe!

Marc.

¡Atiza!

Num.

Mientras estoy en la oficina me escribe... Me voy a comer y me

escribe... Me meto en el baño...

Marc.

¿Y te escribe?

Num.

Me cablegrafía. ¡Lleva en el bolsillo una caja de pastillas de

sublimado y una _browning_ por si la abandono! Las pastillas para mí,

la _browning_ para... digo, no... Bueno, no me acuerdo, pero yo en el

reparto salgo muy mal parado. ¡Dice que me mata si la dejo!

Marc.

Eso es lo peor.

Num.

No, quiá. Lo peor es que como sabe usted que pinta, me está haciendo

un retrato.

Marc.

¿Al óleo?

Num.

Al pastel. Y tengo que poner la mirada dulce...

Marc.

Es natural.

Num.

Y estarme hora y media inmóvil, vestido de cazador, con aquellos dos

perros del regalito, que se me están comiendo el sueldo, y una liebre

en la mano, en esta actitud. (~Hace una postura ridícula.~)

Marc.

Como diciendo: ¡ahí va la liebre!

Num.

¡Sí, señor, y así quince días!... ¡¡Quince!!... ¡Figúrese usted cómo

estaré yo y cómo estará la liebre!

Marc.

¡Y cómo estarás de pastel!

Num.

Que paso por una pastelería y me vuelvo de espaldas. No le digo a

usted más. ¡Con lo goloso que yo era!

Marc.

¡Qué horror!

Num.

Bueno, pues mientras me acaba el pictórico, me ha pedido el retrato

fotográfico, ha mandado sacar ocho ampliaciones y dice que me tiene

en el gabinete y en el comedor y en los pasillos... ¡y que me tiene

hasta en la cabecera de la cama!... ¡Y yo no paso de aquí, don

Marcelino, no paso de aquí!

Marc.

¡Pobre Galán!... pero claro, lo que sucede es lógico. Una mujer que

ya había perdido sus ilusiones ve renacer de pronto...

Num.

Lo ve renacer todo. ¡Qué ímpetu, qué fogosidad!... ¡Con decirle a

usted que ya está bordando el juego de novia!

Marc.

¡Hombre, por Dios, procura evitarlo!

Num.

¿Pero cómo?... Si para disuadirla hasta la he dicho que está

prohibido el juego y no me hace caso. Ayer me enseñó dos saltos de

cama—figúrese usted el salto mío—, para preguntarme que cómo me

gustaban más los saltos, si con caídas o sin ellas.

Marc.

Tú le dirías que los saltos sin caídas.

Num.

Yo no sé lo que le dije, don Marcelino, porque yo estoy loco. Puedo

jurarle a usted que en mi desesperación, más de tres veces he venido

a esta casa resuelto a confesarle la verdad a don Gonzalo; pero

claro, le encuentro siempre tirando a las armas, o con los guantes de

boxeo puestos, dándole puñetazos a una pelota que tiene sujeta entre

el techo y el suelo...

Marc.

Un funchimbool.

Num.

No sé cómo se llama, pero como a cada puñetazo la pelota oscila de

un modo terrible y la habitación retiembla, yo me digo: ¡Dios mío,

si le confieso la verdad y se ciega y me da a mí uno de esos en el

balón, (~Por la cabeza.~) pasado mañana estoy prestando servicio en

el Purgatorio!

Marc.

No, hombre, no, por Dios... Ten ánimo, no te apures.

Num.

Sí, no te apures, pero el compromiso va creciendo y esos miserables

burlándose de mí. ¡Maldita sea!...

Marc.

¡Ah!, oye; lo que te aconsejo es que te moderes, porque Gonzalo me

acaba de preguntar que por qué le has dado dos puntapiés a Picavea

en el vestíbulo, y no he sabido qué decirle.

Num.

Y los mato, no lo dude usted, los mato como no busquen a este

conflicto en que me han metido una solución rápida, inmediata. ¡Es

necesario, es urgentísimo!

Marc.

Descuida, que creo lo mismo, y en ese sentido voy a hablarle a Tito

Guiloya.

Num.

¡Sí, porque yo no espero más que esta noche para tomar una resolución

heróica!

Marc.

Aguárdame aquí. Voy a hablarles seriamente. No tardo.

Num.

Oiga usted, don Marcelino; si Florita le pregunta a usted que dónde

estoy, dígale que me he subido a la azotea, hágame el favor. Siquiera

que tarde en encontrarme, porque me andará buscando, de seguro.

Marc.

Descuida. (~Vase izquierda.~)

ESCENA V

NUMERIANO GALÁN; luego FLORITA

Num.

(~Cae desfallecido sobre un banco.~) ¡Ay, Dios mío! Bueno, yo hace

quince días que no duermo, ni como, ni vivo... ¡Y yo que nunca he

debido un céntimo, me he hecho hasta tramposo!... Porque entre los

dos perros y el marco, que lo estoy pagando a plazos, se me va la

mitad del sueldo. ¡Qué cuadrito!... Don Gonzalo le llama _la mancha_,

pero quiá. Es muchísimo más grande. La Mancha y la Alcarria, todo

junto. ¡No le he puesto más que un listón alrededor y me ha subido

a veinticinco duros!... ¡Ay!, yo estoy enfermo, no me cabe duda.

Tengo dolor de cabeza, inquietud, espasmos nerviosos; porque además

de todo esto, esa mujer me tiene loco. Es de una exaltación, de

una vehemencia y de una fealdad que consternan. Y luego tiene unas

indirectas... Ayer me preguntó si yo había leído una novela que se

titula _El primer beso_, y yo no la he leído; pero aunque me la

supiera de memoria... ¡Esas bromitas no! Y para colmo, habla con un

léxico tan empalagoso, que para estar a su altura me veo negro. Aquí

me he venido huyendo de ella... Aquí, siquiera por unos momentos,

estoy libre de esa visión horrenda, de esa visión...

Flora

(~Apartando el ramaje del fondo de la fuente, asoma su cara risueña y

dice melodiosamente.~) ¡Nume!

Num.

(~Levantándose de un salto tremendo.~) (¡Cuerno!... ¡La visión!)

Flora

Adorado Nume...

Num.

(~Con desaliento.~) ¡Florita!

Flora

(~Saliendo. Lo mira.~) ¡Pero cuán pálido! ¡Estás incoloro! ¿Te has

asustado?

Num.

(~Desfallecido.~) Si me sangran no me sacan un coágulo.

Flora

Pues yo, errabunda, hace un rato que de un lado a otro del parterre

vago en tu busca. ¿Y tú, amor mío?

Num.

¡Yo vago también; pero más vago que tú, me había sentado un instante

a delectarme en la contemplación de la noche serena y estrellada!...

Flora

¡Oh, Nume!... Pues yo te buscaba.

Num.

Pues si yo sé que me buscas, te juro que corro, que corro a tu

encuentro.

Flora

Y dime, Nume, ¿qué hacías en este paradisiaco rincón?

Num.

Rememorarte. (Con más elegancia, ni d’Anunzzio.)

Flora

¡Ah, Nume mío, gracias, gracias! Ah, no puedes suponerte cuánto me

alegro encontrarte en este lugar recóndito.

Num.

Bueno, pero, sin embarco, yo creo que debíamos irnos, porque si

alguien nos sorprendiera arrinconados y extáticos, podía macular tu

reputación incólume y eso molestaríame.

Flora

¿Y qué importa, Nume?... ¡La felicidad es un pájaro azul que se posa

en un minuto de nuestra vida y después levanta el vuelo y Dios sabe

en qué otro minuto se volverá a posar!

Num.

Sí, pero figúrate que ahora viene el pájaro y se posa, pero luego

pasa uno y nos lo espanta y encima lo divulga, y ¿qué pasa? Pues que

te pesa. Hay que estar en todo. (~Intenta irse.~)

Flora

(~Deteniéndole.~) Nume, no seas tímido. La dicha es efímera.

Siéntate, Nume.

Num.

No me siento, Florita. (¡A solas la tengo pánico!)

Flora

Anda, siéntate, porque quiero en este rincón de ensueño pedirte una

revelación... (~Le obliga a sentarse.~)

Num.

¡Una revelación!... Bueno; si eres rápida y sintética, atenderéte;

pero si no, alejaréme. Habla.

Flora

Vamos a ver, Nume, con franqueza: ¿por qué te he gustado yo?

Num.

Por nada.

Flora

¿Cómo?

Num.

Quiero decir que no me has gustado por nada y... me has gustado por

todo. Te he encontrado...

Flora

¿Qué?... ¿Qué?...

Num.

Te he encontrado un no sé qué... un qué sé yo... un algo así,

indefinible; un algo raro. ¡Raro, esa es la palabra!

Flora

Bueno; ¿qué te han gustado más, los ojos, la boca, el pie?

Num.

Ah, eso no, no... detallar no he detallado. Me gustas, ¿cómo te lo

diría yo?... En conjunto, en total... Me gustas en globo, vamos...

Flora

¡En globo! ¡Qué concepto tan elevado!

Num.

Sí, elevadísimo; lo más elevado posible... como corresponde a mi

admiración.

Flora

¡Ah, Nume mío, gracias, gracias!

Num.

No hay de qué.

Flora

Y dime, Nume, una simple pregunta; ¿tú has visto por acaso en el Cine

una película que se titula «Luchando en la obscuridad»?...

Num.

¿En la obscuridad?... No; yo en la obscuridad no he visto nada.

Flora

¡Lo decía, porque en una de sus partes hay una escena tan parecida a

ésta!

Num.

(~Aterrado.~) ¿Sí? (~Intenta levantarse. Ella le detiene.~)

Flora

Es un jardín. Un rincón poético, una fontana rumorosa, la luna

discreta, dos amantes apasionados...

Num.

(~Con miedo creciente.~) ¡Qué casualidad!

Flora

De pronto los amantes, yo no sé por qué, se miran, se prenden de las

manos, se atraen.

Num.

(¡Cielos!)

Flora

Y un beso une sus labios; un beso largo, prolongado; uno de esos

besos de Cine, durante los cuales todo se atenúa, se desvanece, se

esfuma, se borra, y... aparece un letrero que dice, Milano Films.

Pues bien, Nume, ese final...

Num.

¡No, no... jamás... Florita!... Cálmate o pido socorro... No quiero

dejarme llevar de la embriaguez. ¡Yo no llego al Milano ni aunque me

emplumen!...

Flora

¡Pero, Nume mío!...

Num.

No, Flora, hay que hacerse fuertes... Vámonos, vida mía. Vámonos o

llamo. (~Se escucha pianísimo el vals de «Eva».~)

Flora

(~Exaltada.~) Espera... atiende... ¡Oh, esto es un paraíso!... ¿No

escuchas?

Num.

Sí; el vals de _Eva_.

Flora

¡Delicioso!

Num.

Delicioso, pero vámonos.

Flora

¡Divina, suave, enloquecedora melodía de amor! ¿Quieres que nos

vayamos como en las operetas?...

Num.

Vámonos, y vámonos como te dé la gana.

Flora

¡Oh, Nume!... (~Se van bailando el vals.~)

Num.

¡Por Dios, Florita, no aprietes que congestionas! (~Hacen mutis

bailando. Vanse por la izquierda.~)

ESCENA VI

DICHOS y DON GONZALO, por la izquierda

Gonz.

(~Los saca cogidos cariñosamente, a ella de una mano y a él de una

oreja. Ella baja la cabeza risueña y ruborosa ocultando la cara tras

el abanico; él aterrado, aunque tratando inútilmente de sonreír.~)

¡Venid, venid acá, picarillos irreflexivos, imprudentes!...

Flora

¡Ay, por Dios, Gonzalo!... ¡Cogiónos!

Gonz.

¡Aquí, en un rincón, y los dos solitos!...

Num.

Don Gonzalo, por Dios, yo neguéme, pero ella insistióme y complacíla,

¿qué iba a hacer?

Gonz.

(~Cambiando la fingida expresión de enfado por otra risueña.~) No,

hombre, no, si lo comprendo. Los enamorados son como los pájaros;

siempre buscando las frondas apartadas, los lugares silenciosos...

Flora

(~Muy digna.~) ¡Pero por Dios, Gonzalo; a pesar de la soledad no

vayas a creer que nosotros!...

Num.

Yo aseguro a usted que ha sido una cosa meramente fortuita.

Gonz.

¿Fortuita?... Cállese el seductor.

Flora

¡Uy, seductor!...

Num.

Don Gonzalo, yo le juro...

Gonz.

Ahora, que yo confío, amigo Galán, en su caballerosidad, y espero que

este tesoro encomendado a su hidalguía...

Num.

¡Por Dios!, ¿quiere usted enmudecer?... ¡Ni aunque nos sorprendiese

usted en el Trópico!

Gonz.

Ya lo sé, ya lo sé... Y vaya, pase esto como una ligereza de

chiquillos, y ahora que estamos los tres juntitos, venid acá,

parejita feliz. Venid y decidme... ¿Sois muy dichosos, muy

dichosos?... La verdad...

Num.

Hombre, don Gonzalo... yo...

Gonz.

No me diga usted más. (~A Flora.~) ¿Y tú?

Flora

Mucho, mucho, mucho. No hay paleta por muy paleta que sea que tenga

colores suficientes para pintar mi felicidad.

Gonz.

¡Oh, qué feliz, qué venturoso me haceis!... ¡Ah, querido Galán, ya lo

ve usted... en ese corazoncito ya no vivo yo solo! (~Con pena.~)

Flora

¡Por Dios, Gonzalo!

Gonz.

Sí. ¡Otro cariñito ha penetrado en él arteramente y apenas queda ya

sitio para el pobre hermano!...

Num.

¡Hombre, don Gonzalo, yo sentiría que por mí!...

Gonz.

¡Ah, pero no me importa!... Ámela usted con este acendrado amor con

que yo la amo, y si la veo dichosa me resignaré contento a la triste

soledad en que voy a quedarme...

Num.

Don Gonzalo, por Dios; si le va a usted a servir esto de un disgusto

tan grande... yo estoy dispuesto incluso a renunciar a...

Flora

¡Pero calla, por Dios!... ¿qué estás diciendo?... Si son tonterías de

éste... Chocheces. ¡Egoísmos de viejo!...

Gonz.

Sí, sí... egoísmos. Pero, por Dios, riquita, no te enfades. Y ¡ea!...

Perdonad a un hermano impertinente esta pequeña molestia... Y venga

usted acá, querido Galán, venga usted acá... ¡Oh, amigo mío, ha

elegido usted tarde, pero ha elegido usted bien!

Flora

Vamos, calla, por favor, Gonzalo.

Gonz.

La señorita de Trevelez: Farsa cómica en tres actos · 第 2 / 5 段