I.

El príncipe Aben-al-Malek al entrar en la torre, habia visto, como ya

se ha relatado, no la desnuda, oscura y severa galería semicircular

con huecos y saeteras para las escuchas que ahora se ve en el primero

y segundo suelo de la torre, que son los únicos que permanecen hoy

descegados.

En el primer suelo, donde habia entrado el príncipe, descendiendo

por una estrecha escalera, habia visto una galería circular, pero

enriquecida con columnas, artesonados de preciosas labores, cúpulas

maravillosas, pavimento de brillante alicatado: ornadas las paredes

con ricas atauxías y ajaracas, y motes incitadores que representaban

el amor y la voluptuosidad en vez del nombre de Dios y las santas

suras del Koran, en hermosos caractéres africanos de oro y azul, todo

resplandeciente, todo enlanguidecedor, todo sensual, iluminado por una

luz blanda, ténue, dulce, que hacia sentir un sopor delicioso.

Blandos divanes que convidaban al reposo, se veian en el fondo de

calados alhamíes; odoríferos perfumes que exhalaban humo trasparente y

azulado sobre braserillos de oro.

Una música armoniosa llenaba con sus dulces ecos aquel espacio

encantado.

Todo allí era embriagador.

Historia de los siete murciélagos, leyenda árabe · 第 78 / 111 题