Los walíes de Málaga, Guadix y Comares entraron por la tierra llevando
en sus algaras adelante la frontera. Acorríales el rey Alfonso X de
Castilla, y una hueste poderosa amenazó los muros de Granada. El rey
Al-Hhamar se vistió el arnés, reunió en torno de su bandera á sus
caballeros, y salió contra los rebeldes; al pasar bajo la puerta de
Bib-Al-bolut, rompióse la lanza al primer caballero que iba en los
adalides, y túvose esto por mal agüero; y uno de los sábios que siempre
acompañaban al rey, le dijo:
--Torna, señor, torna, que ya veo el cuervo cernerse en los aires y
canta la corneja; torna porque la muerte te espera en esta jornada.
--¿Qué puede el hombre contra su destino? dijo el rey; si morir hé,
¿dónde ocultarme que la muerte no sea conmigo?
Y siguió adelante, al frente de sus caballeros.
Y á poco más de mediodía de camino, sintióse cansado y enfermo, y se
detuvo y llamó á sus sábios.
Los sábios le dijeron:
--Tósigo te han dado, señor, y tus dias están contados; vuélvete á tu
ciudad si quieres morir junto á los que amas.
El rey tornó hácia Granada, pero antes de llegar á la ciudad se agravó
su dolencia, y alzando su pabellon le entraron en él y le rodearon
todos los caballeros, así muslimes como cristianos que le seguian, y
los sábios no sabian qué hacer.
A cada momento era más espantosa la lividez del rey: á medida que la
muerte se acercaba, su pensamiento leia en el pasado y sólo entonces
recordó las visiones que habian sido ante él en el alcázar del Destino;
recordó á su hijo Juzef vertiendo el tósigo en la fuente donde hacia
su ablucion, y oró á Dios por su hijo. Despues se apoderaron de él
horribles convulsiones; arrojó por la boca espumosa y negra sangre, y
le llegó el decreto de Dios á la hora de almagrib (puesta del sol) el
dia veinte y nueve de la luna de guimada postrera del año seiscientos
setenta y uno[34].
[34] Marzo de 1273 de J. C.
Enterrósele con gran pompa en el cementerio que él habia mandado
edificar en su mismo alcázar, para sí y sus descendientes, embalsamado
en caja de plata cubierta de preciosos mármoles, en que su hijo Mohamet
mandó esculpir en letras de oro este epitafio:
_«Este es el sepulcro del sultan alto, fortaleza del Islam, decoro del
género humano, gloria del dia y de la noche, lluvia de generosidad,
rocío de clemencia para los pueblos, polo de la secta, esplendor de la
ley, amparo de la tradicion, espada de la verdad, leon de la guerra,
sábio adalid del pueblo escogido, defensa de la fe, honra de los
reyes y sultanes, el vencedor por Dios, el ocupado en el camino de
Dios, Mohamet Aben A'bd-Allah-Aben-Juzef-Abem Nazar, el de Arjona,
el vencedor y el magnífico; ensálcele Dios al grado de los altos
y justificados, y le coloque entre los profetas, justos, mártires
y santos. Fué su tránsito, dia veinte y nueve de la luna guimada
postrera, año seiscientos setenta y uno. ¡Alabado sea aquel cuyo
imperio no fina, cuyo reinar no principió, cuyo tiempo no fallecerá,
porque no hay más Dios que él, el misericordioso y clemente!»_