--¡Quién se opondrá ahora á nuestro amor! dijo Betsabé ocultando el
pomo en su seno y rodeando sus brazos al cuello de Juzef; ven, amado
mio, esposo mio. Te llevaré á mi alcázar, y te daré un arnés duro como
el diamante y un caballo hijo del aire. Tú serás hoy el mejor caballero
de Granada; los más fuertes caerán en el polvo al tocarlos tú, y las
más hermosas quedarán cautivas en tu amor, que yo sola gozaré. ¡Qué
hermoso dia va á ser este que ya alumbra el alba, y qué resplandeciente
el sol que la sigue! Tú serás el rey entre ellos; yo la sultana entre
ellas.
Y extasiada, delirante, abarcaba entre sus manos la cabeza de Juzef, y
le bañaba en una mirada saturada de amor.
De repente la sangre subió á sus mejillas, apartóse bruscamente del
príncipe, y envolviéndose en su velo, exclamó:
--¡No estamos solos!