Era ya de noche; las calles estaban envueltas en una oscuridad
profunda; los ajimeces cerrados; los moradores, excepto los guardas
nocturnos, retirados en sus casas; Granada parecia un cementerio.
En medio de aquel silencio, sólo se oia el duro choque de las pisadas
del caballo, que dirigió el walí Abu-Yshac por la plaza de Bib-Rambla,
el Zacatin y el Albaicin, hasta la plaza de Bib-Al-bolut.
Entonces Abu-Yshac desmontó, ató su caballo á una columna de un
soportal, y deslizándose cautelosamente á lo largo de las murallas del
castillo Hins-al-Roman[22], entró en el barrio del Zenete y se detuvo
junto á una puerta poco distante de la _Casa del Gallo_.
[22] Castillo del Romano.
Aquella puerta era la de una hospedería de las fundadas en el Albaicin
por el rey, para viajeros á quienes sus negocios ó su deseo traian á
morar transitoriamente en Granada, y era concurrida por los más ricos
y nobles creyentes del reino. En ella encontraban baños limpísimos,
blandos lechos y exquisitos manjares.
Abu-Yshac observó la casa atentamente, y cuando se hubo persuadido, por
el silencio que dominaba en el interior, de que los habitantes de la
hospedería estaban retirados en sus aposentos, tocó á la puerta con el
pomo de su gumía; pasó un momento hasta que se dejaron oir unas pisadas
cautelosas, y luego dieron por dentro sobre la puerta dos golpes casi
imperceptibles. El walí repitió cuatro de igual modo, y la puerta se
abrió.