En aquel momento Aben-Zohayr cayó aletargado sobre la yerba y vió en
lo recóndito de su espíritu un sueño sombrío: un mancebo hermoso, como
es hermoso un alcázar que ha herido un rayo y á quien la tormenta y el
aguacero han manchado y corroido, se le presentó llevando á Fayzuly más
hermosa que nunca, con la túnica desplegada, los labios entreabiertos
por el deseo y los ojos radiantes y húmedos de amor. El corazon de
Aben-Zohayr parecia iba á romperse, la sangre refluyó á su cabeza, y
sus fáuces secas y ardientes arrojaron un gemido.
--¿Qué quieres? le dijo el espíritu condenado.
--Novecientos años de vida, los secretos de la astrología y Fayzuly.
--¿Y me darás tu alma?
--Sí, gritó el desdichado Aben-Zohayr.
--Pues bien, despierta y bebe agua de la laguna y tendrás lo que me has
pedido.