por donde acaba España y sigue el mar,
hay dos hombres que apoyan la cabeza en la mano;
uno duerme, y el otro parece meditar.
El uno, en la mañana de tibia primavera,
junto a la mar tranquila,
ha puesto entre sus ojos y el mar que reverbera,
los párpados, que borran el mar en la pupila.
Y se ha dormido, y sueña con el pastor Proteo,
que sabe los rebaños del marino guardar;
y sueña que le llaman las hijas de Nereo,
y ha oído los caballos de Poseidón hablar.
El otro mira al agua. Su pensamiento flota;
hijo del mar, navega--o se pone a volar.
Su pensamiento tiene un vuelo de gaviota,
que ha visto un pez de plata en el agua saltar.
Y piensa: «Es esta vida una ilusión marina
de un pescador que un día ya no puede pescar.»
El soñador ha visto que el mar se le ilumina,
y sueña que es la muerte una ilusión del mar.
III
Érase de un marinero
que hizo un jardín junto al mar,
y se metió a jardinero.
Estaba el jardín en flor,
y el jardinero se fué
por esos mares de Dios.
IV
CONSEJOS
Sabe esperar, aguarda que la marea fluya,
--así en la costa un barco--sin que el partir te inquiete.
Todo el que aguarda sabe que la victoria es suya;
porque la vida es larga y el arte es un juguete.
Y si la vida es corta
y no llega la mar a tu galera,
aguarda sin partir y siempre espera,
que el arte es largo y, además, no importa.
V
PROFESIÓN DE FE
Dios no es el mar, está en el mar; riela
como luna en el agua, o aparece
como una blanca vela;
en el mar se despierta o se adormece.
Creó la mar, y nace
de la mar cual la nube y la tormenta;
es el Creador y la criatura lo hace;
su aliento es alma, y por el alma alienta.
Yo he de hacerte, mi Dios, cual tú me hiciste,
y para darte el alma que me diste
en mí te he de crear. Que el puro río
de caridad que fluye eternamente,
fluya en mi corazón. ¡Seca, Dios mío,
de una fe sin amor la turbia fuente!
VI
El Dios que todos llevamos,
el Dios que todos hacemos,
el Dios que todos buscamos
y que nunca encontraremos.
Tres dioses o tres personas
del solo Dios verdadero.
VII
Dice la razón: Busquemos
la verdad.
Y el corazón: Vanidad.
La verdad ya la tenemos.
La razón: ¡Ay, quién alcanza
la verdad!
El corazón: Vanidad.
La verdad es la esperanza.
Dice la razón: Tú mientes.
Y contesta el corazón:
Quien miente eres tú, razón,
que dices lo que no sientes.
La razón: Jamás podremos
entendernos, corazón.
El corazón: Lo veremos.
VIII
Cabeza meditadora,
¡qué lejos se oye el zumbido
de la abeja libadora!
Echaste un velo de sombra
sobre el bello mundo, y vas
creyendo ver, porque mides
la sombra con un compás.
Mientras la abeja fabrica,
melifica,
con jugo de campo y sol,
yo voy echando verdades
que nada son, vanidades
al fondo de mi crisol.
De la mar al percepto,
del percepto al concepto,
del concepto a la idea
--¡oh, la linda tarea!--
de la idea a la mar.
¡Y otra vez a empezar!
CXXXVIII
MI BUFÓN
El demonio de mis sueños
ríe con sus labios rojos,
sus negros y vivos ojos,
sus dientes finos, pequeños.
Y jovial y picaresco
se lanza a un baile grotesco,
luciendo el cuerpo deforme
y su enorme
joroba. Es feo y barbudo
y chiquitín y panzudo.
Yo no sé por qué razón,
de mi tragedia, bufón,
te ríes... Mas tu eres vivo
por tu danzar sin motivo.
ELOGIOS
CXXXIX
A DON FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS
Como se fué el maestro,
la luz de esta mañana
me dijo: Van tres días
que mi hermano Francisco no trabaja.
¿Murió?... Sólo sabemos
que se nos fué por una senda clara,
diciéndonos: Hacedme
un duelo de labores y esperanzas.
Sed buenos y no más, sed lo que he sido
entre vosotros: alma.
Vivid, la vida sigue,
los muertos mueren y las sombras pasan;
lleva quien deja y vive el que ha vivido.
¡Yunques, sonad; enmudeced, campanas!
Y hacia otra luz más pura
partió el hermano de la luz del alba,
del sol de los talleres,
el viejo alegre de la vida santa.
...Oh, sí, llevad, amigos,
su cuerpo a la montaña,
a los azules montes
del ancho Guadarrama.
Allí hay barrancos hondos
de pinos verdes donde el viento canta.
Su corazón repose
bajo una encina casta,
en tierra de tomillos, donde juegan
mariposas doradas...
Allí el maestro un día
soñaba un nuevo florecer de España.
_Baeza, 21 febrero, 1915._
CXL
AL JOVEN MEDITADOR JOSÉ ORTEGA GASSET
A ti laurel y yedra
corónente, dilecto
de Sofía, arquitecto.
Cincel, martillo y piedra
y masones te sirvan; las montañas
de Guadarrama frío
te brinden el azul de sus entrañas,
meditador de otro Escorial sombrío;
y que Felipe austero,
al borde de su regia sepultura,
asome a ver la nueva arquitectura,
y bendiga la prole de Lutero.
CXLI
A XAVIER VALCARCE
...En el Intermedio de la primavera.
Valcarce, dulce amigo, si tuviera
la voz que tuve antaño, cantaría
el intermedio de tu primavera
--porque aprendiz he sido de ruiseñor un día--,
y el rumor de tu huerto--entre las flores
el agua oculta corre, pasa y suena
por acequias, regatos y atanores--,
y el inquieto bullir de tu colmena,
y esa doliente juventud que tiene
ardores de faunalias,
y que pisando viene
la huella a mis sandalias.
Mas hoy... ¿será porque el enigma grave
me tentó en la desierta galería,
y abrí con una diminuta llave
el ventanal del fondo que da a la mar sombría?
¿Será porque se ha ido
quien asentó mis pasos en la tierra,
y en este nuevo ejido
sin rubia mies, la soledad me aterra?
No sé, Valcarce, mas cantar no puedo;
se ha dormido la voz en mi garganta,
y tiene el corazón un salmo quedo.
Ya sólo reza el corazón, no canta.
Mas hoy, Valcarce, como un fraile viejo
puedo hacer confesión, que es dar consejo.
En este día claro, en que descansa
tu carne de quimeras y amoríos
--así en amplio silencio se remansa
el agua bullidora de los ríos--,
no guardes en tu cofre la galana
veste dominical, el limpio traje,
para llenar de lágrimas mañana
la mustia seda y el marchito encaje,
sino viste, Valcarce, dulce amigo,
gala de fiesta para andar contigo.
Y cíñete la espada rutilante,
y lleva tu armadura,
el peto de diamante
debajo de la blanca vestidura.
¡Quién sabe! Acaso tu domingo sea
la jornada guerrera y laboriosa,
el día del Señor, que no reposa,
el claro día en que el Señor pelea.
CXLII
MARIPOSA DE LA SIERRA
A Juan Ramón Jiménez, por su libro _Platero y yo_.
¿No eres tú, mariposa,
el alma de estas sierras solitarias,
de sus barrancos hondos
y de sus cumbres agrias?
Para que tú nacieras,
con su varita mágica
a las tormentas de la piedra, un día,
mandó callar un hada,
y encadenó los montes,
para que tú volaras.
Anaranjada y negra,
morenita y dorada,
mariposa montés, sobre el romero
plegadas las alillas o, voltarias,
jugando con el sol, o sobre un rayo
de sol crucificadas.
¡Mariposa montés y campesina,
mariposa serrana,
nadie ha pintado tu color; tú vives
tu color y tus alas
en el aire, en el sol, sobre el romero,
tan libre, tan salada!...
Que Juan Ramón Jiménez
pulse por ti su lira franciscana.
_Sierra de Cazorla, 28 mayo, 1915._
CXLIII
DESDE MI RINCÓN
ELOGIOS
Al libro _Castilla_, del maestro Azorín,
con motivos del mismo.
Con este libro de melancolía,
toda Castilla a mi rincón me llega;
Castilla la gentil y la bravía,
la parda y la manchega.
¡Castilla, España de los largos ríos
que el mar no ha visto y corre hacia los mares;
Castilla de los páramos sombríos,
Castilla de los negros encinares.
Labriegos transmarinos y pastores
trashumantes--arados y merinos--,
labriegos con talante de señores,
pastores del color de los caminos.
Castilla de grisientos peñascales,
pelados serrijones,
barbechos y trigales,
malezas y cambrones.
Castilla azafranada y polvorienta,
sin montes, de arreboles purpurinos,
Castilla visionaria y soñolienta
de llanuras, viñedos y molinos.
Castilla--hidalgos de semblante enjuto,
rudos jaques y orondos bodegueros--,
Castilla--trajinantes y arrieros
de ojos inquietos, de mirar astuto--,
mendigos rezadores,
y frailes pordioseros,
boteros, tejedores,
arcadores, perailes, chicarreros,
lechuzos y rufianes,
fulleros y truhanes,
caciques y tahures y logreros.
¡Oh, venta de los montes!--Fuencebada,
Fonfría, Oncala, Manzanal, Robledo.--
¡Mesón de los caminos y posada
de Esquivias, Salas, Almazán, Olmedo!
La ciudad diminuta y la campana
de las monjas que tañe, cristalina...
¡Oh, dueña doñeguil tan de mañana
y amor de Juan Ruiz a doña Endrina!
Las comadres--Gerarda y Celestina--
Los amantes--Fernando y Dorotea--
¡Oh casa, oh huerto, oh sala silenciosa!
¡Oh divino vasar en donde posa
_sus dulces ojos verdes Melibea_!
¡Oh jardín de cipreses y rosales,
donde Calisto ensimismado piensa,
que tornan con las nubes inmortales
las mismas olas de la mar inmensa!
¡Y este hoy que mira a ayer; y este mañana
que nacerá tan viejo!
¡Y esta esperanza vana
de romper el encanto del espejo!
¡Y esta agua amarga de la fuente ignota!
¡Y este filtrar la gran hipocondría
de España siglo a siglo y gota a gota!
¡Y este alma de Azorín... y este alma mía
que está viendo pasar, bajo la frente,
de una España la inmensa galería,
cual pasa del ahogado en la agonía
todo su ayer, vertiginosamente!
Basta. Azorín, yo creo
en el alma sutil de tu Castilla,
y en esa maravilla
de tu hombre triste del balcón, que veo
siempre añorar, la mano en la mejilla.
Contra el gesto del persa, que azotaba
la mar con su cadena;
contra la flecha que el tahur tiraba
al cielo, creo en la palabra buena.
Desde un pueblo que ayuna y se divierte,
ora y eructa, desde un pueblo impío
que juega al mus, de espaldas a la muerte,
creo en la libertad y en la esperanza,
y en una fe que nace
cuando se busca a Dios y no se alcanza,
y en el Dios que se lleva y que se hace.
ENVÍO
¡Oh, tú, Azorín que de la mar de Ulises
viniste al ancho llano
en donde el gran Quijote, el buen Quijano,
soñó con Esplandianes y Amadises;
buen Azorín, por adopción manchego,
que guardas tu alma ibera,
tu corazón de fuego
bajo el recio almidón de tu pechera
--un poco libertario
de cara a la doctrina,
¡admirable Azorín, el reaccionario
por asco de la greña jacobina!--;
pero tranquilo, varonil--la espada
ceñida a la cintura
y con santo rencor acicalada--,
sereno en el umbral de tu aventura!
¡Oh, tú, Azorín, escucha: España quiere
surgir, brotar, toda una España empieza.
¿Y ha de helarse en la España que se muere?
¿Ha de ahogarse en la España que bosteza?
Para salvar la nueva epifanía
hay que acudir, ya es hora,
con el hacha y el fuego al nuevo día.
Oye cantar los gallos de la aurora.
_Baeza, 1913._
CXLIV
A UNA ESPAÑA JOVEN
...Fué un tiempo de mentira, de infamia. A España toda,
la malherida España, de Carnaval vestida
nos la pusieron, pobre y escuálida y beoda
para que no acertara la mano con la herida.
Fué ayer; éramos casi adolescentes; era
con tiempo malo, encinta de lúgubres presagios,
cuando montar quisimos en pelo una quimera,
mientras la mar dormía ahita de naufragios.
Dejamos en el puerto la sórdida galera,
y en una nave de oro nos plugo navegar
hacia los altos mares, sin aguardar ribera,
lanzando velas y anclas y gobernalle al mar.
Ya entonces, por el fondo de nuestro sueño--herencia
de un siglo que vencido sin gloria se alejaba--
un alba entrar quería; con nuestra turbulencia
la luz de las divinas ideas batallaba.
Mas cada cual el rumbo siguió de su locura;
agilitó su brazo, acreditó su brío;
dejó como un espejo bruñida su armadura
y dijo: «El hoy es malo, pero el mañana... es mío».
Y es hoy aquel mañana de ayer... Y España toda
con sucios oropeles de Carnaval vestida
aún la tenemos: pobre y escuálida y beoda,
mas hoy de un vino malo: la sangre de su herida.
Tú, juventud más joven, si de más alta cumbre
la voluntad te llega, irás a tu aventura
despierta y transparente a la divina lumbre,
como el diamante clara, como el diamante pura.
_Enero, 1915._
CXLV
ESPAÑA, EN PAZ
En mi rincón moruno, mientras repiquetea
el agua de la siembra bendita en mis cristales
yo pienso en la lejana Europa que pelea,
el fiero norte, envuelto en lluvias otoñales.
Donde combaten galos, ingleses y teutones,
allá, en la vieja Flandes y en una tarde fría,
sobre jinetes, carros, infantes y cañones
pondrá la lluvia el velo de su melancolía.
Envolverá la niebla el rojo expoliario
--sordina gris al férreo claror del campamento--,
las brumas de la Mancha caerán como un sudario
de la flamenca duna sobre el fangal sangriento.
Un César ha ordenado las tropas de Germania
contra el francés heroico y el triste moscovita,
y osó hostigar la rubia pantera de Britania.
Medio planeta en armas contra el teutón milita.
¡Señor! La guerra es mala y bárbara; la guerra,
odiada de las madres, las almas entigrece;
mientras la guerra pasa, ¿quién sembrará la tierra?
¿Quién segará la espiga que junio amarillece?
Albión acecha y caza las quillas en los mares;
Germania arruina templos, moradas y talleres;
la guerra pone un soplo de hielo en los hogares,
y el hambre en los caminos, y el llanto en las mujeres.
Es bárbara la guerra y torpe y regresiva;
¿por qué otra vez a Europa esta sangrienta racha
que siega el alma y esta locura acometiva?
¿por qué otra vez el hombre de sangre se emborracha?
La guerra nos devuelve las podres y las pestes
del Ultramar cristiano; el vértigo de horrores
que trajo Atila a Europa con sus tartareas huestes;
las hordas mercenarias, los púnicos rencores;
la guerra nos devuelve los muertos milenarios
de cíclopes, centauros, Heracles y Teseos;
la guerra resucita los sueños cavernarios
del hombre con peludos mammuthes giganteos.
¿Y bien? El mundo en guerra y en paz España sola.
¡Salud, oh buen Quijano! Por si ese gesto es tuyo,
yo te saludo. ¡Salve! Salud, paz española,
si no eres paz cobarde, sino desdén y orgullo.
Si eres desdén y orgullo, valor de ti, si bruñes
en esa paz, valiente, la enmohecida espada,
para tenerla limpia, sin tacha, cuando empuñes
el arma de tu vieja panoplia arrinconada;
si pules y acicalas tus hierros para, un día,
vestir de luz y, erguida: _heme aquí, pues, España
en alma y cuerpo, toda, para una guerra mía,
heme aquí, pues, vestida para la propia hazaña_,
decir para que diga quien oiga: _es voz, no es eco,
el buen manchego habla palabras de cordura,
parece que el hidalgo amojamado y seco
entró en razón, y tiene espada a la cintura_;
entonces, paz de España, yo te saludo.
Si eres
vergüenza humana de esos rencores cabezudos
con que se matan miles de avaros mercaderes,
sobre la madre tierra que los parió desnudos;
si sabes cómo Europa entera se anegaba
en una paz sin alma, en un afán sin vida,
y que una calentura cruel la aniquilaba,
que es hoy la fiebre de esta pelea fratricida;
si sabes que esos pueblos arrojan sus riquezas
al mar y al fuego--todos--para sentirse hermanos
un día ante el divino altar de la pobreza,
gabachos y tudescos, latinos y britanos,
entonces, paz de España, también yo te saludo,
y a ti, la España fuerte, si, en esta paz bendita,
en tu desdeño esculpes, como sobre un escudo,
dos ojos que avizoran y un ceño que medita.
_Baeza, 10 de noviembre de 1914._
CXLVI
_Flor de santidad._--Novela milenaria,
por don Ramón del Valle-Inclán.
Esta leyenda en sabio romance campesino,
ni arcaico ni moderno, por Valle-Inclán escrita,
revela en los halagos de un viento vespertino,
la santa flor de alma que nunca se marchita.
Es la leyenda campo y campo. Un peregrino
que vuelve solitario de la sagrada tierra
donde Jesús morara, camina sin camino,
entre los agrios montes de la galaica sierra.
Hilando silenciosa, la rueca a la cintura,
Adega, en cuyos ojos la llama azul fulgura
de la piedad humilde, en el romero ha visto,
al declinar la tarde, la pálida figura,
la frente gloriosa de luz y la amargura
de amor que tuvo un día el SALVADOR DOM. CRISTO.
CXLVII
AL MAESTRO RUBÉN DARÍO
Este noble poeta que ha escuchado
los ecos de la tarde y los violines
del otoño en Verlaine, y que ha cortado
las rosas de Ronsard en los jardines
de Francia, hoy, peregrino
de un Ultramar de Sol, nos trae el oro
de su verbo divino.
¡Salterios del loor vibran en coro!
La nave bien guarnida,
con fuerte casco y acerada prora,
de viento y luz la blanca vela henchida
surca, pronta a arribar, la mar sonora;
y yo le grito: ¡Salve! a la bandera
flamígera que tiene
esta hermosa galera
que de una nueva España a España viene.
_1904._
CXLVIII
A LA MUERTE DE RUBÉN DARÍO
Si era toda en tu verso la armonía del mundo,
¿dónde fuiste, Darío, la armonía a buscar?
Jardinero de Hesperia, ruiseñor de los mares,
corazón asombrado de la música astral,
¿te ha llevado Dionysos de su mano al infierno
y con las nuevas rosas triunfante volverás?
¿Te han herido buscando la soñada florida,
la fuente de la eterna juventud, capitán?
Que en esta lengua madre la clara historia quede;
corazones de todas las Españas, llorad.
Rubén Darío ha muerto en Castilla del Oro,
esta nueva nos vino atravesando el mar.
Pongamos, españoles, en un severo mármol,
su nombre, flauta y lira, y una inscripción no más:
nadie esta lira taña, si no es el mismo Apolo,
nadie esta flauta suene si no es el mismo Pan.
_1915._
CXLIX
A NARCISO ALONSO CORTÉS, POETA DE CASTILLA
_Jam senior, sed cruda deo viridisque senecta._
Virgilio (_Eneida_).
Tus versos me han llegado a este rincón manchego,
regio presente en arcas de rica taracea,
que guardan, entre ramos de castellano espliego,
narcisos de Citeres y lirios de Judea.
En tu árbol viejo anida un canto adolescente,
del ruiseñor de antaño la dulce melodía.
Poeta, que declaras arrugas en tu frente,
tu musa es la más noble: se llama Todavía.
El corazón del hombre con red sutil envuelve
el tiempo, como niebla de río una arboleda.
¡No mires: todo pasa; olvida: nada vuelve!
Y el corazón del hombre se angustia... ¡Nada queda!
El tiempo rompe el hierro y gasta los marfiles.
Con limas y barrenas, buriles y tenazas,
el tiempo lanza obreros a trabajar febriles,
enanos con punzones y cíclopes con mazas.
El tiempo lame y roe y pule y mancha y muerde;
socava el alto muro, la piedra agujerea;
apaga la mejilla y abrasa la hoja verde;
sobre las frentes cava los surcos de la idea.
Pero el poeta afronta al tiempo inexorable,
como David al fiero gigante filisteo;
de su armadura busca la pieza vulnerable,
y quiere obrar la hazaña a que no osó Teseo.
Vencer al tiempo quiere. ¡Al tiempo! ¿Hay un seguro
donde afincar la lucha? ¿Quién lanzará el venablo
que cace esa alimaña? ¿Se sabe de un conjuro
que ahuyente ese enemigo, como la cruz al diablo?
El alma. El alma vence--¡la pobre cenicienta,
que en este siglo vano, cruel, empedernido,
por esos mundos vaga escuálida y hambrienta!--
al ángel de la muerte y al agua del olvido.
Su fortaleza opone al tiempo, como el puente
al ímpetu del río sus pétreos tajamares;
bajo ella el tiempo lleva bramando su torrente,
sus aguas cenagosas huyendo hacia los mares.
Poeta, el alma sólo es ancla en la ribera,
dardo cruel y doble escudo adamantino;
y en el diciembre helado, rosal de primavera;
y sol del caminante y sombra del camino.
Poeta, que declaras arrugas en tu frente,
tu noble verso sea más joven cada día;
que en tu árbol viejo suene el canto adolescente,
del ruiseñor eterno la dulce melodía.
_Venta de Cárdenas, 24 octubre._
CXL
MIS POETAS
El primero es Gonzalo de Berceo llamado,
Gonzalo de Berceo, poeta y peregrino,
que yendo en romería acaeció en un prado,
y a quien los sabios pintan copiando un pergamino.
Trovó a Santo Domingo, trovó a Santa María,
y a San Millán, y a San Lorenzo y Santa Oria,
y dijo: mi dictado non es de juglaría;
escrito lo tenemos; es verdadera historia.
Su verso es dulce y grave: monótonas hileras,
de chopos invernales en donde nada brilla;
renglones como surcos en pardas sementeras,
y lejos, las montañas azules de Castilla.
Él nos cuenta el repaire del romeo cansado;
leyendo en santorales y libros de oración,
copiando historias viejas, nos dice su dictado,
mientras le sale afuera la luz del corazón.
CLI
A DON MIGUEL DE UNAMUNO
Por su libro _Vida de Don Quijote y Sancho_.
Este donquijotesco
Don Miguel de Unamuno, fuerte vasco,
lleva el arnés grotesco
y el irrisorio casco
del buen manchego. Don Miguel camina,
jinete de quimérica montura,
metiendo espuela de oro a su locura,
sin miedo de la lengua que malsina.
A un pueblo de arrieros,
lechuzos y tahures y logreros
dicta lecciones de Caballería.
Y el alma desalmada de su raza,
que bajo el golpe de su férrea maza
aún duerme, puede que despierte un día.
Quiere enseñar el ceño de la duda
antes de que cabalgue, al caballero;
cual nuevo Hamlet, a mirar desnuda
cerca del corazón la hoja de acero.
Tiene el aliento de una estirpe fuerte
que soñó más allá de sus hogares,
y que el oro buscó tras de los mares.
Él señala la gloria tras la muerte.
Quiere ser fundador y dice: Creo,
Dios y adelante el ánima española...
Y es tan bueno y mejor que fué Loyola:
sabe a Jesús y escupe al fariseo.
CLII
A JUAN RAMÓN JIMÉNEZ
Por su libro _Arias tristes_.
Era una noche del mes
de mayo, azul y serena,
sobre el agudo ciprés
brillaba la luna llena,
iluminando la fuente
en donde el agua surtía,
sollozando intermitente.
Sólo la fuente se oía.
Después, se escuchó el acento
de un oculto ruiseñor.
Quebró una racha de viento
la curva del surtidor.
Y una dulce melodía
vagó por todo el jardín:
entre los mirtos tañía
un músico su violín.
Era un acorde lamento
de juventud y de amor
para la luna y el viento,
el agua y el ruiseñor.
«El jardín tiene una fuente
y la fuente una quimera...»
Cantaba una voz doliente,
alma de la primavera.
Calló la voz y el violín
apagó su melodía.
Quedó la melancolía
vagando por el jardín.
Sólo la fuente se oía.
PUBLICACIONES DE LA
RESIDENCIA DE ESTUDIANTES
Estas publicaciones responden a la necesidad de buscar una
expresión de la actividad espiritual que en la RESIDENCIA y en
torno de ella se ha ido desenvolviendo. Los varios modos en que
va cuajando esta actividad, estarán representados en diferentes
series de libros. No se trata, pues, tan sólo, de dar publicidad
a los trabajos de los Residentes, primeros frutos de su formación
científica, sino de recoger también otras producciones que han
nacido al contacto de la RESIDENCIA con el ambiente ideal exterior.
La obra de la RESIDENCIA ha sabido atraer la atención y el apoyo
moral de literatos, científicos y políticos, que trabajan unidos
a su lado, como si se tratase de una obra propia; y este núcleo
formado en torno de la RESIDENCIA se ha dispuesto con devoción
y con entusiasmo a sembrar en ella y desde ella, en la juventud
española, los ideales de la Patria futura. En fin, la continuidad
de la labor educacional de la RESIDENCIA, la lleva a perpetuar
en sus publicaciones momentos ejemplares de la cultura universal
y de la vida nacional, para todo lo cual encontrará cauce en las
actuales series y en otras nuevas, que a su tiempo saldrán a luz.
SERIE I. CUADERNOS DE TRABAJO:
Con estos cuadernos de Investigación, quisiera la RESIDENCIA
contribuir a la labor científica española.
1. EL SACRIFICIO DE LA MISA, por GONZALO DE
BERCEO. Edición de _Antonio G. Solalinde_.
(Publicado). 1,50 ptas.
2. CONSTITUCIONES BAIULIE MIRABETI (1328).
EDICIÓN de _Galo Sánchez_. (Publicado). 1,50 ptas.
3. ¿QUÉ ES LA ELECTRICIDAD?, por _Blas Cabrera_.
(Publicado). 3,50 ptas.
4. Un profesor español del siglo XVI: JUAN
LORENZO PALMIRENO, por _Miguel Artigas_.
5. BAQUÍLIDES. Traducción del griego, por
_Pedro Bosch y Gimpera_.
6. EL RENACIMIENTO EN ESPAÑA. Introducción
metódica, por _Federico de Onís_.
SERIE II. ENSAYOS:
Componen esta serie trabajos originales que, aun versando sobre
temas concretos de arte, historia, ética, literatura, etc., tienden
a expresar una ideología de amplio interés, en forma cálida y
personal.
1. MEDITACIONES DEL QUIJOTE. Meditación preliminar
y Meditación primera, por _J. Ortega y Gasset_.
(Publicado). 3 ptas.
2. AL MARGEN DE LOS CLÁSICOS, por _Azorín_.
(Publicado). 3,50 ptas.
3. EL PROTECTORADO FRANCÉS EN MARRUECOS Y SUS
ENSEÑANZAS PARA LA ACCIÓN ESPAÑOLA, por
_Manuel González Hontoria_. (Publicado). 4 ptas.
4. EL LICENCIADO VIDRIERA, VISTO POR _Azorín_.
(Publicado). 3 ptas.
5. ENSAYOS. TOMO I, por _M. de Unamuno_.
(Publicado). 3 ptas.
6. UN PUEBLECITO, por _Azorín_. (Publicado). 3 ptas.
7. ENSAYOS. Tomo II, por _M. de Unamuno_.
(Publicado). 3 ptas.
8. LA EDAD HEROICA, por _Luis de Zulueta_.
(Publicado). 2,50 ptas.
9. ENSAYOS. Tomo III, por _M. de Unamuno_.
(Publicado). 3 ptas.
10. LA FILOSOFÍA DE HENRI BERGSON, por
_Manuel G. Morente_. (Publicado). 2,50 ptas.
11. ENSAYOS. Tomo IV, por _M. de Unamuno_.
(Publicado). 3 ptas.
12. EL SENTIMIENTO DE LA RIQUEZA EN CASTILLA,
por _Pedro Corominas_. (Publicado). 3,50 ptas.
13. CLAVIJO EN GOETHE Y EN BEAUMARCHAIS,
comentado por _Azorín_.
14. DICCIONARIO FILOSÓFICO PORTÁTIL,
por _Eugenio d'Ors_.
15. LA UNIVERSIDAD ESPAÑOLA, por _F. de Onís_.
16. EL ARTE ESPAÑOL, por _Manuel B. Cossío_.
17. MEDITACIÓN DEL ESCORIAL,
por _J. Ortega y Gasset_.
18. LA EPOPEYA CASTELLANA,
por _Ramón Menéndez Pidal_.
19. EL DERECHO INTERNACIONAL EN LA GUERRA
GRANDE, por _Gabriel Maura_.
20. MEDITACIONES DEL QUIJOTE.
Meditación segunda y Meditación tercera,
por _J. Ortega y Gasset_.
21. ENSAYO SOBRE LA HISTORIA CONSTITUCIONAL DE ESPAÑA
(Estudio de la vida política española en el
siglo XIX, con los textos de las Constituciones),
por _Fernando de los Ríos y Urruti_.