CANCIÓN.

¡Vergüenza para quien ama

la sensualidad y el vicio!

Su pasión es una llama

que se extiende más y más

desde el corazón impuro

donde la aviva el deseo:

es fuego de un antro oscuro

que no se extingue jamás!

* * * * *

Pinchadle, una por una,

por su villano intento,

y en torno de él girando

quemadle sin piedad,

mientras hay luz de luna

que alumbre el firmamento,

y estrellas derramando

su pura claridad.

(_Durante la canción, las hadas pinchan á Falstaff. El doctor Caius

llega por un lado y se escapa con una hada vestida de verde;

Slender por otro lado se lleva á una vestida de blanco. Y llega

Fenton y se lleva á Ana Page. Se oye adentro ruido de caza: todas

las hadas huyen. Falstaff se quita la cabeza de gamo y se

levanta.--Entran Page, Ford, señora Page y señora Ford, y se

apoderan de él._)

PAGE.--No hay que huir. Me parece que esta vez os hemos atrapado. ¿No

habrá nadie sino Herne el cazador que haga vuestro negocio?

SRA. PAGE.--Vamos; os ruego no llevar la broma más lejos. Y ahora, buen

sir Juan, ¿qué tal os gustan las esposas de Windsor? ¿Véis, esposo mío?

¿No sientan mejor estas hermosas astas al bosque que á la ciudad?

FORD.--Y bien, señor mío: ¿quién es ahora el cornudo, el bribón cornudo?

He aquí sus cuernos, señor Brook; y no ha gozado cosa alguna de Ford,

señor Brook, excepto su canasto de la ropa sucia, su bastón, y veinte

libras en dinero, que tendrá que pagar al señor Brook, por cuanto, señor

Brook, se le han embargado los caballos con ese objeto.

SRA. FORD.--Mala suerte hemos tenido, señor Juan; nunca pudimos gozar

una cita. No volveré á tomaros por mi galán, siervo de mis antojos; pero

sí os contaré siempre como á mi ciervo.

FALSTAFF.--Principio á comprender que me han hecho hacer el papel de

asno.

FORD.--Y además el de buey. Las pruebas de uno y otro están á la vista.

FALSTAFF.--¿Y estos no son hadas? Tres ó cuatro veces me asaltó la idea

de que no eran hadas; y sin embargo, la culpabilidad de mi intento, la

súbita sorpresa de mis facultades, convirtió la tosquedad de la ficción

en natural creencia de que á despecho de todo ritmo y razón eran hadas.

He aquí, pues, de qué modo puede degenerar el ingenio en estupidez,

cuando se encamina á un mal propósito.

EVANS.--Servid á Dios, sir Juan, y dejad vuestros malos deseos, y las

hadas no os atormentarán.

FORD.--Bien dicho, duende Hugh.

EVANS.--Y dejad vos también vuestros celos, os lo suplico.

FORD.--Jamás volveré á desconfiar de mi esposa, hasta que podáis

galantearla en lenguaje correcto.

FALSTAFF.--¿Acaso he puesto mi cerebro á secarse al sol, que no veo cómo

evitar un exceso tan grosero como este? ¿También tengo que sufrir á este

cabrón galo? ¿Habré de tener una coronilla de rizos? Ya es tiempo de que

me atorase con un pedazo de queso tostado.

EVANS.--No es bueno poner mantequilla al queso, y vuestro abdomen es

todo mantequilla.

FALSTAFF.--¡Queso y mantequilla! ¿Y se ha de burlar de mí hasta este que

hace trizas el idioma? Bastaría esto para que se acabaran en todo el

reino las malas tentaciones y los paseos á media noche!

SRA. PAGE.--Pero ¡qué! sir Juan: ¿pensáis que aun cuando hubiésemos

arrojado de nuestros corazones toda virtud y nos hubiésemos entregado en

cuerpo y alma al infierno, habría podido el diablo hacer que nos

deleitáramos en vos?

FORD.--¿En un budín? ¿En un saco de linaza?

SRA. PAGE.--¿En un hombre inflado?

PAGE.--Viejo, frío, ajado, y de entrañas intolerables.

FORD.--Y tan maldiciente como Satanás.

PAGE.--Y tan pobre como Job.

FORD.--Y tan depravado como su mujer.

EVANS.--Y dado á la lujuria y á tabernas y al vino y la borrachera, y

los juramentos, y las disputas!

FALSTAFF.--Bien. Soy ahora el blanco de vuestras burlas; tenéis la

ventaja sobre mí; estoy abatido y ni siquiera soy capaz de responder al

zurdo galo: hasta la ignorancia misma es una cimera junto á mí. Podéis

hacer conmigo lo que gustéis.

FORD.--Por cierto, señor mío, que os vamos á llevar á Windsor á casa de

un tal Brook, á quien habéis escamoteado dinero ofreciendo servirle de

tercero. Después de lo que habéis sufrido, se me figura que restituir

ese dinero sería una aflicción cruel.

SRA. FORD.--No, esposo mío; dejad que ese dinero quede ahí por vía de

compensación. Perdonad esa suma y así quedaremos todos amigos.

FORD.--Bien: todo queda perdonado. He aquí mi mano.

PAGE.--Á pesar de todo, alégrate, caballero; porque esta noche vas á

tomar en mi casa un vaso de leche con vino. Allí te reirás de mi esposa

que se ríe ahora de tí; y le dirás que el señor Slender se ha casado con

su hija.

SRA. PAGE.--Hay doctores que lo dudan (_aparte_); pues si Ana Page es mi

hija, á esta hora es ya la esposa del doctor Caius.

(_Entra Slender._)

SLENDER.--¡Oh! ¡Oh! ¡Padre Page!

PAGE.--Hijo ¿qué sucede? ¿Qué ocurre, hijo? ¿Habéis despachado ya?

SLENDER.--¡Despachado! He de hacer que esto lo sepa todo

Gloucestershire. Quisiera verme ahorcado!

PAGE.--¿Por qué motivo?

SLENDER.--Fuí allá abajo, á Eton, á casarme con Ana Page, y resulta que

se ha vuelto un muchachón contrahecho. Si no hubiéramos estado en la

iglesia, yo le habría dado una buena zurra, ó él á mí. Por cierto que no

me hubiera yo movido, si no porque pensé que era Ana Page. Ana Page! Un

muchacho de la oficina de correos!

PAGE.--Pues por vida mía que echasteis mano de él por equivocación.

SLENDER.--Gran noticia me dáis! Ya creo que me equivoqué al tomar un

muchacho por una doncella. Y aunque estaba vestido de mujer, si me

hubiese casado con él no lo habría tomado.

PAGE.--Vuestro propio atolondramiento es el que ha ocasionado esto. ¿No

os dije que conociérais á mi hija por los vestidos?

SLENDER.--Conforme habíamos convenido, me acerqué á ella de blanco y

dije: «¡Chito!» y ella respondió: «¡Morral!» Y sin embargo, no era Ana

sino el muchacho del Correo.

EVANS.--¡Jesús! ¡Señor Slender! ¿No véis cosa mejor que casaros con

muchachos?

PAGE.--Tengo el despecho en el corazón. ¿Qué haré?

SRA. PAGE.--No os enojéis, buen Jorge. Yo sabía vuestro propósito é hice

vestir á mi hija de verde; y en verdad que ahora está en la abadía

casándose con el doctor Caius.

(_Entra Caius._)

CAIUS.--¿Dónde está la señora Page? ¡Voto á sanes, que he sido

embaucado! ¡Me he casado con un muchacho, _un garçon_! ¡un muchacho

campesino! ¡un muchacho que no es Ana Page, voto á!...

SRA. PAGE.--¡Qué! ¿Pues no estaba vestida de verde?

[Illustration]

CAIUS.--¡Sí, por cierto, y era muchacho! He de revolver todo Windsor.

(_Sale Caius._)

SRA. PAGE.--¡Qué cosa tan extraña! ¿Quién se ha llevado á la verdadera

Ana?

PAGE.--Mal me anuncia el corazón. Aquí viene el señor Fenton. (_Entran

Fenton y Ana Page._) ¿Cómo va, señor Fenton?

ANA.--¡Perdón, padre mío! ¡Perdón, buena madre!

PAGE.--¿Cómo es, señorita, que no habéis ido con el señor Slender?

SRA. PAGE.--¿Cómo es, niña, que no fuíste con el doctor Caius?

FENTON.--No debéis aturdirla. Os diré la verdad de todo. Vosotros la

habríais casado vergonzosamente, sin que hubiese habido en su matrimonio

la debida proporción en los afectos. La verdad es que ella y yo,

comprometidos de tiempo atrás, estamos ahora tan seguros, que ya nada

podría separarnos. La falta que ha cometido es santa y no se la puede

llamar con los nombres de engaño y desobediencia en que se falta al

deber; pues con ella ha evitado las mil horas de irreligiosa

desesperación que le habría traído un matrimonio forzado.

FORD.--No os aturdáis. La cosa ya no tiene remedio. En asuntos de amor,

es el cielo quien decide. Los dineros compran tierras; pero á la mujer

nadie la vende sino el destino.

FALSTAFF.--Me alegro, á pesar del empeño especial que habéis puesto

contra mí, de que vuestro dardo haya resbalado.

PAGE.--Bien ¿qué remedio? ¡Fenton, que el cielo te dé alegría! Lo que ha

de ser bien castigado ha de ser bien perdonado.

FALSTAFF.--Cuando se da caza de noche, se persigue á toda clase de

ciervos.

EVANS.--Bailaré y comeré golosinas en vuestra boda.

SRA. PAGE.--Bien: no me entristeceré más tiempo. Señor Fenton, que Dios

os dé muchos, muchos días felices. Buen esposo mío, vamos todos á casa y

delante de un buen fuego riámonos de la aventura; todos, incluso sir

Juan.

FORD.--Sea como dices. Sir Juan: todavía cumpliréis vuestra palabra al

señor Brook; porque esta noche dormirá con la señora Ford.

(_Salen._)

[Illustration]

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4] · 第 180 / 181 题