Mi buen señor Angelo, es necesario que nos excuséis á todos: mi mujer se
pone de mal humor, cuando no llego á tiempo. Decid que me entretuve en
vuestra tienda viendo trabajar en su cadena, y que mañana la llevaréis á
la casa. Pero he aquí un canalla que quiere sostener en mi presencia que
me ha alcanzado en la plaza, que le he golpeado, que le he confiado mil
marcos en oro, y que he renegado de mi casa y mi esposa.--¿Qué quisiste
decirme con esto, grandísimo borracho?
DROMIO DE ÉFESO.--Decid lo que queráis, señor; pero yo sé lo que sé.
Guardo todavía las señales de vuestra mano para probar que me habéis
golpeado en la plaza. Si mi piel fuese un pergamino y vuestros golpes
tinta, vuestra propia escritura atestiguaría lo que digo.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Yo, digo que eres un asno.
DROMIO DE ÉFESO.--Por cierto que así parece por los malos tratos que
recibo y por los golpes que sufro. Debería responder á un puntapié con
una coz, y entonces os guardaríais de mis cascos y tendríais cuidado con
el asno.
ANTÍFOLO.--Estáis triste, señor Baltasar. Ruego á Dios que nuestro
banquete responda á mi buena voluntad y á la buena acogida que
recibiréis aquí.
BALTASAR.--Doy poco valor á vuestro banquete, señor, al lado del alto
valor de vuestra buena acogida.
ANTÍFOLO.--¡Oh! señor Baltasar, sea carne ó pescado, una mesa llena de
buena acogida hace parecer pobre el plato más exquisito.
BALTASAR.--La buena vianda es común, señor; se encuentra hasta en la
mesa de todos los rústicos.
ANTÍFOLO.--Y una buena acogida es aún más común; porque no es nada sino
palabras.
BALTASAR.--Mesa parca y buena acogida hacen una alegre fiesta.
ANTÍFOLO.--Sí, para un huésped avaro y un convidado aún más mezquino.
Pero, aunque mis provisiones sean exiguas, aceptadlas de buena gracia:
podéis encontrar mejor festín, pero no ofrecido más de corazón.--Pero
despacio, mi puerta está cerrada. (_Á Dromio._) Vé á decir que se nos
abra.
DROMIO.--(_Llamando._) Hola, Magdalena, Brígida, Mariana, Cecilia,
Giulieta, Juana.
DROMIO DE SIRACUSA.--(_Dentro._) Silencio, caballo de noria, capón,
gañán, idiota! Aléjate de la puerta ó siéntate en el umbral. ¿Andas
reclutando mozas que así llamas tal surtido de ellas, cuando con una
sola hay ya una de más? Vamos, vete de esta puerta.
DROMIO DE ÉFESO.--¿Qué belitre nos han dado de portero?--Mi amo espera
en la calle.
DROMIO DE SIRACUSA.--Que se marche por donde vino, no sea que coja frío
en los piés.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--¿Quién habla ahí dentro? ¡Hola! abrid la puerta.
DROMIO DE SIRACUSA.--Bien, señor; os diré el cuándo si me decís para
qué!
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--¿Para qué? Para sentarme á comer; no he comido hoy.
DROMIO DE SIRACUSA.--Ni comeréis hoy aquí; volved cuando podáis.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--¿Quién eres para cerrarme la puerta de mi casa?
DROMIO DE SIRACUSA.--Soy portero por el momento, señor, y mi nombre es
Dromio.
DROMIO DE ÉFESO.--¡Ah! bandido! me has robado á la vez mi empleo y mi
nombre. El uno no me ha dado jamás honra y el otro me ha traído amargos
reproches. Si hubieses sido Dromio hoy y hubieses estado en mi lugar,
habrías cambiado con gusto tu facha por un nombre, ó tu nombre por un
asno.
LUCÍA.--(_Del interior de la casa._) ¿Qué barullo es ese? ¿Dromio, qué
gente es esa que está en la puerta?
DROMIO DE ÉFESO.--Lucía, haz entrar á mi amo.
LUCÍA.--No, ciertamente: viene demasiado tarde; puedes decírselo á tu
amo.
DROMIO DE ÉFESO.--¡Santo Dios! Es necesario que ría.--Á vos el
proverbio. ¿Debo colocar mi bastón?
LUCÍA.--Y á vos este otro; quiere decir ¿cuándo? ¿Podéis decirlo?
DROMIO DE SIRACUSA.--Si tu nombre es Lucía, Lucía le has respondido
bien.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--¿Oyes, tontuela? ¿Espero que nos dejarás entrar?
LUCÍA.--Pensaba habéroslo preguntado.
DROMIO DE SIRACUSA.--Y habéis dicho que no.
DROMIO DE ÉFESO.--Vamos, bien, bien contestado; es golpe por golpe.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Ea! maula, déjame entrar.
LUCÍA.--¿Podríais decir para agradar á quién?
DROMIO DE ÉFESO.--Señor, golpead fuerte en la puerta.
[Illustration]
LUCÍA.--Que golpee, hasta que le duela á la puerta.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Te lo haré pagar caro, aunque tenga que echar abajo
la puerta.
LUCÍA.--¿Quién se antoja de eso y de un cepo de piés en la ciudad?
ADRIANA.--(_En el interior de la casa._) ¿Quién hace tanto ruido en la
puerta?
DROMIO DE SIRACUSA.--Bajo mi palabra, que vuestra ciudad está
embarullada por mozos turbulentos.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--¿Estáis ahí, esposa mía? Podíais haber venido un
poco más pronto.
ADRIANA.--¿Vuestra esposa, señor bribón? Ea! Marchaos de esta puerta.
DROMIO DE ÉFESO.--Si tenéis que sufrir, señor, ese bribón no quedará
bueno y sano.
ANGELO.--(_Á Antífolo de Éfeso._) Aquí no hay ni mesa puesta, ni buena
acogida; ya quisiéramos tener una ú otra.
BALTASAR.--Discutiendo lo que se debe hacer, no perderemos una ni otra.
DROMIO DE ÉFESO.--(_Á Antífolo._) Estos señores están en la puerta, mi
amo; decidles pues, que entren.
ANTÍFOLO.--Algo de sospechoso sucede cuando no podemos entrar.
DROMIO DE ÉFESO.--Vuestra sopa está caliente, adentro; y vos quedáis
aquí expuesto al frío. Hay para poner á un hombre furioso como un gamo,
cuando es engañado y burlado de este modo.
ANTÍFOLO.--Vé á traer alguna cosa para derribar la puerta.
DROMIO DE SIRACUSA.--Romped alguna cosa aquí, y yo romperé vuestra
cabeza de bribón.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Vamos, quiero entrar por fuerza; vé á traer una
grúa.
DROMIO DE ÉFESO.--¿Una grúa sin plumas, señor, es lo que queréis decir?
Para un pez sin nadaderas, hé aquí un pájaro sin plumas; si un pájaro
puede hacernos entrar, tunante, desplumaremos un cuervo.
ANTÍFOLO.--Vé pronto á buscarme una grúa de hierro.
BALTASAR.--Tened paciencia, señor. ¡Oh! No lleguéis á tal extremidad.
Hacéis mal á vuestra reputación y vais á poner al alcance de las
sospechas el honor inmaculado de vuestra esposa. Una palabra más.
Vuestra larga experiencia de su sensatez, de su casta virtud, de sus
años y de su modestia alegan en su favor alguna razón que os es
desconocida; no dudéis, señor; ella os explicará por qué se encuentran
hoy cerradas para vos las puertas; dejaos guiar por mí, apartaos de este
lugar con paciencia y vamos á comer juntos á la hostería del Tigre, y al
caer la tarde volved solo para saber la razón de esta extraña sorpresa.
Si queréis entrar por fuerza en medio del movimiento del día, se
suscitarán sobre esto los comentarios del vulgo. Las suposiciones
injuriosas á vuestra reputación, sin mancha aún, se deslizarán hasta
vuestra tumba y se albergarán sobre ella cuando ya no existáis. La
calumnia vive de herencias y se establece para siempre allí donde
penetra una vez.
ANTÍFOLO DE ÉFESO.--Habéis prevalecido. Voy á retirarme tranquilamente,
y á despecho de la alegría, pretenderé estar alegre. Conozco una moza de
humor encantador, bonita y espiritual, un poco extravagante, y, sin
embargo, benigna. Comeremos allí; mi esposa me ha movido querella muy á
menudo por ese motivo, pero inmerecidamente lo protesto. Iremos á comer
donde ella. Volved á vuestra casa y traed la cadena. Sé que ha de estar
terminada á esta hora. Llevadla, os lo ruego, al Puerco-espín, que es la
casa. Voy á regalar esta cadena á mi hostelera, aunque no sea sino para
hacer rabiar á mi esposa; querido amigo, daos prisa; puesto que mi
esposa me cierra las puertas, iré á llamar á otra parte y veremos si me
rechaza del mismo modo.
ANGELO.--Iré á encontraros á esta cita dentro de una hora.
ANTÍFOLO.--Hacedlo; esta broma me costará algún gasto.