ESCENA IV.

La misma. Delante de una casa de campo.

Entran ROSALINDA y CELIA.

ROSALINDA.--No me digas palabra; romperé en llanto.

CELIA.--Hazlo, te ruego; pero ten la bondad de considerar que no sientan

bien las lágrimas á un hombre.

ROSALINDA.--¿Pero no tengo motivo para llorar?

CELIA.--Tanto como se puede desear.--Así, pues, llora.

ROSALINDA.--Hasta su cabello es del color de la falsedad.

CELIA.--Un poco más oscuro que el de Judas; y á fe que sus besos son

nietos legítimos de los de éste.

ROSALINDA.--Por cierto, tiene el cabello de bonito color.

CELIA.--Excelente.--No hay color como tu castaño.

ROSALINDA.--Y tiene un modo de besar tan casto, como el contacto del pan

bendito.

CELIA.--Ha comprado un par de labios fundidos en el molde de los de

Diana.--Una monja de la hermandad del invierno no pondría en sus besos

compunción más edificante.--Hay en ellos una castidad de hielo.

ROSALINDA.--Pero ¿por qué juró venir esta mañana y no viene?

CELIA.--Lo cierto es que no hay verdad en él.

ROSALINDA.--¿Te parece?

CELIA.--Sí: no le tengo por un ratero ni por un ladrón de caballos: pero

en cuanto á su sinceridad en amor, la juzgo tan hueca como un cubilete ó

como una nuez carcomida.

ROSALINDA.--¿Falso en amor?

CELIA.--Sincero, cuando está enamorado; pero creo que no lo está.

ROSALINDA.--Le habéis oído jurar que sí lo está.

CELIA.--«Estaba», es una cosa, y «está» es otra. Fuera de esto, los

juramentos en los enamorados no tienen más fuerza que las palabras de

los taberneros: sólo sirven para confirmar cuentas mentirosas. Él se

halla aquí en el bosque al servicio del duque vuestro padre.

ROSALINDA.--Ayer encontré al duque y tuve larga conversación con él.

Preguntóme de qué familia desciendo, y le dije que de una tan buena como

él; lo cual hizo que se riera y me dejara ir. Pero ¿á qué hablamos de

padres, habiendo un hombre como Orlando?

CELIA.--¡Oh, es un gallardo sujeto! Escribe gallardos versos, dice

gallardas palabras, hace gallardos juramentos y gallardamente los

quebranta, como de través, en el corazón de su amante; como el justador

novicio que espolea su caballo por un solo lado, y rompe su lanza como

un gallardo majadero. Pero donde impera la juventud y guía el paso la

locura, todo es gallardo! ¿Quién viene ahí? (_Entra Corino._)

CORINO.--Señor, y amo mío, habéis indagado más de una vez acerca de

aquel pastor que se quejaba de amores, á quien visteis sentado junto á

mí en el césped alabando á la altiva y desdeñosa zagala que fué su

amante.

CELIA.--Y bien: ¿qué es de él?

CORINO.--Si deseáis ver representar un verdadero espectáculo, entre el

pálido aspecto del verdadero amor, y el encendido color del altivo

desdén y del desprecio, caminad un breve espacio y os conduciré.

CELIA.--Ea! vamos. La vista de unos enamorados alimenta á los otros.

Déjanos contemplar esa vista, y podrás decir que también he desempeñado

un activo papel en su comedia.

(_Salen._)

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4] · 第 85 / 181 题