En la tienda de Bruto.
LUCIO y TICINIO á alguna distancia de ella.
CASIO.--Que me habéis tratado injustamente, se ve en que habéis
condenado y marcado á Lucio Pella por haber recibido aquí sobornos de
los sardios; al paso que mis cartas implorando en su favor, porque
conozco al hombre, han sido despreciadas.
BRUTO.--Os hicisteis injusticia vos mismo, escribiendo en semejante
caso.
CASIO.--En tiempos como el presente, no es oportuno que una pequeña
falta sea tan notada.
BRUTO.--Dejadme deciros, Casio, que vos, vos mismo, tenéis la mala
reputación de la codicia; de vender y traficar por oro nuestros empleos
á personas indignas.
CASIO.--¿Codicia, yo? Bien sabéis, Bruto, que á no ser vos quien habla
¡por los dioses! estas serían vuestras últimas palabras.
BRUTO.--Y á no estar esta corrupción amparada bajo el nombre de Casio,
no tardaría en aparecer el castigo.
CASIO.--¡Castigo!
BRUTO.--¡Acordaos de Marzo, de los ídus de Marzo! ¿No fué por la
justicia que corrió la sangre del gran Julio? ¿Qué villano tocó su
cuerpo y lo hirió, y no por justicia? ¡Qué! ¿Habrá de haber uno de
nosotros, los que pusimos la mano sobre el primer hombre del mundo, sólo
porque protegía á los expoliadores, que manche ahora sus manos con bajos
cohechos? ¿Y venda la alta región de nuestros grandes honores, por la
vil basura que así se pueda recoger?--Antes que ser un romano semejante,
prefiriera ser un perro hambriento.
CASIO.--No me provoquéis, Bruto. No he de sufrirlo. Os olvidáis de vos
mismo al acusarme. Soldado soy, soldado más antiguo y experimentado, más
hábil que vos para dictar condiciones.
BRUTO.--Apartaos. No sois Casio.
CASIO.--Casio soy.
BRUTO.--Digo que no.
CASIO.--Conteneos ó lo olvidaré todo. Mirad por vos mismo. No me tentéis
más.
BRUTO.--¡Fuera! ¡Pobre diablo!
CASIO.--¿Es posible esto?
BRUTO.--Oíd, porque tengo que hablar. ¿Debo yo ceder y abrir campo á
vuestra temeraria cólera? ¿Me asustaré de que me mire un loco?
CASIO.--¡Oh dioses! ¡Oh dioses! ¿Y debo soportar todo esto?
BRUTO.--¿Todo esto? Sí, y más. Enfureceos hasta que estalle vuestro
orgulloso corazón. Id, mostrad á vuestros esclavos cuán iracundo sois, y
que tiemblen vuestros siervos. ¿He de alterarme? ¿He de guardaros
consideración? ¿He de humillarme ante vuestro mal humor? ¡Por los
dioses! que habéis de digerir el veneno de vuestro fastidio, aunque os
haga reventar; porque de hoy en adelante haré de vos mi diversión, sí,
mi hazme-reir, cuando estéis rabioso.
CASIO.--¿Y á esto hemos llegado?
BRUTO.--Decís que sois mejor soldado. Pues mostradlo. Que vuestra
jactancia se convierta en hechos y quedaré muy contento. Por lo que á mí
toca, me alegraría recibir lecciones de hombres nobles.
CASIO.--Me hacéis injusticia en todo. Dije que soy soldado más antiguo,
no mejor.--¿Dije que soy mejor?
BRUTO.--Si lo dijisteis, no me importa.
CASIO.--Cuando César vivía no se atrevió á provocarme así.
BRUTO.--Poco á poco. No os atrevisteis á tentarlo así!
CASIO.--¿No me atreví?
BRUTO.--No.
CASIO.--¡Qué! ¿No atreverme á tentarlo?
BRUTO.--Por vida vuestra, que no.
CASIO.--No contéis demasiado sobre mi afecto.--Podría hacer algo que me
pesara después.
BRUTO.--Ya habéis hecho algo que os debería pesar. Nada hay, Casio, en
vuestras amenazas, que pueda inquietarme; porque estoy tan poderosamente
armado de honradez, que pasan junto á mí como el aire juguetón del que
no puedo hacer caso. Envié á pediros ciertas sumas de oro, que habéis
rehusado; porque yo no sé levantar dinero por medios viles, y antes de
arrancar por fraude de las endurecidas manos de los campesinos su
mezquina ganancia ¡por los cielos! ¡preferiría hacer acuñar mi corazón y
destilar mi sangre por dracmas! Envié donde vos por oro para pagar mis
legiones, y lo negasteis. ¿Fué ese proceder digno de Casio? ¿Habría yo
respondido así á Cayo Casio? Cuando Marco-Bruto llegue á ser tan avaro
que encierre de sus amigos esas miserables monedas, ¡aprontad, oh
dioses, todos vuestros rayos para despedazarle!
CASIO.--No os negué!
BRUTO.--Negasteis.
CASIO.--No negué. El que os trajo mi respuesta fué un imbécil. Bruto ha
desgarrado mi corazón. Un amigo debería soportar los defectos de sus
amigos; pero Bruto exagera los míos.
BRUTO.--No lo hago, sino cuando me hacéis sufrir por ellos.
CASIO.--No me tenéis afecto.
BRUTO.--No me gustan vuestras faltas.
CASIO.--El ojo de un amigo nunca podría ver tales faltas.
BRUTO.--No las vería un adulador, aunque son tan grandes como el monte
Olimpo.
CASIO.--¡Venid, Antonio y joven Octavio, venid y vengaos sólo de Casio!
Porque Casio está cansado del mundo; odiado por aquel á quien ama;
retado por su hermano; oprimido como un siervo; observadas todas sus
faltas y anotadas en el libro y divulgadas y aprendidas de memoria para
arrojárselas al rostro. ¡Oh! ¡Podría llorar el alma por los ojos! Aquí
está mi puñal: he aquí mi pecho desnudo. Dentro hay un corazón más
valioso que la mina de Pluto, más rico que el oro. Si es verdad que eres
un romano, tómale. Yo que te he negado oro, te entrego mi corazón. Hiere
como hiciste con César; yo sé que cuando más lo aborreciste, lo amabas
aún más que lo que nunca amaste á Casio.
BRUTO.--Envainad vuestro puñal. Montad en cólera cuanta os plazca: ya
tendrá libre campo. Haced lo que os plazca: el deshonor será mal humor.
¡Oh Casio! Estáis uncido con un cordero que soporta la cólera como el
pedernal soporta el fuego; y que sólo cuando se le fuerza mucho, despide
una chispa rápida y se enfría al momento.
CASIO.--¿Ha vivido Casio solamente para servir de diversión y risa á su
Bruto, cuando el pesar y la sangre enardecida le irritaban?
BRUTO.--También estaba yo irritado cuando hablé así.
CASIO.--¿Confesáis esto? Dadme vuestra mano.
BRUTO.--Y mi corazón también.
CASIO.--¡Oh Bruto!
BRUTO.--¿Qué hay ahora?
CASIO.--¿No tenéis por mí bastante afecto para tolerarme, cuando ese
violento humor que me dió mi madre, me hace olvidarlo todo?
BRUTO.--Sí, Casio. Y en adelante, cuando seáis demasiado exaltado con
vuestro Bruto, él pensará que es vuestra madre quien regaña y os dejará
así. (_Ruido dentro._)
POETA.--(_Adentro._) Dejadme entrar á ver á los generales.--Hay un
resentimiento entre ellos.--No está bien dejarlos solos.
LUCILIO.--(_Adentro._)--No tendréis entrada.