ESCENA III.

En la tienda de Bruto.

LUCIO y TICINIO á alguna distancia de ella.

CASIO.--Que me habéis tratado injustamente, se ve en que habéis

condenado y marcado á Lucio Pella por haber recibido aquí sobornos de

los sardios; al paso que mis cartas implorando en su favor, porque

conozco al hombre, han sido despreciadas.

BRUTO.--Os hicisteis injusticia vos mismo, escribiendo en semejante

caso.

CASIO.--En tiempos como el presente, no es oportuno que una pequeña

falta sea tan notada.

BRUTO.--Dejadme deciros, Casio, que vos, vos mismo, tenéis la mala

reputación de la codicia; de vender y traficar por oro nuestros empleos

á personas indignas.

CASIO.--¿Codicia, yo? Bien sabéis, Bruto, que á no ser vos quien habla

¡por los dioses! estas serían vuestras últimas palabras.

BRUTO.--Y á no estar esta corrupción amparada bajo el nombre de Casio,

no tardaría en aparecer el castigo.

CASIO.--¡Castigo!

BRUTO.--¡Acordaos de Marzo, de los ídus de Marzo! ¿No fué por la

justicia que corrió la sangre del gran Julio? ¿Qué villano tocó su

cuerpo y lo hirió, y no por justicia? ¡Qué! ¿Habrá de haber uno de

nosotros, los que pusimos la mano sobre el primer hombre del mundo, sólo

porque protegía á los expoliadores, que manche ahora sus manos con bajos

cohechos? ¿Y venda la alta región de nuestros grandes honores, por la

vil basura que así se pueda recoger?--Antes que ser un romano semejante,

prefiriera ser un perro hambriento.

CASIO.--No me provoquéis, Bruto. No he de sufrirlo. Os olvidáis de vos

mismo al acusarme. Soldado soy, soldado más antiguo y experimentado, más

hábil que vos para dictar condiciones.

BRUTO.--Apartaos. No sois Casio.

CASIO.--Casio soy.

BRUTO.--Digo que no.

CASIO.--Conteneos ó lo olvidaré todo. Mirad por vos mismo. No me tentéis

más.

BRUTO.--¡Fuera! ¡Pobre diablo!

CASIO.--¿Es posible esto?

BRUTO.--Oíd, porque tengo que hablar. ¿Debo yo ceder y abrir campo á

vuestra temeraria cólera? ¿Me asustaré de que me mire un loco?

CASIO.--¡Oh dioses! ¡Oh dioses! ¿Y debo soportar todo esto?

BRUTO.--¿Todo esto? Sí, y más. Enfureceos hasta que estalle vuestro

orgulloso corazón. Id, mostrad á vuestros esclavos cuán iracundo sois, y

que tiemblen vuestros siervos. ¿He de alterarme? ¿He de guardaros

consideración? ¿He de humillarme ante vuestro mal humor? ¡Por los

dioses! que habéis de digerir el veneno de vuestro fastidio, aunque os

haga reventar; porque de hoy en adelante haré de vos mi diversión, sí,

mi hazme-reir, cuando estéis rabioso.

CASIO.--¿Y á esto hemos llegado?

BRUTO.--Decís que sois mejor soldado. Pues mostradlo. Que vuestra

jactancia se convierta en hechos y quedaré muy contento. Por lo que á mí

toca, me alegraría recibir lecciones de hombres nobles.

CASIO.--Me hacéis injusticia en todo. Dije que soy soldado más antiguo,

no mejor.--¿Dije que soy mejor?

BRUTO.--Si lo dijisteis, no me importa.

CASIO.--Cuando César vivía no se atrevió á provocarme así.

BRUTO.--Poco á poco. No os atrevisteis á tentarlo así!

CASIO.--¿No me atreví?

BRUTO.--No.

CASIO.--¡Qué! ¿No atreverme á tentarlo?

BRUTO.--Por vida vuestra, que no.

CASIO.--No contéis demasiado sobre mi afecto.--Podría hacer algo que me

pesara después.

BRUTO.--Ya habéis hecho algo que os debería pesar. Nada hay, Casio, en

vuestras amenazas, que pueda inquietarme; porque estoy tan poderosamente

armado de honradez, que pasan junto á mí como el aire juguetón del que

no puedo hacer caso. Envié á pediros ciertas sumas de oro, que habéis

rehusado; porque yo no sé levantar dinero por medios viles, y antes de

arrancar por fraude de las endurecidas manos de los campesinos su

mezquina ganancia ¡por los cielos! ¡preferiría hacer acuñar mi corazón y

destilar mi sangre por dracmas! Envié donde vos por oro para pagar mis

legiones, y lo negasteis. ¿Fué ese proceder digno de Casio? ¿Habría yo

respondido así á Cayo Casio? Cuando Marco-Bruto llegue á ser tan avaro

que encierre de sus amigos esas miserables monedas, ¡aprontad, oh

dioses, todos vuestros rayos para despedazarle!

CASIO.--No os negué!

BRUTO.--Negasteis.

CASIO.--No negué. El que os trajo mi respuesta fué un imbécil. Bruto ha

desgarrado mi corazón. Un amigo debería soportar los defectos de sus

amigos; pero Bruto exagera los míos.

BRUTO.--No lo hago, sino cuando me hacéis sufrir por ellos.

CASIO.--No me tenéis afecto.

BRUTO.--No me gustan vuestras faltas.

CASIO.--El ojo de un amigo nunca podría ver tales faltas.

BRUTO.--No las vería un adulador, aunque son tan grandes como el monte

Olimpo.

CASIO.--¡Venid, Antonio y joven Octavio, venid y vengaos sólo de Casio!

Porque Casio está cansado del mundo; odiado por aquel á quien ama;

retado por su hermano; oprimido como un siervo; observadas todas sus

faltas y anotadas en el libro y divulgadas y aprendidas de memoria para

arrojárselas al rostro. ¡Oh! ¡Podría llorar el alma por los ojos! Aquí

está mi puñal: he aquí mi pecho desnudo. Dentro hay un corazón más

valioso que la mina de Pluto, más rico que el oro. Si es verdad que eres

un romano, tómale. Yo que te he negado oro, te entrego mi corazón. Hiere

como hiciste con César; yo sé que cuando más lo aborreciste, lo amabas

aún más que lo que nunca amaste á Casio.

BRUTO.--Envainad vuestro puñal. Montad en cólera cuanta os plazca: ya

tendrá libre campo. Haced lo que os plazca: el deshonor será mal humor.

¡Oh Casio! Estáis uncido con un cordero que soporta la cólera como el

pedernal soporta el fuego; y que sólo cuando se le fuerza mucho, despide

una chispa rápida y se enfría al momento.

CASIO.--¿Ha vivido Casio solamente para servir de diversión y risa á su

Bruto, cuando el pesar y la sangre enardecida le irritaban?

BRUTO.--También estaba yo irritado cuando hablé así.

CASIO.--¿Confesáis esto? Dadme vuestra mano.

BRUTO.--Y mi corazón también.

CASIO.--¡Oh Bruto!

BRUTO.--¿Qué hay ahora?

CASIO.--¿No tenéis por mí bastante afecto para tolerarme, cuando ese

violento humor que me dió mi madre, me hace olvidarlo todo?

BRUTO.--Sí, Casio. Y en adelante, cuando seáis demasiado exaltado con

vuestro Bruto, él pensará que es vuestra madre quien regaña y os dejará

así. (_Ruido dentro._)

POETA.--(_Adentro._) Dejadme entrar á ver á los generales.--Hay un

resentimiento entre ellos.--No está bien dejarlos solos.

LUCILIO.--(_Adentro._)--No tendréis entrada.

Dramas de Guillermo Shakspeare [vol. 4] · 第 41 / 181 题