Todos estos, pues, tienen que morir. Sus nombres están marcados.
OCTAVIO.--Vuestro hermano debe morir también. ¿Consentís, Lépido?
LÉPIDO.--Consiento.
OCTAVIO.--Marcadlo, Antonio.
LÉPIDO.--Á condición de que no vivirá Publio, que es hijo de vuestra
hermana, Marco-Antonio.
ANTONIO.--No vivirá. Mirad: le condeno con esta señal. Pero id, Lépido,
á casa de César; traed el testamento y arreglaremos el modo de suprimir
alguna parte de los legados.
LÉPIDO.--¡Qué! ¿Os hallaré aquí?
_Octavio_.--Aquí ó en el Capitolio. (_Sale Lépido._)
_Antonio_.--Este es un pobre hombre sin mérito que sólo está bueno para
hacer mandados. ¿Es conveniente que, dividido el mundo en tres partes,
venga él á ser uno de los tres que lo dominen?
_Octavio_.--Así lo pensabais y consultasteis su voto sobre quiénes
debían ser marcados para morir en nuestra sentencia de muerte y
proscripción.
[Illustration]
ANTONIO.--Octavio, he vivido más días que vos, y aunque prodigamos estos
honores en este hombre para libertarnos del peso de algunas calumnias,
él no los llevará sino como lleva el asno el oro, para trabajar y sudar
en la faena, ya sea que al señalar el camino sea guiado ó sea arreado. Y
cuando hemos traído nuestro tesoro adonde queremos, le quitamos la carga
y le hacemos irse, como el asno descargado, á sacudir las orejas y pacer
en el campo.
OCTAVIO.--Haced como queráis; pero es un bravo y experto soldado.
ANTONIO.--También lo es mi caballo, Octavio, y por tanto le proveo con
un depósito de heno. Es una criatura á la cual he enseñado á lidiar, á
partir, á detenerse, á correr de frente, gobernados siempre por mi
espíritu los movimientos de su cuerpo. En cierto modo, Lépido no es más
que esto. Tiene que ser enseñado, disciplinado, estimulado á ir
adelante.--Es un espíritu estéril que se alimenta con objetos, artes é
imitaciones, manoseadas por otros hombres y caídas en desuso, pero que
para él son moda nueva. No habléis de él sino como de una propiedad. Y
ahora, Octavio, escuchad grandes cosas. Bruto y Casio están reclutando
fuerzas. Nosotros debemos ir adelante sin vacilar. Combinemos, pues,
nuestra alianza, aseguremos á nuestros más fieles amigos y ensanchemos
nuestros mejores recursos. Reunámonos inmediatamente en consejo para
descubrir mejor las cosas encubiertas y hacer frente á los peligros
visibles.
OCTAVIO.--Hagámoslo; porque estamos en juego, circundados por muchos
enemigos, y me temo que algunos de los que nos sonríen, tienen en su
corazón abismos de maldad.
(_Salen._)