Un movimiento vigoroso de intensidad se reproduce en el espíritu de la

moza, como si se abriese más engrandecido que nunca. Se agolpan en él

las impresiones olvidadas, las evidencias esclarecidas, la muda historia

de una triste juventud.

Ve Dulce Nombre cómo se desenlaza, en un repente brusco, el largo

proceso de su pasión, y no sabe si pertenecen a su vida estas horas

febriles; los pensamientos, sordos y nublados, se le despiertan

lentamente al sabor de su misma acidez; y de la confusión desgarradora

surge de pronto el recuerdo de Nicolás, del enamorado infeliz.

--Vamos--repite acelerada la joven.

Un soplo de alegría la conforta; ya no siente la pesadumbre material: va

de prisa al lado del pastor, hollando los retales de luna que tiemblan

en el suelo...

* * * * *

--El señor está en el jardín--les dice Rosaura, muy sorprendida cuando

llegan a la casona.

--Vete--ruega Dulce Nombre a su acompañante--y avísale que le llamo...;

no le quiero asustar.

Orea el solariego su martirio por una senda de acacias, desvelado a

pesar de la vigilia reciente, y piensa con angustia indecible en la

necesidad de un viaje sin retorno, una ausencia que dure; no podría

resistir la pena cegadora de ver a la amada llenando de hermosura los

días felices del rival.

Mira, desfallecido, el dintorno ingente de su casa, la torre maciza, el

escudo infanzón que de nada le sirven en su reciedumbre material. Aún le

juzga originario de la velada dolencia que a él le consume, siempre

encubierto con la pesadez de los blasones, amordazado para amar y

vivir.

Imagina otra vez que padece el maleficio de una herencia morbosa, llena

de culpas y dolor. Y se vuelve con menos inquietud a contemplar la

tierra amiga, extendiendo el cariño a cuanto le rodea: las llosas de

sembradura, las brañas de pasturaje, los linderos del bosque, la huerta,

el rebujal. Aunque no fuera suyo lo querría fatalmente, con sensuales

apetitos de montañés... Pero es necesario separarse del terruño y del

solar. Hornedo es otra criatura que se dice esta noche, sin valor:

--¿Adónde iré?

Está muy indeciso. Ha fijado la vista en el cielo y la detiene con

obstinación, como si buscase hospitalidad en las montañas de la luna,

cuando se acerca Gil a darle un recado incomprensible.

Se trasmuta el semblante del caballero. Sonríe el pastor enseñando las

encías; el gozo se le esparce por toda la cara al responder a Dulce

Nombre un instante después:

--Ya viene.

Ella concluye, fervorosa:

--Gracias; Dios te bendiga.

Y se dirige al encuentro del padrino, aunque ya no le llame así ni en el

último pliegue de su conciencia.

Bajo el toldo de acacias se reunen, encima de esas flores castas y finas

que nacen pródigas en los caminos.

De lo que habla la mujer no se oye más que un arrullo. Luego ella, con

los labios heridos por la fiebre, se inclina sobre las manos de Nicolás.

La levanta él, deslumbrado, receloso. ¿Es verdad todo aquéllo...? ¿Tanto

se muda la suerte en el curso de pocas horas...? Viene Dulce Nombre a

pedirle sostén y amparo; y viene desamorada, vencida... No la puede

engañar.

--¡Si tú supieras...!--balbuce tembloroso.

-¿Qué?

--El gran secreto de mi vida.

--Lo he sabido.

--¿Cuándo?

--Hace mucho tiempo--supone la moza, engañada por la fantástica

sucesión de las emociones. En seguida añade:--¡Ah, no, no...! Desde

ayer.

--¿Lo comprendes bien, en toda su magnitud?

--Sí.

--¿Y qué dices?--pugna el hidalgo, perdido de ansiedad.

--Que yo te querré...

--¿Como a un padre?

--No--afirma ella resueltamente--; ¡como a un hombre!

La voz y el rostro de la muchacha han perdido su nube dolorosa; las

palabras, entrañables, se le encienden con una fuerza enorme y

tranquila: su corazón se depura, enérgico, frente a la nueva esperanza.

El señor de Luzmela, extenuado por las ambiciones, loco de ventura, está

leyendo su destino en la altanería de aquellos ojos rubios que se le

descubren inmensos y leales.

Llega Dulce Nombre plenamente hasta el hidalgo con los aromas ásperos

del ansar y el salvaje aliento de las montañas; acude envuelta en la

divina armonía de la noche; trae pegado a las sienes el cabello crecido

por las raíces, que le brilla como una corona mojada de sudor.

Y Nicolás recibe en sus brazos a la mujer con silencioso frenesí...

[Ilustración]

ÍNDICE

PRIMERA PARTE Páginas

El molino del ansar 7

Dulce Nombre 17

Los copos de las horas 27

Almas torcaces 37

El eterno manantial 49

La penitencia 53

Cada cual con su cruz 65

Las cumbres del deseo 73

Las alas de la paloma 81

La cautiva 89

La mano de nieve 95

Centella de amor 107

SEGUNDA PARTE

El puñal en la herida 119

Surcos y treguas 129

Cualquiera tiempo pasado fué mejor 137

El caballero de la gleba 149

Los senderos de la muerte 163

TERCERA PARTE

La hija 171

El retrato 177

Fraternidad 187

Renunciamiento 197

Alba de luna 209

El papel azul 217

La libertad 225

En los nidos de antaño 237

La noche encubridora 255

El faro rojo 265

Dulce Nombre (Novela) · 第 9 / 9 段