XII

—¿Y las cartas acusadoras? —me preguntará alguno.

¡Bah! Eran las cartas que conservaba la vieja del desván; la vieja que

prestó su vestido y su espíritu a mi mujer aquella noche. En cuanto fue

de día, lo vi claramente.

¿Que por qué se dejó matar ella? ¿Que por qué fue dócil, hasta el

último instante de su vida, a la estúpida alucinación de creerse

adúltera?

¡Ah! ¿Qué sé yo?

Narraciones maravillosas y biografías ejemplares de algunos grandes hombres humildes y desconocidos · 第 61 / 67 题