--¡Ved por lo que[30-4] no os diría el nombre de ese pintor
aunque lo recordase! ¡Ved por lo que no os diré a qué convento
se ha refugiado!
--Pues bien, padre, ¡el Rey y el Papa os obligarán á decirlo!
30 (respondió Rubens exasperado.)--Yo me encargo de que así
suceda.
--¡Oh! ¡No lo haréis! (exclamó el fraile.)--¡Haríais muy
mal, señor Rubens!--Llevaos[30-5] el cuadro si queréis; pero dejad
tranquilo al que descansa.--¡Os hablo en nombre de Dios!-- (p31)
¡Sí! Yo he conocido, yo he amado, yo he consolado, yo he
redimido, yo he salvado de entre las olas de las pasiones y las
desdichas, náufrago y agonizante, a ese grande hombre, como vos
decis, a ese infortunado y ciego mortal, como yo le llamo;
05 olvidado[31-1] ayer de Dios y de sí mismo, hoy cercano a la suprema
felicidad!...--¡La gloria!...--¿Conocéis alguna mayor
que aquélla a que él aspira? ¿Con qué derecho queréis resucitar
en su alma los fuegos fatuos de las vanidades de la tierra,
cuando arde en su corazón la pira inextinguible de la caridad?
10 --¿Creéis que ese hombre, antes de dejar el mundo, antes de
renunciar a las riquezas, a la fama, al poder, a la juventud, al
amor, a todo lo que desvanece a las criaturas, no habrá sostenido
ruda batalla con su corazón? ¿No adivináis los desengaños y
amarguras que lo llevarían[31-2] al conocimiento de la mentira de
15 las cosas humanas?--Y ¿queréis volverlo a la pelea cuando ya
ha triunfado?
--Pero ¡eso es renunciar a la inmortalidad!--gritó Rubens.
--¡Eso es aspirar a ella!
--Y ¿con qué derecho os interponéis vos entre ese hombre
20 y el mundo?--¡Dejad que le hable, y él decidirá!
--Lo hago con el derecho de un hermano mayor, de un
maestro, de un padre; que todo esto soy para él.... ¡Lo hago
en el nombre de Dios, os vuelvo a decir!--Respetadlo...,
para bien de vuestra alma.
25 Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha
y se alejó a lo largo del templo.[31-3]
--Vámonos[31-4] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca hacer.
--¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la
30 anterior conversación había estado mirando alternativamente al
lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco
se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro?
--¡Calla![31-5] ¡Pues es verdad!--exclamaron todos.
--Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años
que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía (p32)
razón cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo
retrato y obra de un religioso vivo.--Ahora bien: ¡Dios me
confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior!
Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente,
05 veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando
los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer.
--¡_Él era_..., sí!... (balbuceó el artista.)--¡Oh!...
Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese
hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!--¡Dejémoslo
10 morir en paz!
Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había
sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[32-1] donde lo
honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[32-2]
Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella
15 humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo la maravillosa
pintura, y aun de hablar otra vez con su presunto autor.
Pero el cuadro no estaba ya en su sitio.
En cambio se encontró con que[32-3] en la nave principal del templo
había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad,
20 que salmodiaba el Oficio de difuntos....
Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre
Prior.--¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa
y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)--¡Ahora
25 es cuando más se parece a su obra!
Madrid, 1858.