25 --¡Sí, padre; el Papa!--repitió Rubens.

--¡Ved por lo que[30-4] no os diría el nombre de ese pintor

aunque lo recordase! ¡Ved por lo que no os diré a qué convento

se ha refugiado!

--Pues bien, padre, ¡el Rey y el Papa os obligarán á decirlo!

30 (respondió Rubens exasperado.)--Yo me encargo de que así

suceda.

--¡Oh! ¡No lo haréis! (exclamó el fraile.)--¡Haríais muy

mal, señor Rubens!--Llevaos[30-5] el cuadro si queréis; pero dejad

tranquilo al que descansa.--¡Os hablo en nombre de Dios!-- (p31)

¡Sí! Yo he conocido, yo he amado, yo he consolado, yo he

redimido, yo he salvado de entre las olas de las pasiones y las

desdichas, náufrago y agonizante, a ese grande hombre, como vos

decis, a ese infortunado y ciego mortal, como yo le llamo;

05 olvidado[31-1] ayer de Dios y de sí mismo, hoy cercano a la suprema

felicidad!...--¡La gloria!...--¿Conocéis alguna mayor

que aquélla a que él aspira? ¿Con qué derecho queréis resucitar

en su alma los fuegos fatuos de las vanidades de la tierra,

cuando arde en su corazón la pira inextinguible de la caridad?

10 --¿Creéis que ese hombre, antes de dejar el mundo, antes de

renunciar a las riquezas, a la fama, al poder, a la juventud, al

amor, a todo lo que desvanece a las criaturas, no habrá sostenido

ruda batalla con su corazón? ¿No adivináis los desengaños y

amarguras que lo llevarían[31-2] al conocimiento de la mentira de

15 las cosas humanas?--Y ¿queréis volverlo a la pelea cuando ya

ha triunfado?

--Pero ¡eso es renunciar a la inmortalidad!--gritó Rubens.

--¡Eso es aspirar a ella!

--Y ¿con qué derecho os interponéis vos entre ese hombre

20 y el mundo?--¡Dejad que le hable, y él decidirá!

--Lo hago con el derecho de un hermano mayor, de un

maestro, de un padre; que todo esto soy para él.... ¡Lo hago

en el nombre de Dios, os vuelvo a decir!--Respetadlo...,

para bien de vuestra alma.

25 Y, así diciendo, el religioso cubrió su cabeza con la capucha

y se alejó a lo largo del templo.[31-3]

--Vámonos[31-4] (dijo Rubens.) Yo sé lo que me toca hacer.

--¡Maestro! (exclamó uno de los discípulos, que durante la

30 anterior conversación había estado mirando alternativamente al

lienzo y al religioso.) ¿No creéis, como yo, que ese viejo frailuco

se parece muchísimo al joven que se muere en este cuadro?

--¡Calla![31-5] ¡Pues es verdad!--exclamaron todos.

--Restad las arrugas y las barbas, y sumad los treinta años

que manifiesta la pintura, y resultará que el maestro tenía (p32)

razón cuando decía que ese religioso muerto era a un mismo tiempo

retrato y obra de un religioso vivo.--Ahora bien: ¡Dios me

confunda si ese religioso vivo no es el Padre Prior!

Entretanto Rubens, sombrío, avergonzado y enternecido profundamente,

05 veía alejarse al anciano, el cual lo saludó cruzando

los brazos sobre el pecho poco antes de desaparecer.

--¡_Él era_..., sí!... (balbuceó el artista.)--¡Oh!...

Vamonos.... (añadió volviéndose a sus discípulos.) ¡Ese

hombre tenía razón! ¡Su gloria vale más que la mía!--¡Dejémoslo

10 morir en paz!

Y dirigiendo una última mirada al lienzo que tanto le había

sorprendido, salió del templo y se dirigió a Palacio,[32-1] donde lo

honraban SS. MM. teniéndole a la mesa.[32-2]

Tres días después volvió Rubens, enteramente solo, a aquella

15 humilde capilla, deseoso de contemplar de nuevo la maravillosa

pintura, y aun de hablar otra vez con su presunto autor.

Pero el cuadro no estaba ya en su sitio.

En cambio se encontró con que[32-3] en la nave principal del templo

había un ataúd en el suelo, rodeado de toda la comunidad,

20 que salmodiaba el Oficio de difuntos....

Acercóse a mirar el rostro del muerto, y vió que era el Padre

Prior.--¡Gran pintor fué!... (dijo Rubens, luego que la sorpresa

y el dolor hubieron cedido lugar a otros sentimientos.)--¡Ahora

25 es cuando más se parece a su obra!

Madrid, 1858.

Novelas Cortas · 第 80 / 274 题