Al fin te distingo....
¡Ibas a morir fusilado!
Faltaban dos víctimas para llegar a ti....
¿Qué hacer?
(p23)
Me volví loco; dí un grito; te cogí entre mis brazos, y, con
una voz ronca, desgarradora, tremebunda, exclamé:
--¡Éste no! ¡Éste no, mi General!...
El General, que mandaba el cuadro, y que tanto me conocía[23-1]
05 por mi comportamiento de la víspera, me preguntó:
--Pues qué, ¿es músico?
Aquella palabra fué para mí lo que sería para un viejo ciego
de nacimiento ver de pronto el sol en toda su refulgencia.
La luz de la esperanza brilló a mis ojos tan súbitamente, que
10 los cegó.
--¡Músico (exclamé); sí..., sí..., mi General! ¡Es
músico! ¡Un gran músico!
Tú, entretanto, yacías sin conocimiento.
--¿Qué instrumento toca?--preguntó el General.
15 --El... la... el... el...; ¡si!... ¡justo!...,
eso es..., ¡la corneta de llaves!
--¿Hace falta un corneta[23-2] de llaves?--preguntó el General,
volviéndose a la banda de música.
Cinco segundos, cinco siglos, tardó la contestación.