--¡Se lo suplica a V.[15-7] su nietecito!...
--Y su sobrina....
--¡Dejadme, por Dios!--He dicho que no toco.
--¿Por qué?
20 --Porque no me acuerdo; y porque, además, he jurado no
volver a aprender....
--¿A quién se lo ha jurado?
--¡A mí mismo, a un muerto, y a tu pobre madre, hija
mía!
25 Todos los semblantes se entristecieron súbitamente al escuchar
estas palabras.
--¡Oh!... ¡Si supierais a qué costa aprendí a tocar la
corneta!...--añadió el viejo.
--¡La historia! ¡La historia! (exclamaron los jóvenes.)
30 Contadnos esa historia.
--En efecto.... (dijo D. Basilio.)--Es toda una historia.
Escuchadla, y vosotros juzgaréis si puedo o no puedo tocar la
corneta....
Y sentándose bajo un árbol rodeado de unos curiosos y (p16)
afables adolescentes, contó la historia de sus lecciones de
música.
No de otro modo, _Mazzepa_,[16-1] el héroe de Byron, contó una
noche a Carlos XII,[16-2] debajo de otro árbol, la terrible historia
05 de sus lecciones de equitación.
Oigamos a D. Basilio.