EN CANDELERO

Que va á Alicante; que prefiere á Valencia; que acaso se decida por

Barcelona.

--»Que ya no va á Barcelona, ni á Valencia, ni á Alicante, porque viene

á Santander.

--»Que ya no va á ninguna parte.

--»Que le son indispensables los baños de mar, y que tiene que tomarlos.

--»Que se decide por la playa del Sardinero.

--»Que vendrá en julio; que acaso no pueda venir hasta principios

de agosto; que lo probable es que ya no venga hasta muy cerca de

septiembre.

--»Que ya no viene ni en julio, ni en agosto, ni en septiembre.

--»Que, por fin, viene, y se cree que se hospedará en una fonda del

Sardinero.

--»Que es cosa resuelta que llegará el tantos de julio, y que no se

hospedará en el Sardinero, sino en la ciudad.

--»Que no se sabe si le tendrá en su casa el marqués de X, ó el conde

de Z, ó D. Pedro, ó D. Juan, ó D. Diego.

--»Que resueltamente se hospedará en casa del señor de Tal».

Eso, y mucho más por el estilo, cuentan, corrigen, desmienten,

rectifican y aseguran todos los días estos periódicos locales, con el

testimonio de los de Madrid y algunas correspondencias particulares,

desde mayo á fin de julio, casi en cada año, refiriéndose á alguno de

los personajes que á la sazón se hallen _en candelero_.

Un día vemos conducir á hombros, por la calle, una lujosa sillería, un

espejo raro, una mesa de noche muy historiada... algo, en fin, que no

se ve en público á todas horas; observamos que las señoras indígenas

transeúntes se quedan atónitas mirando los muebles, y hasta las oímos

exclamar:--«Son para el gabinete que _le_ están poniendo. El espejo es

de Fulanita, la mesa de Mengano y la sillería de Perengano».

Y llega el tantos de julio; y por la tarde se ven fraques, levitas y

tal cual uniforme, camino de la Estación, y además el carruaje que

envía el señor de Tal, propio, si le tiene, y si no, prestado.

Poco después estallan en el aire, hacia el extremo del andén, media

docena de cohetes, y casi al mismo tiempo se oye el silbido de la

locomotora que entra en la Estación. Luego salen de ella los viajeros

vulgares, y puede verse en el fondo, enfrente de la puerta, un grupo de

personas apiñadas, confundiéndose en él, con el oro de los uniformes,

el negro paño de la media etiqueta; el cual grupo se cimbrea de medio

arriba muy á menudo, dejando ver, á tiempos, en su centro, una persona

erguida é impasible, como ídolo que recibe la incensada; después el del

centro del grupo, con otros tres de la circunferencia, toman asiento

en el carruaje; sale éste al trote de sus caballos; síguenle, echando

los pulmones por la boca, dos docenas de granujas impertinentes, y una

pareja de guardias municipales que llevan los paraguas y los abrigos

de algunos de los que van en el coche, y vuelven á verse los mismos

fraques y galones de antes camino de la Dársena, pero dispersos y en

desorden.

Y andando, andando, el carruaje llega al punto de su destino.

--¿Cuál de ellos es?--pregunta algún curioso, al ver apearse á los del

coche.

--Ése que va enmedio...

--Pues no tiene la mejor traza,--replica el preguntante, con cierto

desaliento, en la creencia, sin duda, de que el hombre está obligado á

embellecerse á medida que asciende en la escala de los empleos.

Los que le acompañaron hasta su misma casa, salen de ella á poco rato;

y cuando anochece, comienzan á llenar de ruido la barriada la charanga

de la Caridad, y sucesivamente todas las murgas que de la caridad

pública viven.

Al día siguiente vuelven á verse por la calle las libreas de la

etiqueta. Son de los que tienen obligación de ir á ofrecer sus respetos

al recién venido, y de las comisiones de esto y de lo otro. Recibe

á cada grupo á hora distinta, y tiene para todos frases bastante

lisonjeras, ya que no muy variadas.

--Señores--suele decirles:--yo me felicito de recibir el cordial saludo

de... (aquí lo que sean los visitantes) tan dignos y beneméritos.

Estad seguros de que si seguís prestándonos todo el apoyo de vuestra

importantísima adhesión y de vuestro celo é inteligencia en el

desempeño de vuestros respectivos cargos, el Gobierno se envanecerá

de ello; y el país, que tanto espera de nosotros, porque por nosotros

está nadando en la felicidad y en la abundancia, os lo recompensará

con largueza. Yo, fiel intérprete de sus deseos y aspiraciones, os lo

prometo en su nombre.

Se dicen luego cuatro vaguedades sobre la salud del visitado, sobre

la virtud de los baños de ola, y sobre el paisaje y el clima de la

Montaña, y á otra cosa.

Al segundo día, aún se ven algunos curiosos... y curiosas de copete,

husmeando hacia la puerta de la calle, á las horas probables en que

_él_ ha de salir.

Al tercero, nadie se acuerda ya del personaje. Sólo la prensa local

se ocupa, con un celo superior á todo elogio, en decirnos si va ó si

viene; si le _pintan_ los baños; si piensa darse tantos ó cuántos, y

cuántos se ha dado ya; si prefiere el bonito á la merluza; con quién

comió y con quién comerá; á qué hora se acuesta; quiénes le hacen la

tertulia; de qué lado duerme, y á qué hora se levanta.

Al octavo día, observa la gente que por la Plaza Vieja sube un coche

lleno de señores muy espetados.

--Ahí va,--dicen algunos.

--¿Adónde?--se les pregunta.

--Á visitar el Instituto. Desde allí irá á la Farola. Ahora viene del

Cristo de la Catedral.

--Entonces ¿está ya para marcharse?

--Claro; ¡cuando le enseñan _eso_!...

Y así es, en efecto. Al cumplirse la semana y media desde su llegada,

vuelven á verse una mañana, camino de la Estación, los fraques, los

galones, el coche, los granujas y los policías de la otra vez; y en el

andén, el mismo grupo dando sombreradas y apretones de manos al propio

personaje, que va poco á poco desapareciendo en un coche reservado y

muy majo; estalla en los aires otra media docena de cohetes; vuelve á

silbar la locomotora, y parte el tren hacia la Peña del Cuervo, dejando

detrás la consabida crencha de humo vaporoso, que ondula, se enrosca y

serpentea, y al cabo se pierde y desvanece en el espacio, como todas

las vanidades de la tierra.

Durante algunos días después, la gente _bien informada_ se las promete

muy felices para los intereses del común. Todos los proyectos que el

Municipio tiene pendientes de superior resolución, serán despachados

«como se pide»; habrá subvenciones para esto y para lo otro y para lo

de más allá; el puerto va á quedar como nuevo; los barrancos que están

á expensas del Estado á las inmediaciones de Santander, volverán á

ser anchas, firmes y cómodas carreteras... Él lo ha prometido; él lo

ha asegurado; él se lo ha ofrecido en confianza á Juan, á Pedro y á

Diego... Va muy satisfecho de _nosotros_, ¡contentísimo de la acogida

que se le ha hecho!

Claro es que ninguna de estas ofertas se cumple, no sé si porque,

en realidad, no se hicieron, ó porque se olvidaron, como tantas

otras; pero, en cambio, un día del próximo otoño amanecen Caballeros

y Comendadores de tal y de cual, seis docenas de ciudadanos que se

acostaron simples mortales como yo. ¡Única estela que hoy dejan, á su

paso por los pueblos, los varios españoles que gozan del eventual y

efímero privilegio de ser recibidos con música y cohetes!

[Ilustración]

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Bocetos al temple. Tipos trashumantes · 第 77 / 78 题