Puede ser de Rioseco, lo mismo que de Palencia ó de Zamarramala. No es
viejo, ni tampoco joven, ni rubio ni moreno, ni alto ni bajo, ni rico
ni pobre. Trajo baúl de cuero peludo y sombrerera de cartón. Hospedóse
como pudo, y al día siguiente fué á entregar la carta de crédito que
traía, á su orden, contra una casa mercantil de la plaza.
--¿Los señores de Tal y Cual y Compañía?
--Servidores de usted.
--Tenga usted la bondad de enterarse de esta esquelita.
--Cúbrase usted y siéntese.
--Muchas gracias.
--¿Quiere usted recibir ahora la cantidad que los señores Morcajo y
Compañía nos mandan poner á su disposición?
--No, señor: iré tomando á cuenta lo que necesite, si á ustedes les
parece.
--Como usted guste. Y ¿cómo están aquellos señores?
--Tan guapamente... quiero decir, salvo el sobrehueso del don Atanasio,
que no le deja moverse de la silla cuatro años hace.
--Eso es lo peor. Y usted, á lo que parece, ¿se ha venido por ahí á
veranear?
--No fuera malo, señor mío. Por ese solo placer quedárame en casa, que
los tiempos no están para moverse de ella. Vengo, créalo usted, por la
necesidad que tengo de tomar los baños.
--¿Y ya está usted instalado?
--Sí, señor: ahí paro en cá de un paisano, en Santa Clara. Mucha
bestia, mucha mosca y bastante ruido hay; pero como dicen que el olor
de la cuadra es bueno para el pecho, no me pesa haber encontrado eso.
Yo mejor querría un parador con vistas á la mar alta; pero ¡mire usted
que llegué á dar hasta doce reales por un cuarto en el Sardinero, y el
demontres del posaero se me echó á reir! Conque volvíme ahumando á la
ciudad, donde pago medio duro. Le digo á usted que la vida cuesta aquí
un sentido. Pero la pícara necesidad de los baños...
--Pues, hombre, el semblante de usted revela mucha salud.
--¡Calle usted, por Dios, que estoy hecho una carraca vieja!... Como
que si en este mar no la compongo, no me queda más remedio que la
huesera...
--¿Ha tomado usted ya algún baño?
--¡Si llegué ayer, de tardecita; y en un carricoche fuí al Sardinero,
y en el mismo me volví, ya de noche, cuando vi lo caro que andaba por
allí el hospedaje! Ahora vuelvo allá á enterarme de lo tocante al baño;
porque pensar que me he de meter yo en lo que no conozco, siquiera de
oídas, es pensar los imposibles. Conque, si ustedes no mandan otra
cosa, me alegro de verlos tan buenos, reconózcanme por un servidor, y
hasta otro día, que algunos he de volver, si Dios quiere y la salud me
lo permite.
--Muchísimas gracias, y que aprovechen los baños.
--Pues si no me pintan, no será por falta de modo para tomarlos.