De como don Quixote, Barbara y Sancho llegaron á Sigüença, y de los
sucesos que alli todos tuvieron, particularmente Sancho que se vió
apretado en la carcel.
En amaneciendo Dios se despertó don Quixote; que el caos que tenia
en su entendimiento, y confusion de especies de que traia embutida
la imaginativa, le servian de tan desconcertado despertador, que
apenas le dexaban dormir media hora seguida. Pusose, en despertando,
en pie, dando gritos á Sancho, que apenas podia despegar los ojos;
pero fuele forçoso hazerlo, por la prisa que su amo le daba. Con ella
pues ensilló á Rocinante y jumento, mientras don Quixote pagaba la
cama y cena de todos. Hecha esta diligencia y salidos juntos de la
posada, se despidieron de don Quixote el ermitaño y Bracamonte, y
lo mismo hicieron tambien de Sancho Pança, el cual andaba ocupado en
subir á Barbara en una borrica vieja del huesped, que se la alquiló
don Quixote hasta Sigüença, juntamente con una ropa, asimismo vieja,
de su muger, que lo era harto; y habiendo caminado los cuatro desta
suerte lo más del dia, llegaron á la ciudad, y se fueron á un meson,
al cual les encaminó su huesped, que les guiaba, entrando en él bien
acompañados de muchachos, que iban detras diziendo á gritos: ¡Al hombre
armado, muchachos, al hombre armado! En apeandose don Quixote, pidió
al mesonero tinta y papel, y encerrandose con ello en un aposento,
escribió media dozena de carteles para poner en los cantones, que
dezian desta manera: