CAPITULO XXIV

De como don Quixote, Barbara y Sancho llegaron á Sigüença, y de los

sucesos que alli todos tuvieron, particularmente Sancho que se vió

apretado en la carcel.

En amaneciendo Dios se despertó don Quixote; que el caos que tenia

en su entendimiento, y confusion de especies de que traia embutida

la imaginativa, le servian de tan desconcertado despertador, que

apenas le dexaban dormir media hora seguida. Pusose, en despertando,

en pie, dando gritos á Sancho, que apenas podia despegar los ojos;

pero fuele forçoso hazerlo, por la prisa que su amo le daba. Con ella

pues ensilló á Rocinante y jumento, mientras don Quixote pagaba la

cama y cena de todos. Hecha esta diligencia y salidos juntos de la

posada, se despidieron de don Quixote el ermitaño y Bracamonte, y

lo mismo hicieron tambien de Sancho Pança, el cual andaba ocupado en

subir á Barbara en una borrica vieja del huesped, que se la alquiló

don Quixote hasta Sigüença, juntamente con una ropa, asimismo vieja,

de su muger, que lo era harto; y habiendo caminado los cuatro desta

suerte lo más del dia, llegaron á la ciudad, y se fueron á un meson,

al cual les encaminó su huesped, que les guiaba, entrando en él bien

acompañados de muchachos, que iban detras diziendo á gritos: ¡Al hombre

armado, muchachos, al hombre armado! En apeandose don Quixote, pidió

al mesonero tinta y papel, y encerrandose con ello en un aposento,

escribió media dozena de carteles para poner en los cantones, que

dezian desta manera:

El Quijote apócrifo · 第 34 / 58 题