Desta manera me fue forzado sacar fuerzas de flaqueza y, poco a poco,
con ayuda de las buenas gentes di comigo en esta insigne ciudad de
Toledo, adonde con la merced de Dios dende a quince días se me cerró la
herida; y mientras estaba malo, siempre me daban alguna limosna, mas
después que estuve sano, todos me decían:
"Tú, bellaco y gallofero eres. Busca, busca un amo a quien sirvas."
"¿Y adónde se hallará ése -decía yo entre mí- si Dios agora de nuevo,
como crió el mundo, no le criase?
Andando así discurriendo de puerta en puerta, con harto poco remedio,
porque ya la caridad se subió al cielo, topóme Dios con un escudero que
iba por la calle con razonable vestido, bien peinado, su paso y compás
en orden. Miróme, y yo a él, y díjome:
"Mochacho, ¿buscas amo?"