¿Y el aceite divino?
Las olas agonizan.
¿Has querido
Jugar como si fuéramos
Soldaditos?
Dime, Señor,
¡Dios mío!
¿No llega el dolor nuestro
A tus oídos?
¿No han hecho las blasfemias
Babeles sin ladrillos
Para herirte, o te gustan
Los gritos?
¿Estás sordo? ¿Estás ciego?
¿O eres bizco
De espíritu
Y ves el alma humana
Con tonos invertidos?
¡Oh Señor soñoliento!
¡Mira mi corazón
Frío
Como un membrillo
Demasiado otoñal
Que está podrido!
Si tu luz va a llegar
Abre los ojos vivos
Pero si continúas
Dormido,
Ven, Satanás errante,
Sangriento peregrino,
Ponme la Margarita
Morena en los olivos
Con las trenzas de noche
De Estío,
Que yo sabré encenderle
Sus ojos pensativos
Con mis besos manchados
De lirios.
Y oiré una tarde ciega
Mi ¡Enrique! ¡Enrique!
Lírico,
Mientras todos mis sueños
Se llenan de rocío.
Aquí, Señor, te dejo
Mi corazón antiguo,
Voy a pedir prestado
Otro nuevo a un amigo.
Corazón con arroyos
Y pinos.
Corazón sin culebras
Ni lirios.
Robusto, con la gracia
De un joven campesino,
Que atraviesa de un salto
El río.
BALADA INTERIOR
_16 de julio de 1920_
(VEGA DE ZUJAIRA)
A GABRIEL
El corazón,
Que tenía en la escuela
Donde estuvo pintada
La cartilla primera,
¿Está en ti,
Noche negra?
(Frío, frío,
Como el agua
Del río.)
El primer beso
Que supo a beso y fué
Para mis labios niños
Como la lluvia fresca,
¿Está en ti,
Noche negra?
(Frío, frío,
Como el agua
Del río.)
Mi primer verso.
La niña de las trenzas
Que miraba de frente,
¿Está en ti,
Noche negra?
(Frío, frío,
Como el agua
Del río.)
Pero mi corazón
Roído de culebras,
El que estuvo colgado
Del árbol de la ciencia,
¿Está en ti,
Noche negra?
(Caliente, caliente,
Como el agua
De la fuente.)
Mi amor errante,
Castillo sin firmeza,
De sombras enmohecidas,
¿Está en ti,
Noche negra?
(Caliente, caliente,
Como el agua
De la fuente.)
¡Oh, gran dolor!
Admites en tu cueva
Nada más que la sombra.
¿Es cierto,
Noche negra?
(Caliente, caliente,
Como el agua
De la fuente.)
¡Oh, corazón perdido!
¡Réquiem aeternam!
EL LAGARTO VIEJO
_26 de julio de 1920_
(VEGA DE ZUJAIRA)
En la agostada senda
He visto al buen lagarto
(Gota de cocodrilo)
Meditando.
Con su verde levita
De abate del diablo,
Su talante correcto
Y su cuello planchado,
Tiene un aire muy triste
De viejo catedrático.
¡Esos ojos marchitos
De artista fracasado
Cómo miran la tarde
Desmayada!
¿Es este su paseo
Crepuscular, amigo?
Usad bastón, ya estáis
Muy viejo, Don Lagarto,
Y los niños del pueblo
Pueden daros un susto.
¿Qué buscáis en la senda,
Filósofo cegato,
Si el fantasma indeciso
De la tarde agosteña
Ha roto el horizonte?
¿Buscáis la azul limosna
Del cielo moribundo?
¿Un céntimo de estrella?
¿O acaso
Estudiásteis un libro
De Lamartine, y os gustan
Los trinos platerescos
De los pájaros?
(Miras al sol poniente,
Y tus ojos relucen,
¡Oh, dragón de las ranas!,
Con un fulgor humano.
Las góndolas sin remos
De las ideas, cruzan
El agua tenebrosa
De tus iris quemados.)
¿Venís quizá en la busca
De la bella lagarta,
Verde como los trigos
De Mayo,
Como las cabelleras
De las fuentes dormidas,
Que os despreciaba, y luego
Se fué de vuestro campo?
¡Oh, dulce idilio roto
Sobre la fresca juncia!
¡Pero vivir! ¡qué diantre!
Me habéis sido simpático.
El lema de «me opongo
A la serpiente» triunfa
En esa gran papada
De arzobispo cristiano.
Ya se ha disuelto el sol
En la copa del monte,
Y enturbian el camino
Los rebaños.
Es hora de marcharse,
Dejad la angosta senda
Y no continuéis
Meditando,
Que lugar tendréis luego
De mirar las estrellas
Cuando os coman sin prisa
Los gusanos.
¡Volved a vuestra casa
Bajo el pueblo de grillos!
¡Buenas noches, amigo
Don Lagarto!
Ya está el campo sin gente,
Los montes apagados
Y el camino desierto;
Sólo de cuando en cuando
Canta un cuco en la umbría
De los álamos.
PATIO HÚMEDO
_1920_
Las arañas
Iban por los laureles.
La casualidad
Se va tornando en nieve,
Y los años dormidos
Ya se atreven
A clavar los telares
Del siempre.
La Quietud hecha esfinge
Se ríe de la Muerte
Que canta melancólica
En un grupo
De lejanos cipreses.
La yedra de las gotas
Tapiza las paredes
Empapadas de arcaicos
Misereres.
¡Oh, torre vieja!
Llora
Tus lágrimas mudéjares
Sobre este grave patio
Que no tiene fuente.
Las arañas
Iban por los laureles.
BALADA DE LA PLACETA
_1919_
Cantan los niños
En la noche quieta:
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
LOS NIÑOS.
¿Qué tiene tu divino
Corazón en fiesta?
YO.
Un doblar de campanas
Perdidas en la niebla.
LOS NIÑOS.
Ya nos dejas cantando
En la plazuela.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Qué tienes en tus manos
De primavera?
YO.
Una rosa de sangre
Y una azucena.
LOS NIÑOS.
Mójalas en el agua
De la canción añeja.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Qué sientes en tu boca
Roja y sedienta?
YO.
El sabor de los huesos
De mi gran calavera.
LOS NIÑOS.
Bebe el agua tranquila
De la canción añeja.
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
¿Por qué te vas tan lejos
De la plazuela?
YO.
¡Voy en busca de magos
Y de princesas!
LOS NIÑOS.
¿Quién te enseñó el camino
De los poetas?
YO.
La fuente y el arroyo
De la canción añeja.
LOS NIÑOS.
¿Te vas lejos, muy lejos
Del mar y de la tierra?
YO.
Se ha llenado de luces
Mi corazón de seda,
De campanas perdidas,
De lirios y de abejas.
Y yo me iré muy lejos,
Más allá de esas sierras,
Más allá de los mares,
Cerca de las estrellas,
Para pedirle a Cristo
Señor que me devuelva
Mi alma antigua de niño,
Madura de leyendas,
Con el gorro de plumas
Y el sable de madera.
LOS NIÑOS.
Ya nos dejas cantando
En la plazuela,
¡Arroyo claro,
Fuente serena!
Las pupilas enormes
De las frondas resecas,
Heridas por el viento,
Lloran las hojas muertas.
ENCRUCIJADA
_Julio de 1920_
Oh, que dolor el tener
Versos en la lejanía
De la pasión, y el cerebro
Todo manchado de tinta!
¡Oh, que dolor no tener
La fantástica camisa
Del hombre feliz: la piel
--Alfombra del sol--curtida.
(Alrededor de mis ojos
Bandadas de letras giran.)
¡Oh, que dolor el dolor
Antiguo de la poesía,
Este dolor pegajoso
Tan lejos del agua limpia!
¡Oh, dolor de lamentarse
Por sorber la vena lírica!
¡Oh dolor de fuente ciega
Y molino sin harina!
¡Oh, que dolor no tener
Dolor y pasar la vida,
Sobre la hierba incolora
De la vereda indecisa!
¡Oh, el más profundo dolor,
El dolor de la alegría.
Reja que nos abre surcos
Donde el llanto fructifica!
(Por un monte de papel
Asoma la luna fría)
¡Oh dolor de la verdad!
¡Oh dolor de la mentira!
HORA DE ESTRELLAS
_1920_
El silencio redondo de la noche
Sobre el pentágrama
Del infinito.
Yo me salgo desnudo a la calle,
Maduro de versos
Perdidos.
Lo negro, acribillado
Por el canto del grillo,
Tiene ese fuego fatuo,
Muerto,
Del sonido.
Esa luz musical
Que percibe
El espíritu.
Los esqueletos de mil mariposas
Duermen en mi recinto.
Hay una juventud de brisas locas
Sobre el río.
EL CAMINO
No conseguirá nunca
Tu lanza
Herir al horizonte.
La montaña
Es un escudo
Que lo guarda.
No sueñes con la sangre de la luna
Y descansa.
Pero deja camino,
Que mis plantas
Exploren la caricia
De la rociada.
¡Quiromántico enorme!
¿Conocerás las almas
Por el débil tatuaje
Que olvidan en tu espalda?
Si eres un Flanmarión
De las pisadas,
¡Cómo debes amar
A los asnos que pasan
Acariciando con ternura humilde
Tu carne desgarrada!
Ellos solos meditan donde puede
Llegar tu enorme lanza.
Ellos solos, que son
Los Bhudas de la Fauna,
Cuando viejos y heridos deletrean
Tu libro sin palabras.
¡Cuánta melancolía
Tienes entre las casas
Del poblado!
¡Qué clara
Es tu virtud! Aguantas
Cuatro carros dormidos,
Dos acacias,
Y un pozo del antaño
Que no tiene agua.
Dando vueltas al mundo,
No encontrarás posada.
No tendrás camposanto
Ni mortaja,
Ni el aire del amor renovará
Tu substancia.
Pero sal de los campos
Y en la negra distancia
De lo eterno, si tallas
La sombra con tu lima
Blanca ¡oh, camino!
¡Pasarás por el puente
De Santa Clara!
EL CONCIERTO INTERRUMPIDO
_1920_
A ADOLFO SALAZAR
Ha roto la armonía
De la noche profunda,
El calderón helado y soñoliento
De la media luna.
Las acequias protestan sordamente
Arropadas con juncias,
Y las ranas, muecines de la sombra,
Se han quedado mudas.
En la vieja taberna del poblado
Cesó la triste música,
Y ha puesto la sordina a su aristón
La estrella más antigua.
El viento se ha sentado en los torcales
De la montaña obscura,
Y un chopo solitario--el Pitágoras
De la casta llanura--
Quiere dar con su mano centenaria,
Un cachete a la luna.
CANCIÓN ORIENTAL
_1920_
Es la granada olorosa
Un cielo cristalizado.
(Cada grano es una estrella
Cada velo es un ocaso)
Cielo seco y comprimido
Por la garra de los años.
La granada es como un seno
Viejo y apergaminado,
Cuyo pezón se hizo estrella
Para iluminar el campo.
Es colmena diminuta
Con panal ensangrentado
Pues con bocas de mujeres
Sus abejas la formaron.
Por eso al estallar, ríe
Con purpuras de mil labios...
La granada es corazón
Que late sobre el sembrado,
Un corazón desdeñoso
Donde no pican los pájaros,
Un corazón que por fuera
Es duro como el humano,
Pero da al que lo traspasa
Olor y sangre de mayo.
La granada es el tesoro
Del viejo gnomo del prado,
El que habló con niña Rosa,
En el bosque solitario,
Aquél de la blanca barba
Y del traje colorado.
Es el tesoro que aún guardan
Las verdes hojas del árbol.
Arca de piedras preciosas
En entraña de oro vago.
La espiga es el pan. Es Cristo
En vida y muerte cuajado.
El olivo es la firmeza
De la fuerza y el trabajo.
La manzana es lo carnal,
Fruta esfinge del pecado,
Gota de siglos que guarda
De Satanás el contacto.
La naranja es la tristeza
Del azahar profanado,
Pues se torna fuego y oro
Lo que antes fué puro y blanco.
Las vides son la lujuria
Que se cuaja en el verano,
De las que la iglesia saca
Con bendición, licor santo.
Las castañas son la paz
Del hogar. Cosas de antaño.
Crepitar de leños viejos,
Peregrinos descarriados.
La bellota es la serena
Poesía de lo rancio,
Y el membrillo de oro débil
La limpieza de lo sano.
Más la granada es la sangre,
Sangre del cielo sagrado,
Sangre de la tierra herida
Por la aguja del regato.
Sangre del viento que viene
Del rudo monte arañado.
Sangre de la mar tranquila,
Sangre del dormido lago.
La granada es la prehistoria
De la sangre que llevamos,
La idea de sangre, encerrada
En glóbulo duro y agrio,
Que tiene una vaga forma
De corazón y de cráneo.
¡Oh granada abierta!, que eres
Una llama sobre el árbol,
Hermana en carne de Venus,
Risa del huerto oreado.
Te cercan las mariposas
Creyéndote sol parado,
Y por miedo de quemarse
Huyen de ti los gusanos.
Porque eres luz, de la vida,
Hembra de las frutas. Claro
Lucero de la floresta
Del arroyo enamorado.
¡Quién fuera como tú, fruta,
Todo pasión sobre el campo!
CHOPO MUERTO
_1920_
¡Chopo viejo!
Has caído
En el espejo
Del remanso dormido,
Abatiendo tu frente
Ante el poniente.
No fué el vendaval ronco
El que rompió tu tronco,
Ni fué el hachazo grave
Del leñador, que sabe
Has de volver
A nacer.
Fué tu espíritu fuerte
El que llamó a la muerte,
Al hallarte sin nidos, olvidado
De los chopos infantes del prado.
Fué que estabas sediento
De pensamiento,
Y tu enorme cabeza centenaria,
Solitaria
Escuchaba los lejanos
Cantos de tus hermanos.
En tu cuerpo guardabas
Las lavas
De tu pasión,
Y en tu corazón,
El semen sin futuro de Pegaso.
La terrible simiente
De un amor inocente
Por el sol del ocaso.
¡Qué amargura tan honda
Para el paisaje,
El héroe de la fronda
Sin ramaje!
Ya no serás la cuna
De la luna,
Ni la mágica risa
De la brisa,
Ni el bastón de un lucero
Caballero.
No tornará la primavera
De tu vida,
Ni verás la sementera
Florecida.
Serás nidal de ranas
Y de hormigas.
Tendrás por verdes canas
Las ortigas,
Y un día la corriente
Sonriente
Llevará tu corteza
Con tristeza.
¡Chopo viejo!
Has caído
En el espejo
Del remanso dormido.
Yo te vi descender
En el atardecer,
Y escribo tu elegía,
Que es la mía.
CAMPO
_1920_
El cielo es de ceniza.
Los árboles son blancos,
Y son negros carbones
Los rastrojos quemados.
Tiene sangre reseca
La herida del Ocaso,
Y el papel incoloro
Del monte, está arrugado.
El polvo del camino
Se esconde en los barrancos.
Están las fuentes turbias
Y quietos los remansos.
Suena en un gris rojizo
La esquila del rebaño,
Y la noria materna
Acabó su rosario.
El cielo es de ceniza
Los árboles son blancos.
LA BALADA DEL AGUA DEL MAR
_1920_
A EMILIO PRADOS
(CAZADOR DE NUBES)
El mar,
Sonríe a lo lejos.
Dientes de espuma
Labios de cielo.
¿Qué vendes; oh joven turbia
Con los senos al aire?
--Vendo señor, el agua
De los mares.--
¿Qué llevas, oh negro joven,
Mezclado con tu sangre?
--Llevo señor el agua
De los mares.--
¿Esas lágrimas salobres
De dónde vienen, madre?
--Lloro señor, el agua
De los mares.--
¿Corazón; y esta amargura
Seria, de dónde nace?
--¡Amarga mucho el agua
De los mares!--
El mar
Sonríe a lo lejos.
Dientes de espuma
Labios de cielo.
ÁRBOLES
_1919_
¡Árboles!
¿Habéis sido flechas
Caidas del azul?
¿Qué terribles guerreros os lanzaron?
¿Han sido las estrellas?
Vuestras músicas vienen del alma de los pájaros,
De los ojos de Dios,
De la pasión perfecta.
¡Árboles!
¿Conocerán vuestras raíces toscas
Mi corazón en tierra?
LA LUNA Y LA MUERTE
_1919_
La luna tiene dientes de marfil.
¡Qué vieja y triste asoma!
Están los cauces secos,
Los campos sin verdores
Y los árboles mustios
Sin nidos y sin hojas.
Doña Muerte, arrugada,
Pasea por saurales
Con su absurdo cortejo
De ilusiones remotas.
Va vendiendo colores
De cera y de tormenta
Como un hada de cuento
Mala y enredadora.
La luna le ha comprado
Pinturas a la Muerte.
En esta noche turbia
¡Está la luna loca!
Yo mientras tanto pongo
En mi pecho sombrío
Una feria sin músicas
Con las tiendas de sombra.
MADRIGAL
_1919_
Yo te miré a los ojos
Cuando era niño y bueno.
Tus manos me rozaron
Y me distes un beso.
(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)
Y se abrió mi corazón
Como una flor bajo el cielo,
Los pétalos de lujuria
Y los estambres de sueño.
(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)
En mi cuarto sollozaba
Como el príncipe del cuento
Por Estrellita de oro
Que se fué de los torneos.
(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)
Yo me alejé de tu lado
Queriéndote sin saberlo,
No sé como son tus ojos
Tus manos ni tus cabellos.
Solo me queda en la frente
La mariposa del beso.
(Los relojes llevan la misma cadencia,
Y las noches tienen las mismas estrellas.)
DESEO
_1920_
Solo tu corazón caliente,
Y nada más.
Mi paraíso un campo
Sin ruiseñor
Ni liras,
Con un río discreto
Y una fuentecilla.
Sin la espuela del viento
Sobre la fronda,
Ni la estrella que quiere
Ser hoja.
Una enorme luz
Que fuera
Luciernaga
De otra,
En un campo de
Miradas rotas.
Un reposo claro
Y allí nuestros besos,
Lunares sonoros
Del eco,
Se abrirían muy lejos.
Y tu corazón caliente,
Nada más.
LOS ÁLAMOS DE PLATA
_Mayo de 1919_
Los álamos de plata
Se inclinan sobre el agua.
Ellos todo lo saben pero nunca hablarán.
El lirio de la fuente
No grita su tristeza.
¡Todo es más digno que la humanidad!
La ciencia del silencio frente al cielo estrellado,
La posee la flor y el insecto no más.
La ciencia de los cantos por los cantos, la tienen
Los bosques rumorosos
Y las aguas del mar.
El silencio profundo de la vida en la tierra,
Nos lo enseña la rosa
Abierta en el rosal.
¡Hay que dar el perfume
Que encierran nuestras almas!
Hay que ser todo cantos,
Todo luz y bondad.
¡Hay que abrirse del todo
Frente a la noche negra,
Para que nos llenemos de rocío inmortal!
¡Hay que acostar al cuerpo
Dentro del alma inquieta!
Hay que cegar los ojos con luz de más allá.
Tenemos que asomarnos
A la sombra del pecho,
Y arrancar las estrellas que nos puso Satán.
Hay que ser como el árbol
Que siempre está rezando,
Como el agua del cauce
Fija en la eternidad.
¡Hay que arañarse el alma con garras de tristeza
Para que entren las llamas
Del horizonte astral!
Brotaría en la sombra del amor carcomido,
Una fuente de aurora
Tranquila y maternal.
Desaparecerían ciudades en el viento
Y a Dios en una nube
Veríamos pasar.
ESPIGAS
_Junio de 1919_
El trigal se ha entregado a la muerte.
Ya las hoces cortan las espigas.
Cabecean los chopos hablando
Con el alma sutil de la brisa.
El trigal sólo quiere silencio.
Se cuajó con el sol, y suspira
Por el amplio elemento en que moran
Los ensueños despiertos.
El día,
Ya maduro de luz y sonido,
Por los montes azules declina.
¿Qué misterioso pensamiento
Conmueve a las espigas?
¿Qué ritmo de tristeza soñadora
Los trigales agita?...
¡Parecen las espigas viejos pájaros
Que no pueden volar!
Son cabecitas,
Que tienen el cerebro de oro puro
Y expresiones tranquilas.
Todas piensan lo mismo,
Todas llevan
Un secreto profundo que meditan.
Arrancan a la tierra su oro vivo
Y cual dulces abejas del sol, liban
El rayo abrasador con que se visten
Para formar el alma de la harina.
¡Oh, qué alegre tristeza me causais
Dulcísimas espigas!
Venís de las edades más profundas,
Cantásteis en La Biblia,
Y tocáis cuando os rozan los silencios
Un concierto de liras.
Brotáis para alimento de los hombres,
¡Pero mirad las blancas margaritas
Y los lirios que nacen _porque sí_!
¡Momias de oro sobre las campiñas!
La flor silvestre nace para el Sueño
Y vosotras nacéis para la vida.
MEDITACIÓN BAJO LA LLUVIA
FRAGMENTO
_3 de enero de 1919_
A JOSÉ MORA
Ha besado la lluvia al jardín provinciano
Dejando emocionantes cadencias en las hojas.
El aroma sereno de la tierra mojada,
Inunda al corazón de tristeza remota.
Se rasgan nubes grises en el mudo horizonte.
Sobre el agua dormida de la fuente, las gotas
Se clavan, levantando claras perlas de espuma.
Fuegos fatuos, que apaga el temblor de las ondas.
La pena de la tarde estremece a mi pena.
Se ha llenado el jardín de ternura monótona.
¿Todo mi sufrimiento se ha perder, Dios mío,
Como se pierde el dulce sonido de las frondas?
¿Todo el eco de estrellas que guardo sobre el alma
Será luz que me ayude a luchar con mi forma?
¿Y el alma verdadera se despierta en la muerte?
¿Y esto que ahora pensamos se lo traga la sombra?
¡Oh, qué tranquilidad del jardín con la lluvia!
Todo el paisaje casto mi corazón transforma,
En un ruido de ideas humildes y apenadas
Que pone en mis entrañas un batir de palomas.
Sale el sol.
El jardín desangra en amarillo.
Late sobre el ambiente una pena que ahoga.
Yo siento la nostalgia de mi infancia intranquila,
Mi ilusión de ser grande en el amor, las horas
Pasadas como ésta contemplando la lluvia
Con tristeza nativa.
Caperucita roja
Iba por el sendero...
Se fueron mis historias, hoy medito, confuso,
Ante la fuente turbia que del amor me brota.
¿Todo mi sufrimiento se ha de perder, Dios mío,
Como se pierde el dulce sonido de las frondas?
Vuelve a llover.
El viento va trayendo a las sombras.
MANANTIAL
FRAGMENTO
_1919_
La sombra se ha dormido en la pradera.
Los manantiales cantan.
Frente al ancho crepúsculo de invierno
Mi corazón soñaba.
¿Quién pudiera entender los manantiales,
El secreto del agua
Recién nacida. Ese cantar oculto
A todas las miradas
Del espíritu. Dulce melodía
Más allá de las almas?...
Luchando bajo el peso de la sombra
Un manantial cantaba.
Yo me acerqué para escuchar su canto
Pero mi corazón no entiende nada.
Era un brotar de estrellas invisibles
Sobre la hierba casta
Nacimiento del Verbo de la tierra
Por un sexo sin mancha.
Mi chopo centenario de la vega
Sus hojas meneaba
Y eran las hojas trémulas de ocaso
Como estrellas de plata.
El resumen de un cielo de verano
Era el gran chopo.
Mansas
Y turbias de penumbra yo sentía
Las canciones del agua.
¿Qué alfabeto de auroras ha compuesto
Sus ocultas palabras?
¿Qué labios las pronuncian? ¿Y qué dicen
A la estrella lejana?
¡Mi corazón es malo, Señor! Siento en mi carne
La inaplacable brasa
Del pecado. Mis mares interiores
Se quedaron sin playas.
Tu faro se apagó. ¡Ya los alumbra
Mi corazón de llamas!
Pero el negro secreto de la noche
Y el secreto del agua
¿Son misterios tan solo para el ojo
De la conciencia humana?
¿La niebla del misterio no estremece
Al árbol, el insecto y la montaña?
¿El terror de la sombra no lo sienten
Las piedras y las plantas?
¿Es sonido tan solo esta voz mía?
¿Y el casto manantial no dice nada?
Más yo siento en el agua
Algo que me estremece... como un aire
Que agita los ramajes de mi alma.
¡Sé árbol!
(Dijo una voz en la distancia.)
Y hubo un torrente de luceros
Sobre el cielo sin mancha.
Yo me incrusté en el chopo centenario
Con tristeza y con ansia
Cual Dafne varonil que huye miedosa
De un Apolo de sombra y de nostalgia.
Mi espíritu fundióse con las hojas
Y fué mi sangre savia.
En untosa resina convirtióse
La fuente de mis lágrimas.
El corazón se fué con las raíces,
Y mi pasión humana,
Haciendo heridas en la ruda carne
Fugaz me abandonaba.
Frente al ancho crepúsculo de invierno
Yo torcía las ramas
Gozando de los ritmos ignorados
Entre la brisa helada.
Sentí sobre mis brazos dulces nidos,
A cariciar de alas,
Y sentí mil abejas campesinas
Que en mis dedos zumbaban.
¡Tenía una colmena de oro vivo
En las viejas entrañas!
El paisaje y la tierra se perdieron
Sólo el cielo quedaba,
Y escuché el débil ruido de los astros
Y el respirar de las montañas.
¿No podrán comprender mis dulces hojas
El secreto del agua?
¿Llegarán mis raíces a los reinos
Donde nace y se cuaja?
Encliné mis ramajes hacia el cielo
Que las ondas copiaban,
Mojé las hojas en el cristalino
Diamante azul que canta,
Y sentí borbotar los manantiales
Como de humano yo los escuchara.
Era el mismo fluir lleno de música
Y de ciencia ignorada.
Al levantar mis brazos gigantescos
Frente al azul, estaba
Lleno de niebla espesa, de rocío
Y de luz marchitada.
Tuve la gran tristeza vegetal,
El amor a las alas,
Para poder lanzarse con los vientos
A las estrellas blancas.
Pero mi corazón en las raíces
Triste me murmuraba:
Si no comprendes a los manantiales
¡Muere y troncha tus ramas!
¡Señor, arráncame del suelo! ¡Dame oídos
Que entiendan a las aguas!
Dame un voz que por amor arranque
Su secreto a las ondas encantadas;
Para encender tu faro sólo pido
Aceite de palabras.
¡Sé ruiseñor! dice una voz perdida
En la muerta distancia,
Y un torrente de cálidos luceros
Brotó del seno que la noche guarda.
...........................
...........................
MAR
_Abril de 1919_
El mar es
El Lucifer del azul.
El cielo caído
Por querer ser la luz.
¡Pobre mar condenado
A eterno movimiento,
Habiendo antes estado
Quieto en el firmamento!
Pero de tu amargura
Te redimió el amor.
Pariste a Venus pura,
Y quedóse tu hondura
Virgen y sin dolor.
Tus tristezas son bellas,
Mar de espasmos gloriosos.
Mas hoy en vez de estrellas
Tienes pulpos verdosos.
Aguanta tu sufrir
Formidable Satán.
Cristo anduvo por ti,
Mas también lo hizo Pan.
La estrella Venus es
La harmonía del mundo.
¡Calle el Eclesiastés!
Venus es lo profundo
Del alma...
... Y el hombre miserable
Es un ángel caído.
La tierra es el probable
Paraíso perdido.
SUEÑO
_Mayo de 1919_
Iba yo montado sobre
Un macho cabrío.
El abuelo me habló
Y me dijo:
--Ese es tu camino.
¡Es ese!, gritó mi sombra,
Disfrazada de mendigo.
¡Es aquel de oro, dijeron
Mis vestidos!
Un gran cisne me guiñó,
Diciendo: ¡vente conmigo!
Y una serpiente mordía
Mi sayal de peregrino.
Mirando al cielo, pensaba:
Yo no tengo camino.
Las rosas del fin serán
Como las del principio.
En niebla se convierte
La carne y el rocío.
Mi caballo fantástico me lleva
Por un campo rojizo.
¡Déjame!, clamó, llorando,
Mi corazón pensativo.
Yo lo abandoné en la tierra,
Lleno de tristeza.
Vino
La noche, llena de arrugas
Y de sombras.
Alumbran el camino,
Los ojos luminosos y azulados
De mi macho cabrío.
OTRO SUEÑO
_1919_
¡Una golondrina vuela
Hacia muy lejos!...
Hay floraciones de rocío
Sobre mi sueño,
Y mi corazón da vueltas,
Lleno de tedio,
Como un «tío vivo» en que la Muerte
Pasea a sus hijuelos.
¡Quisiera en estos árboles
Atar al tiempo
Con un cable de noche negra,
Y pintar luego
Con mi sangre las riberas
Pálidas de mis recuerdos.
¿Cuántos hijos tiene la Muerte?
¡Todos están en mi pecho!
¡Una golondrina viene
De muy lejos!
ENCINA
_1919_
Bajo tu casta sombra, encina vieja,
Quiero sondar la fuente de mi vida
Y sacar de los fangos de mi sombra
Las esmeraldas líricas.
Echo mis redes sobre el agua turbia
Y las saco vacías.
¡Más abajo del cieno tenebroso
Están mis pedrerías!
¡Hunde en mi pecho tus ramajes santos!,
¡Oh solitaria encina!,
Y deja en mi sub-alma
Tus secretos y tu pasión tranquila.
Esta tristeza juvenil se pasa,
¡Ya lo sé! La alegría
Otra vez dejará sus guirnaldas
Sobre mi frente herida,
Aunque nunca mis redes pescarán
La oculta pedrería
De tristeza inconsciente que reluce
Al fondo de mi vida.
Pero mi gran dolor trascendental
Es tu dolor, encina.
Es el mismo dolor de las estrellas
Y de la flor marchita.