Te vas por la niebla del Otoño, virgen

LIBRO

DE

POEMAS

POR

FEDERICO G. LORCA

[Illustration: colofón]

1921

IMPRENTA MAROTO

MADRID

ES PROPIEDAD

A MI HERMANO PAQUITO

PALABRAS DE JUSTIFICACION

Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, y tortura, y ambición sin

medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud, esos

días que enlazan el instante de hoy con mi misma infancia reciente.

En estas páginas desordenadas va el reflejo fiel de mi corazón y de mi

espíritu, teñido del matiz que le prestara, al poseerlo, la vida

palpitante en torno recién nacida para mi mirada.

Se hermana el nacimiento de cada una de estas poesías que tienes en tus

manos, lector, al propio nacer de un brote nuevo del árbol músico de mi

vida en flor. Ruindad fuera el menospreciar esta obra que tan enlazada

está a mi propia vida.

Sobre su incorrección, sobre su limitación segura, tendrá este libro la

virtud, entre otras muchas que yo advierto, de recordarme en todo

instante mi infancia apasionada correteando desnuda por las praderas de

una vega sobre un fondo de serranía.

VELETA

_Julio de 1920_

(FUENTE VAQUEROS

GRANADA)

Viento del Sur.

Moreno, ardiente,

Llegas sobre mi carne,

Trayéndome semilla

De brillantes

Miradas, empapado

De azahares.

Pones roja la luna

Y sollozantes

Los álamos cautivos, pero vienes

¡Demasiado tarde!

¡Ya he enrollado la noche de mi cuento

En el estante!

Sin ningún viento,

¡Hazme caso!

Gira, corazón;

Gira, corazón.

Aire del Norte,

¡Oso blanco del viento!,

Llegas sobre mi carne

Tembloroso de auroras

Boreales,

Con tu capa de espectros

Capitanes,

Y riyéndote a gritos

Del Dante.

¡Oh pulidor de estrellas!

Pero vienes

Demasiado tarde.

Mi almario está musgoso

Y he perdido la llave.

Sin ningún viento,

¡Hazme caso!

Gira, corazón;

Gira, corazón.

Brisas, gnomos y vientos

De ninguna parte.

Mosquitos de la rosa

De pétalos pirámides.

Alisios destetados

Entre los rudos árboles,

Flautas en la tormenta,

¡Dejadme!

Tiene recias cadenas

Mi recuerdo,

y está cautiva el ave

Que dibuja con trinos

La tarde.

Las cosas que se van no vuelven nunca,

Todo el mundo lo sabe,

Y entre el claro gentío de los vientos

Es inútil quejarse.

¿Verdad, chopo, maestro de la brisa?

¡Es inútil quejarse!

Sin ningún viento,

¡Hazme caso!

Gira, corazón;

Gira, corazón.

LOS ENCUENTROS DE UN CARACOL AVENTURERO

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

A RAMÓN P. RODA

Hay dulzura infantil

En la mañana quieta.

Los árboles extienden

Sus brazos a la tierra.

Un vaho tembloroso

Cubre las sementeras,

Y las arañas tienden

Sus caminos de seda

--Rayas al cristal limpio

Del aire--.

En la alameda

Un manantial recita

Su canto entre las hierbas.

Y el caracol, pacífico

Burgués de la vereda,

Ignorada y humilde,

El paisaje contempla.

La divina quietud

De la Naturaleza

Le dió valor y fe,

Y olvidando las penas

De su hogar, deseó

Ver el fin de senda.

Echó andar e internóse

En un bosque de yedras

Y de ortigas. En medio

Había dos ranas viejas

Que tomaban el sol,

Aburridas y enfermas.

Estos cantos modernos,

Murmuraba una de ellas,

Son inútiles. Todos,

Amiga, le contesta

La otra rana, que estaba

Herida y casi ciega:

Cuando joven creía

Que si al fin Dios oyera

Nuestro canto, tendría

Compasión. Y mi ciencia,

Pues ya he vivido mucho,

Hace que no la crea.

Yo ya no canto más...

Las dos ranas se quejan

Pidiendo una limosna

A una ranita nueva

Que pasa presumida

Apartando las hierbas.

Ante el bosque sombrío

El caracol, se aterra.

Quiere gritar. No puede.

Las ranas se le acercan.

¿Es una mariposa?,

Dice la casi ciega.

Tiene dos cuernecitos,

La otra rana contesta.

Es el caracol. ¿Vienes,

Caracol, de otras tierras?

Vengo de mi casa y quiero

Volverme muy pronto a ella.

Es un bicho muy cobarde,

Exclama la rana ciega.

¿No cantas nunca? No canto,

Dice el caracol. ¿Ni rezas?

Tampoco: nunca aprendí.

¿Ni crees en la vida eterna?

¿Qué es eso?

Pues vivir siempre

En el agua más serena,

Junto a una tierra florida

Que a un rico manjar sustenta.

Cuando niño a mí me dijo

Un día mi pobre abuela

Que al morirme yo me iría

Sobre las hojas más tiernas

De los árboles más altos.

Una hereje era tu abuela.

La verdad te la decimos

Nosotras. Creerás en ella,

Dicen las ranas furiosas.

¿Por qué quise ver la senda?

Gime el caracol. Si, creo

Por siempre en la vida eterna

Qué predicáis...

Las ranas,

Muy pensativas, se alejan,

Y el caracol, asustado,

Se va perdiendo en la selva.

Las dos ranas mendigas

Como esfingen se quedan.

Una de ellas pregunta:

¿Crees tú en la vida eterna?

Yo no, dice muy triste

La rana herida y ciega,

¿Por qué hemos dicho entonces

Al caracol que crea?

Por qué... No se por qué,

Dice la rana ciega.

Me lleno de emoción

Al sentir la firmeza

Con que llaman mis hijos

A Dios desde la acequia...

El pobre caracol

Vuelve atrás. Ya en la senda

Un silencio ondulado

Mana de la alameda.

Con un grupo de hormigas

Encarnadas se encuentra.

Van muy alborotadas,

Arrastrando tras ellas

A otra hormiga que tiene

Tronchadas las antenas.

El caracol exclama:

Hormiguitas, paciencia.

¿Por qué así maltratáis

A vuestra compañera?

Contadme lo que ha hecho.

Yo juzgaré en conciencia.

Cuéntalo tú, hormiguita.

La hormiga medio muerta

Dice muy tristemente:

Yo he visto las estrellas.

«¿Qué son estrellas?--dicen

Las hormigas inquietas.

Y el caracol pregunta

Pensativo: ¿estrellas?

Sí, repite la hormiga,

He visto las estrellas.

Subí al árbol más alto

Que tiene la alameda

Y ví miles de ojos

Dentro de mis tinieblas

El caracol pregunta:

¿Pero qué son estrellas?

Son luces que llevamos

Sobre nuestra cabeza.

Nosotras no las vemos,

Las hormigas comentan.

Y el caracol, mi vista

Sólo alcanza a las hierbas.

Las hormigas exclaman

Moviendo sus antenas:

Te mataremos, eres

Perezosa y perversa.

El trabajo es tu ley.

Yo he visto a las estrellas,

Dice la hormiga herida.

Y el caracol sentencia:

Dejadla que se vaya,

Seguid vuestras faenas.

Es fácil que muy pronto

Ya rendida se muera.

Por el aire dulzón

Ha cruzado una abeja.

La hormiga agonizando

Huele la tarde inmensa

Y dice, es la que viene

A llevarme a una estrella.

Las demás hormiguitas

Huyen al verla muerta.

El caracol suspira

Y aturdido se aleja

Lleno de confusión

Por lo eterno. La senda

No tiene fin, exclama.

Acaso a las estrellas

Se llegue por aquí.

Pero mi gran torpeza

Me impedirá llegar.

No hay que pensar en ellas.

Todo estaba brumoso

De sol débil y niebla.

Campanarios lejanos

Llaman gente a la iglesia,

Y el caracol, pacífico

Burgués de la vereda,

Aturdido e inquieto

El paisaje contempla.

CANCIÓN OTOÑAL

_Noviembre de 1918_

(GRANADA)

Hoy siento en el corazón

Un vago temblor de estrellas

Pero mi senda se pierde

En alma de la niebla.

La luz me troncha las alas

Y el dolor de mi tristeza

Va mojando los recuerdos

En la fuente de la idea.

Todas las rosas son blancas,

Tan blancas como mi pena,

Y no son las rosas blancas,

Que ha nevado sobre ellas.

Antes tuvieron el iris.

También sobre el alma nieva.

La nieve del alma tiene

Copos de besos y escenas

Que se hundieron en la sombra

O en la luz del que las piensa.

La nieve cae de las rosas

Pero la del alma queda,

Y la garra de los años

Hace un sudario con ella.

¿Se deshelará la nieve

Cuando la muerte nos lleva?

¿O después habrá otra nieve

Y otras rosas más perfectas?

¿Será la paz con nosotros

Como Cristo nos enseña?

¿O nunca será posible

La solución del problema?

¿Y si el Amor nos engaña?

¿Quién la vida nos alienta

Si el crepúsculo nos hunde

En la verdadera ciencia

Del Bien que quizá no exista

Y del Mal que late cerca?

¿Si la esperanza se apaga

Y la Babel se comienza

Qué antorcha iluminara

Los caminos en la Tierra?

¿Si el azul es un ensueño

Qué será de la inocencia?

¿Qué será del corazón

Si el Amor no tiene flechas?

¿Y si la muerte es la muerte

Qué será de los poetas

Y de las cosas dormidas

Que ya nadie las recuerda?

¡Oh sol de las esperanzas!

¡Agua clara! ¡Luna nueva!

¡Corazones de los niños!

¡Almas rudas de las piedras!

Hoy siento en el corazón

Un vago temblor de estrellas

Y todas las rosas son

Tan blancas como mi pena.

CANCIÓN PRIMAVERAL

_28 de marzo de 1919_

(GRANADA)

I

Salen los niños alegres

De la escuela,

Poniendo en el aire tibio

Del Abril, canciones tiernas.

¡Que alegría tiene el hondo

Silencio de la calleja!

Un silencio hecho pedazos

Por risas de plata nueva.

II

Voy camino de la tarde

Entre flores de la huerta

Dejando sobre el camino

El agua de mi tristeza.

En el monte solitario

Un cementerio de aldea

Parece un campo sembrado

Con granos de calaveras.

Y han florecido cipreses

Como gigantes cabezas

Que con órbitas vacías

Y verdosas cabelleras

Pensativos y dolientes

El horizonte contemplan.

¡Abril divino, que vienes

Cargado de sol y esencias

Llena con nidos de oro

Las floridas calaveras!

CANCIÓN MENOR

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

Tienen gotas de rocío

Las alas del ruiseñor,

Gotas claras de la luna

Cuajadas por su ilusión.

Tiene el mármol de la fuente

El beso del surtidor,

Sueño de estrellas humildes.

Las niñas de los jardines

Me dicen todas adiós

Cuando paso. Las campanas

También me dicen adiós.

Y los árboles se besan

En el crepúsculo. Yo

Voy llorando por la calle,

Grotesco y sin solución,

Con tristeza de Cyrano

Y de Quijote,

Redentor

De imposibles infinitos

Con el ritmo del reloj.

Y veo secarse los lirios

Al contacto de mi voz

Manchada de luz sangrienta,

Y en mi lírica canción

Llevo galas de payaso

Empolvado. El amor

Bello y lindo se ha escondido

Bajo una araña. El sol

Como otra araña me oculta

Con sus patas de oro. No

Conseguiré mi ventura,

Pues soy como el mismo Amor,

Cuyas flechas son de llanto,

Y el carcaj el corazón.

Daré todo a los demás

Y lloraré mi pasión

Como niño abandonado

En cuento que se borró.

ELEGÍA A DOÑA JUANA LA LOCA

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

A MELCHOR FERNÁNDEZ ALMAGRO

Princesa enamorada sin ser correspondida.

Clavel rojo en un valle profundo y desolado.

La tumba que te guarda rezuma tu tristeza

A través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

Eras una paloma con alma gigantesca

Cuyo nido fué sangre del suelo castellano

Derramaste tu fuego sobre un cáliz de nieve

Y al querer alentarlo tus alas se troncharon.

Soñabas que tu amor fuera como el infante

Que te sigue sumiso recogiendo tu manto.

Y en vez de flores, versos y collares de perlas

Te dió la Muerte rosas marchitas en un ramo.

Tenías en el pecho la formidable aurora

De Isabel de Segura. Melibea. Tu canto

Como alondra que mira quebrarse el horizonte

Se torna de repente monótono y amargo.

Y tu grito estremece los cimientos de Burgos.

Y oprime la salmodia del coro cartujano.

Y choca con los ecos de las lentas campanas

Perdiéndose en la sombra tembloroso y rasgado.

Tenías la pasión que da el cielo de España.

La pasión del puñal, de la ojera y el llanto.

¡Oh princesa divina de crepúsculo rojo

Con la rueca de hierro y de acero lo hilado!

Nunca tuviste el nido, ni el madrigal doliente,

Ni el laud juglaresco que solloza lejano.

Tu juglar fué un mancebo con escamas de plata

Y un eco de trompeta su acento enamorado.

Y sin embargo, estabas para el amor formada

Hecha para el suspiro, el mimo y el desmayo.

Para llorar tristeza sobre el pecho querido

Deshojando una rosa de olor entre los labios.

Para mirar la luna bordada sobre el río

Y sentir la nostalgia que en sí lleva el rebaño.

Y mirar los eternos jardines de la sombra.

¡Oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

¿Tienes los ojos negros abiertos a la luz?

O se enredan serpientes a tus senos exaustos...

¿Dónde fueron tus besos lanzados a los vientos?

¿Dónde fué la tristeza de tu amor desgraciado?

En el cofre de plomo, dentro de tu esqueleto,

Tendrás el corazón partido en mil pedazos.

Y Granada te guarda como santa reliquia,

¡Oh princesa morena que duermes bajo el mármol!

Eloisa y Julieta fueron dos margaritas

Pero tú fuiste un rojo clavel ensangrentado.

Que vino de la tierra dorada de Castilla

A dormir entre nieves y ciprerales castos.

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,

Los cipreses tus cirios,

La sierra tu retablo.

Un retablo de nieve que mitigue tus ansias

¡Con el agua que pasa junto a ti! ¡La del Dauro!

Granada era tu lecho de muerte, Doña Juana,

La de las torres viejas y del jardín callado,

La de la yedra muerta sobre los muros rojos,

La de la niebla azul y el arrayan romántico.

Princesa enamorada y mal correspondida.

Clavel rojo en un valle profundo y desolado,

La tumba que te guarda rezuma tu tristeza

A través de los ojos que ha abierto sobre el mármol.

¡CIGARRA!

_3 de agosto de 1918_

(FUENTE VAQUEROS

GRANADA)

A MARÍA LUISA

¡CIGARRA!

¡Dichosa tú!

Que sobre lecho de tierra

Mueres borracha de luz.

Tú sabes de las campiñas

El secreto de la vida,

Y el cuento del hada vieja

Que nacer hierba sentía

En ti quedóse guardado.

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!

Pues mueres bajo la sangre

De un corazón todo azul.

La luz es Dios que desciende,

Y el sol

Brecha por donde se filtra.

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!

Pues sientes en la agonía

Todo el peso del azul.

Todo lo vivo que pasa

Por las puertas de la muerte

Va con la cabeza baja

Y un aire blanco durmiente.

Con habla de pensamiento.

Sin sonidos...

Tristemente,

Cubierto con el silencio

Que es el manto de la muerte.

Más tú, cigarra encantada,

Derramando son te mueres

Y quedas trasfigurada

En sonido y luz celeste.

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!

Pues te envuelve con su manto

El propio espíritu Santo,

Que es la luz.

¡Cigarra!

Estrella sonora

Sobre los campos dormidos,

Vieja amiga de las ranas

Y de los obscuros grillos,

Tienes sepulcros de oro

En los rayos tremolinos

Del sol que dulce te hiere

En la fuerza del Estío,

Y el sol se lleva tu alma

Para hacerla luz.

Sea mi corazón cigarra

Sobre los campos divinos.

Que muera cantando lento

Por el cielo azul herido

Y cuando esté ya expirando

Una mujer que adivino

Lo derrame con sus manos

Por el polvo.

Y mi sangre sobre el campo

Sea rosado y dulce limo

Donde claven sus azadas

Los cansados campesinos.

¡Cigarra!

¡Dichosa tú!

Pues te hieren las espadas invisibles

Del azul.

BALADA TRISTE

PEQUEÑO POEMA

_Abril de 1918_

(GRANADA)

¡Mi corazón es una mariposa,

Niños buenos del prado!

Que presa por la araña gris del tiempo

Tiene el polen fatal del desengaño.

De niño yo canté como vosotros,

Niños buenos del prado,

Solté mi gavilán con las temibles

Cuatro uñas de gato.

Pasé por el jardín de Cartagena

La verbena invocando

Y perdí la sortija de mi dicha

Al pasar al arroyo imaginario.

Fui también caballero

Una tarde fresquita de Mayo,

Ella era entonces para mí el enigma,

Estrella azul sobre mi pecho intacto.

Cabalgué lentamente hacia los cielos,

Era un domingo de pipirigallo.

Y ví que en vez de rosas y claveles

Ella tronchaba lirios con sus manos.

Yo siempre fui intranquilo,

Niños buenos del prado,

El _ella_ del romance me sumía

En ensoñares claros.

¿Quién será la que coge los claveles

Y las rosas de Mayo?

¿Y por qué la verán sólo los niños

A lomos de Pegaso?

¿Será esa misma la que en los rondones

Con tristeza llamamos

Estrella, suplicándole que salga

A danzar por el campo?...

En abril de mi infancia yo cantaba,

Niños buenos del prado,

La _ella_ impenetrable del romance

Donde sale Pegaso.

Yo decía en las noches la tristeza

De mi amor ignorado,

Y la luna lunera ¡qué sonrisa

Ponía entre sus labios!

¿Quién será la que corta los claveles

Y las rosas de Mayo?

Y de aquella chiquita, tan bonita,

Que su madre ha casado,

¿En qué oculto rincón de cementerio

Dormirá su fracaso?

Yo solo con mi amor desconocido,

Sin corazón, sin llantos,

Hacia el techo imposible de los cielos

Con un gran sol por báculo.

¡Qué tristeza tan seria me da sombra!

Niños buenos del prado,

Cómo recuerda dulce el corazón

Los días ya lejanos...

¿Quién será la que corta los claveles

Y las rosas de Mayo?

MAÑANA

_7 de agosto de 1918_

(FUENTE VAQUEROS GRANADA)

A FERNANDO MARCHESI.

Y la canción del agua

Es una cosa eterna.

Es la savia entrañable

Que madura los campos

Es sangre de poetas

Que dejaron sus almas

Perderse en los senderos

De la naturaleza.

¡Qué armonías derrama

Al brotar de la peña!

Se abandona a los hombres

Con sus dulces cadencias.

La mañana está clara.

Los hogares humean

Y son los humos brazos

Que levantan la niebla.

Escuchad los romances

Del agua en las choperas.

¡Son pájaros sin alas

Perdidos entre hierbas!

Los árboles que cantan

Se tronchan y se secan.

Y se tornan llanuras

Las montañas serenas.

Mas la canción del agua

Es una cosa eterna.

Ella es luz hecha canto

De ilusiones románticas.

Ella es firme y suave

Llena de cielo y mansa,

Ella es niebla y es rosa

De la eterna mañana.

Miel de luna que fluye

De estrellas enterradas.

¿Qué es el santo bautismo,

Sino Dios hecho agua

Que nos unge las frentes

Con su sangre de gracia?

Por algo Jesucristo

En ella confirmóse.

Por algo las estrellas

En sus ondas descansan.

Por algo madre Venus

En su seno engendróse

Que amor de amor tomamos

Cuando bebemos agua.

Es el amor que corre

Todo manso y divino,

Es la vida del mundo,

La historia de su alma.

Ella lleva secretos

De las bocas humanas,

Pues todos la besamos

Y la sed nos apaga.

Es un arca de besos

De bocas ya cerradas,

Es eterna cautiva,

Del corazón hermana.

«Cristo debió decirnos:

Confesaos con el agua,

De todos los dolores,

De todas las infamias.

¿A quién mejor, hermanos,

Entregar nuestras ansias

Que a ella que sube al cielo

En envolturas blancas?»

No hay estado perfecto

Como al tomar el agua,

Nos volvemos más niños

Y más buenos: y pasan

Nuestras penas vestidas

Con rosadas guirnaldas.

Y los ojos se pierden

En regiones doradas.

¡Oh fortuna divina

Por ninguno ignorada!

Agua dulce en que tantos

Sus espíritus lavan,

No hay nada comparable

Con tus orillas santas

Si una tristeza honda

Nos ha dado sus alas.

LA SOMBRA DE MI ALMA

_Diciembre de 1919_

(MADRID)

La sombra de mi alma

Huye por un ocaso de alfabetos,

Niebla de libros

Y palabras.

¡La sombra de mi alma!

He llegado a la línea donde cesa

La nostalgia,

Y la gota de llanto se transforma

Alabastro de espíritu.

(¡La sombra de mi alma!)

El copo del dolor

Se acaba,

Pero queda la razón y la substancia

De mi viejo medio día de labios

de mi viejo medio día

De miradas.

Un turbio laberinto

De estrellas ahumadas

Enreda mi ilusión

Casi marchita.

¡La sombra de mi alma!

Y una alucinación

Me ordeña las miradas.

Veo la palabra amor

Desmoronada.

¡Ruiseñor mío!

¡Ruiseñor!

¿Aún cantas?

LLUVIA

_Enero de 1919_

(GRANADA)

La lluvia tiene un vago secreto de ternura,

Algo de soñolencia resignada y amable.

Una música humilde se despierta con ella

Que hace vibrar el alma dormida del paisaje.

Es un besar azul que recibe la Tierra,

El mito primitivo que vuelve a realizarse.

El contacto ya frío de cielo y tierra viejos

Con una mansedumbre de atardecer constante.

Es la aurora del fruto. La que nos trae las flores

Y nos unge de espíritu santo de los mares.

La que derrama vida sobre las sementeras

Y en el alma tristeza de lo que no se sabe.

La nostalgia terrible de una vida perdida,

El fatal sentimiento de haber nacido tarde,

O la ilusión inquieta de un mañana imposible

Con la inquietud cercana del dolor de la carne.

El amor se despierta en el gris de su ritmo,

Nuestro cielo interior tiene un triunfo de sangre,

Pero nuestro optimismo se convierte en tristeza

Al contemplar las gotas muertas en los cristales.

Y son las gotas: ojos de infinito que miran

Al infinito blanco que les sirvió de madre.

Cada gota de lluvia tiembla en el cristal turbio

Y le dejan divinas heridas de diamante.

Son poetas del agua que han visto y que meditan

Lo que la muchedumbre de los ríos no sabe.

¡Oh lluvia silenciosa sin tormentas ni vientos,

Lluvia mansa y serena de esquila y luz suave,

Lluvia buena y pacífica que eres la verdadera,

La que amorosa y triste sobre las cosas caes!

¡Oh lluvia franciscana que llevas a tus gotas

Almas de fuentes claras y humildes manantiales!

Cuando sobre los campos desciendes lentamente

Las rosas de mi pecho con tus sonidos abres.

El canto primitivo que dices al silencio

Y la historia sonora que cuentas al ramaje

Los comenta llorando mi corazón desierto

En un negro y profundo pentágrama sin clave.

Mi alma tiene tristeza de la lluvia serena,

Tristeza resignada de cosa irrealizable,

Tengo en el horizonte un lucero encendido

Y el corazón me impide que corra a contemplarle.

¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman

Y eres sobre el piano dulzura emocionante.

Das al alma las mismas nieblas y resonancias

Que pones en el alma dormida del paisaje!

SI MIS MANOS PUDIERAN DESHOJAR

_10 de noviembre de 1919_

(GRANADA)

Yo pronuncio tu nombre

En las noches obscuras

Cuando vienen los astros

A beber en la luna

Y duermen los ramajes

de las frondas ocultas.

Y yo me siento hueco

de pasión y de música.

Loco reloj que canta

Muertas horas antiguas.

Yo pronuncio tu nombre,

En esta noche obscura,

Y tu nombre me suena

Más lejano que nunca.

Más lejano que todas las estrellas

Y más doliente que la mansa lluvia.

¿Te querré como entonces

Alguna vez? ¿Qué culpa

Tiene mi corazón?

Si la niebla se esfuma

¿Qué otra pasión me espera?

¿Será tranquila y pura?

¡¡Si mis dedos pudieran

Deshojar a la luna!!

EL CANTO DE LA MIEL

_Noviembre de 1918_

(GRANADA)

La miel es la palabra de Cristo.

El oro derretido de su amor.

El más allá del néctar.

La momia de la luz del paraíso.

La colmena es una estrella casta,

Pozo de ambar que alimenta el ritmo

De las abejas. Seno de los campos

Tembloroso de aromas y zumbidos.

La miel es la epopeya del amor,

La materialidad de lo infinito.

Alma y sangre doliente de las flores

Condensada a través de otro espíritu.

(Así la miel del hombre es la poesía

Que mana de su pecho dolorido,

De un panal con la cera del recuerdo

Formado por la abeja de lo íntimo.)

La miel es la bucólica lejana

Del pastor, la dulzaina y el olivo.

Hermana de la leche y las bellotas,

Reinas supremas del dorado siglo.

La miel es como el sol de la mañana,

Tiene toda la gracia del estío

Y la frescura vieja del Otoño.

Es la hoja marchita y es el trigo.

¡Oh divino licor de la humildad,

Sereno como un verso primitivo!

La armonía hecha carne tú eres,

El resumen genial de lo lírico.

En ti duerme la melancolía,

El secreto del beso y del grito.

Dulcísima. Dulce. Este es tu adjetivo.

Dulce como los vientres de las hembras.

Dulce como los ojos de los niños.

Dulce como la sombra de la noche.

Dulce como una voz

O como un lirio.

Para el que lleva la pena y la lira,

Eres sol que ilumina el camino.

Equivales a todas las bellezas

Al color, a la luz, a los sonidos.

¡Oh! Divino licor de la esperanza,

Donde a la perfección del equilibrio

Llegan alma y materia en unidad

Como en la hostia cuerpo y luz de Cristo.

Y el alma superior es de las flores.

¡Oh licor que esas almas has unido!

El que te gusta no sabe que traga

Un resumen dorado del lirismo.

ELEGÍA

_Diciembre de 1918_

(GRANADA)

Como un incensario lleno de deseos,

Pasas en la tarde luminosa y clara

Con la carne obscura de nardo marchito

Y el sexo potente sobre tu mirada.

Llevas en la boca tu melancolía

De pureza muerta, y en la dionisiaca

Copa de tu vientre la araña que teje

El velo infecundo que cubre la entraña

Nunca florecida con las vivas rosas

Fruto de los besos.

En tus manos blancas

Llevas la madeja de tus ilusiones,

Muertas para siempre, y sobre tu alma

La pasión hambrienta de besos de fuego

Y tu amor de madre que sueña lejanas

Visiones de cunas en ambientes quietos,

Hilando en los labios lo azul de la nana.

Como Ceres dieras tus espigas de oro

Si el amor dormido tu cuerpo tocara,

Y como la virgen María pudieras

Brotar de tus senos otra vía láctea.

Te marchitarás como la magnolia.

Nadie besará tus muslos de brasa.

Ni a tu cabellera llegarán los dedos

Que la pulsen como

Las cuerdas de un arpa.

¡Oh mujer potente de ébano y de nardo!,

Cuyo aliento tiene blancor de biznagas.

Venus del mantón de manila que sabe

Del vino de Málaga y de la guitarra.

¡Oh cisne moreno!, cuyo lago tiene

Lotos de saetas, olas de naranjas

Y espumas de rojos claveles que aroman

Los nidos marchitos que hay bajo sus alas.

Nadie te fecunda. Mártir andaluza,

Tus besos debieron ser bajo una parra

Plenos del silencio que tiene la noche

Y del ritmo turbio del agua estancada.

Pero tus ojeras se van agrandando

Y tu pelo negro va siendo de plata;

Tus senos resbalan escanciando aromas

Y empieza a curvarse tu espléndida espalda.

¡Oh mujer esbelta, maternal y ardiente!

Virgen dolorosa que tiene clavadas

Todas las estrellas del cielo profundo

En su corazón, ya sin esperanza.

Eres el espejo de una Andalucía

Que sufre pasiones gigantes y calla,

Pasiones mecidas por los abanicos

Y por las mantillas sobre las gargantas

Que tienen temblores de sangre, de nieve

Y arañazos rojos hechos por miradas.

Te vas por la niebla del Otoño, virgen

Como Inés, Cecilia, y la dulce Clara,

Siendo una bacante que hubiera danzado

De pámpanos verdes y vid coronada.

La tristeza inmensa que flota en tus ojos

Nos dice tu vida rota y fracasada,

La monotonía de tu ambiente pobre

Viendo pasar gente desde tu ventana,

Oyendo la lluvia sobre la amargura

Que tiene la vieja calle provinciana,

Mientras que a lo lejos suenan los clamores

Turbios y confusos de unas campanadas.

Mas en vano escuchaste los acentos del aire.

Nunca llegó a tu oído la dulce serenata.

Detrás de tus cristales aún miras anhelante.

¡Qué tristeza tan honda tendrás dentro del alma

Al sentir en el pecho ya cansado y exhausto

La pasión de una niña recién enamorada!

Tu cuerpo irá a la tumba

Intacto de emociones.

Sobre la obscura tierra

Brotará una alborada.

De tus ojos saldrán dos claveles sangrientos

Y de tus senos rosas como la nieve blancas.

Pero tu gran tristeza se irá con las estrellas

Como otra estrella digna de herirlas y eclipsarlas.

SANTIAGO

BALADA INGENUA

_25 de julio de 1918_

(FUENTE VAQUEROS GRANADA)

I

Esta noche ha pasado Santiago

Su camino de luz en el cielo,

Lo comentan los niños jugando

Con el agua de un cauce sereno.

¿Dónde va el peregrino celeste

Por el claro infinito sendero?

Va a la aurora que brilla en el fondo

En caballo blanco como el hielo.

¡Niños chicos, cantad en el prado

Horadando con risas al viento!

Dice un hombre que ha visto a Santiago

En tropel con doscientos guerreros.

Iban todos cubiertos de luces,

Con guirnaldas de verdes luceros,

Y el caballo que monta Santiago

Era un astro de brillos intensos.

Dice el hombre que cuenta la historia

Que en la noche dormida se oyeron

Tremolar plateado de alas

Que en sus ondas llevóse el silencio.

¿Qué sería que el río paróse?

Eran ángeles los caballeros.

¡Niños chicos, cantad en el prado

Horadando con risas al viento!

Es la noche de luna menguante.

¡Escuchad! ¿Qué se siente en el cielo,

Que los grillos refuerzan sus cuerdas

Y dan voces los perros vegueros?

--¿Madre abuela, cuál es el camino,

Madre abuela, que yo no lo veo?

--Mira bien y verás una cinta

De polvillo harinoso y espeso,

Un borrón que parece de plata

O de nácar.--¿Lo ves?

--Ya lo veo.

--Madre abuela, ¿dónde está Santiago?

--Por allí marcha con su cortejo,

La cabeza llena de plumajes

Y de perlas muy finas el cuerpo,

Con la luna rendida a sus plantas,

Con el sol escondido en el pecho.

Esta noche en la vega se escuchan

Los relatos brumosos del cuento.

¡Niños chicos, cantad en el prado,

Horadando con risas al viento!

II

Una vieja que vive muy pobre

En la parte más alta del pueblo,

Que posee una rueca inservible,

Una virgen y dos gatos negros,

Mientras hace la ruda calceta

Con sus secos y temblones dedos,

Rodeada de buenas comadres

Y de sucios chiquillos traviesos,

En la paz de la noche tranquila,

Con las sierras perdidas en negro,

Va contando con ritmos tardíos

La visión que ella tuvo en sus tiempos.

Ella vió en una noche lejana

Como ésta, sin ruidos ni vientos,

Al apostol Santiago en persona,

Peregrino en la tierra del cielo.

--Y comadre, ¿cómo iba vestido?

--La preguntan dos voces a un tiempo--.

--Con bordón de esmeraldas y perlas

Y una túnica de terciopelo.

Cuando hubo pasado la puerta,

Mis palomas sus alas tendieron,

Y mi perro, que estaba dormido,

Fué tras él, sus pisadas lamiendo.

Era dulce el Apostol divino,

Más aún que la luna de Enero.

A su paso dejó por la senda

Un olor de azucena y de incienso.

--Y comadre, ¿no le dijo nada?

--La preguntan dos voces a un tiempo--.

--Al pasar me miró sonriente

Y una estrella dejóme aquí dentro.

--¿Dónde tienes guardada esa estrella?

--La pregunta un chiquillo travieso--.

--¿Se ha apagado--dijéronle otros--

Como cosa de un encantamiento?

--No hijos míos, la estrella relumbra,

Que en el alma clavada la llevo.

--¿Cómo son las estrellas aquí?

--Hijo mío, igual que en el cielo.

--Siga, siga la vieja comadre.

¿Dónde iba el glorioso viajero?

--Se perdió por aquellas montañas

Con mis blancas palomas y el perro.

Pero llena dejóme la casa

De rosales y de jazmineros,

Y las uvas verdes de la parra

Maduraron, y mi troje lleno

Encontré a la siguiente mañana.

Todo obra del Apostol bueno.

--¡Grande suerte que tuvo, comadre!

--Sermonean dos voces a un tiempo--.

Los chiquillos están ya dormidos

Y los campos en hondo silencio.

¡Niños chicos, pensad en Santiago

Por los turbios caminos del sueño!

¡Noche clara, finales de Julio!

¡Ha pasado Santiago en el cielo!

La tristeza que tiene mi alma,

Por el blanco camino la dejo,

Para ver si la encuentran los niños

Y en el agua la vayan hundiendo,

Para ver si en la noche estrellada

A muy lejos la llevan los vientos.

EL DIAMANTE

_Noviembre de 1920_

(GRANADA)

El diamante de una estrella

Ha rayado el hondo cielo,

Pájaro de luz que quiere

Escapar del universo

Y huye del enorme nido

Donde estaba prisionero

Sin saber que lleva atada

Una cadena en el cuello.

Cazadores extrahumanos

Están cazando luceros,

Cisnes de plata maciza

En el agua del silencio.

Los chopos niños recitan

Su cartilla, es el maestro

Un chopo antiguo que mueve

Tranquilo sus brazos muertos.

Ahora en el monte lejano

Jugarán todos los muertos

A la baraja. ¡Es tan triste

La vida en el cementerio!

¡Rana, empieza tu cantar!

¡Grillo, sal de tu agujero!

Haced un bosque sonoro

Con vuestras flautas. Yo vuelvo

Hacia mi casa intranquilo.

Se agitan en mi cerebro

Dos palomas campesinas

Y en el horizonte, ¡lejos!,

Se hunde el arcaduz del día.

¡Terrible noria del tiempo!

MADRIGAL DE VERANO

_Agosto de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

Junta tu roja boca con la mía

¡oh Estrella la gitana!

Bajo el oro solar del mediodía

Morderé la Manzana.

En el verde olivar de la colina,

Hay una torre mora

Del color de tu carne campesina

Que sabe a miel y aurora.

Me ofreces en tu cuerpo requemado,

El divino alimento

Que da flores al cauce sosegado

Y luceros al viento.

¿Cómo a mí te entregaste luz morena?

¿Por qué me diste llenos

De amor tu sexo de azucena

Y el rumor de tus senos?

¿No fué por mi figura entristecida?

(¡Oh mis torpes andares!)

¿Te dió lástima acaso de mi vida,

Marchita de cantares?

¿Cómo no has preferido a mis lamentos

Los muslos sudorosos

De un San Cristóbal campesino lentos

En el amor y hermosos?

Danaide del placer eres conmigo.

Femenino silvano.

Huelen tus besos como huele el trigo

Reseco del verano.

Entúrbiame los ojos con tu canto.

Deja tu cabellera

Extendida y solemne como un manto

De sombra en la pradera.

Píntame con tu boca ensangrentada

Un cielo del amor,

En un fondo de carne la morada

Estrella de dolor.

Mi pegaso andaluz está cautivo

De tus ojos abiertos,

Volará desolado y pensativo

Cuando los vea muertos.

Y aunque no me quisieras te querría,

Por tu mirar sombrío

Como quiere la alondra al nuevo día,

Sólo por el rocío.

Junta tu roja boca con la mía;

¡Oh Estrella la gitana!

Déjame bajo el claro mediodía

Consumir la manzana.

CANTOS NUEVOS

_Agosto de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

Dice la tarde,

¡Tengo sed de sombra!

Dice la luna: «Yo, sed de luceros»

La fuente cristalina pide labios

Y suspiros el viento.

Yo tengo sed de aromas y de risas.

Sed de cantares nuevos

Sin lunas y sin lirios,

Y sin amores muertos.

Un cantar de mañana que estremezca

A los remansos quietos

Del porvenir. Y llene de esperanza

Sus ondas y sus cienos.

Un cantar luminoso y reposado

Pleno de pensamiento,

Virginal de tristezas y de angustias

Y virginal de ensueños.

Cantar sin carne lírica que llene

De risas el silencio.

(Una bandada de palomas ciegas

Lanzadas al misterio.)

Cantar que vaya al alma de las cosas

Y al alma de los vientos

Y que descanse al fin en la alegría

Del corazón eterno.

ALBA

_Abril de 1919_

(GRANADA)

Mi corazón oprimido

Siente junto a la alborada

El dolor de sus amores

Y el sueño de las distancias.

La luz de la aurora lleva

Semilleros de nostalgias

Y la tristeza sin ojos

De la médula del alma.

La gran tumba de la noche

Su negro velo levanta

Para ocultar con el día

La inmensa cumbre estrellada.

¡Qué haré yo sobre estos campos

Cogiendo nidos y ramas

Rodeado de la aurora

Y llena de noche el alma!

¡Qué haré si tienes tus ojos

Muertos a las luces claras

Y no ha de sentir mi carne

El calor de tus miradas!

¿Porqué te perdí por siempre

En aquella tarde clara?

Hoy mi pecho está reseco

Como una estrella apagada.

EL PRESENTIMIENTO

_Agosto de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

El presentimiento

Es la sonda del alma

En el misterio.

Nariz del corazón,

Palo de ciego

Que explora en la tiniebla

Del tiempo.

Ayer es lo marchito,

El sentimiento

Y el campo funeral

Del recuerdo.

Anteayer,

Es lo muerto.

Madriguera de ideas moribundas

De pegasos sin freno.

Malezas de memorias,

Y desiertos

Perdidos en la niebla

De los sueños.

Nada turba los siglos

Pasados.

No podemos

Arrancar un suspiro

De lo viejo.

El pasado se pone

Su coraza de hierro,

Y tapa sus oídos

Con algodón del viento.

Nunca podrá arrancársele

Un secreto.

Sus músculos de siglos

Y su cerebro

De marchitas ideas

En feto

No darán el licor que necesita

El corazón sediento.

Pero el niño futuro

Nos dirá algún secreto

Cuando juegue en su cama

De luceros.

Y es fácil engañarle;

Por eso,

Démosle con dulzura

Nuestro seno,

Que el topo silencioso

Del presentimiento

Nos traerá sus sonajas

Cuando se esté durmiendo.

CANCIÓN PARA LA LUNA

_Agosto de 1920_

Blanca tortuga,

Luna dormida,

¡Qué lentamente

Caminas!

Cerrando un párpado

De sombra, miras

Cual arqueológica

Pupila.

Que quizás sea...

(Satán es tuerto)

Una reliquia,

Viva lección

Para anarquistas.

Jehová acostumbra

Sembrar su finca

Con ojos muertos

Y cabecitas

De sus contrarias

Milicias.

Gobierna rígido

La Faz divina

Con su turbante

De niebla fría,

Poniendo dulces

Astros sin vida

Al rubio cuervo

Del día.

Por eso, luna,

¡Luna dormida!,

Vas protestando

Seca de brisas,

Del gran abuso

La tiranía

De ese Jehová

Que os encamina

Por una senda,

¡Siempre la misma!,

Mientras Él goza

En compañía

De Doña Muerte,

Que es su querida...

Blanca tortuga,

Luna dormida,

Casta Verónica

Del sol que limpias

En el ocaso

Su faz rojiza.

Ten esperanza,

Muerta pupila,

Que el gran Lenin

De tu campiña

Será la Osa

Mayor, la arisca

Fiera del cielo

Que irá tranquila

A dar su abrazo

De despedida,

Al viejo enorme

De los seis días.

Y entonces, luna

Blanca, vendría

El puro reino

De la ceniza.

(Ya habréis notado

Que soy nihilista.)

ELEGIA DEL SILENCIO

_Julio de 1920_

Silencio, ¿dónde llevas

Tu cristal empañado

De risas, de palabras

Y sollozos del árbol?

¿Cómo limpias, silencio,

El rocío del canto

Y las manchas sonoras

Que los mares lejanos

Dejan sobre la albura

Serena de tu manto?

¿Quién cierra tus heridas

Cuando sobre los campos

Alguna vieja noria

Clava su lento dardo

En tu cristal inmenso?

¿Dónde vas si al ocaso

Te hieren las campanas

Y quiebran tu remanso

Las bandadas de coplas

Y el gran rumor dorado

Que cae sobre los montes

azules sollozando?

El aire del invierno

Hace tu azul pedazos,

Y troncha tus florestas

El lamentar callado

De alguna fuente fría.

Donde posas tus manos,

La espina de la risa

O el caluroso hachazo

De la pasión encuentras.

Si te vas a los astros,

El zumbido solemne

De los azules pájaros

Quiebra el gran equilibrio

De tu escondido cráneo.

Huyendo del sonido

Eres sonido mismo,

Espectro de harmonía,

Humo de grito y canto.

Vienes para decirnos

En las noches obscuras

La palabra infinita

Sin aliento y sin labios.

Taladrado de estrellas

Y maduro de música,

¿Dónde llevas, silencio,

Tu dolor extrahumano,

Dolor de estar cautivo

En la araña melódica,

Ciego ya para siempre

Tu manantial sagrado?

Hoy arrastran tus ondas

Turbias de pensamiento

La ceniza sonora

Y el dolor del antaño.

Los ecos de los gritos

Que por siempre se fueron.

El estruendo remoto

Del mar, momificado.

Si Jehová se ha dormido

Sube al trono brillante

Quiébrale en su cabeza

Un lucero apagado,

Y acaba seriamente

Con la música eterna,

La harmonía sonora

De luz, y mientras tanto,

Vuelve a tu manantial,

Donde en la noche eterna,

Antes que Dios y el Tiempo,

Manabas sosegado.

BALADA DE UN DÍA DE JULIO

_Julio de 1919_

Esquilones de plata

Llevan los bueyes.

--¿Dónde vas, niña mía,

De sol y nieve?

--Voy a las margaritas

Del prado verde.

--El prado está muy lejos

y miedo tiene.

--Al airón y a la sombra

Mi amor no teme.

--Teme al sol, niña mía,

De sol y nieve.

--Se fué de mis cabellos

Ya para siempre.

--¿Quién eres, blanca niña?

¿De dónde vienes?

--Vengo de los amores

Y de las fuentes.

Esquilones de plata

Llevan los bueyes.

--¿Qué llevas en la boca

Que se te enciende?

--La estrella de mi amante

Que vive y muere.

--¿Qué llevas en el pecho

Tan fino y leve?

--La espada de mi amante

Que vive y muere.

--¿Qué llevas en los ojos

Negro y solemne?

--Mi pensamiento triste

Que siempre hiere.

--¿Por qué llevas un manto

Negro de muerte?

--¡Ay, yo soy la viudita

Triste y sin bienes!

Del conde del Laurel

De los Laureles.

--¿A quién buscas aquí

Si a nadie quieres?

--Busco el cuerpo del conde

De los Laureles.

--¿Tú buscas el amor,

Viudita aleve?

Tú buscas un amor

Que ojalá encuentres.

--Estrellitas del cielo

Son mis quereres,

¿Dónde hallaré a mi amante

Que vive y muere?

--Está muerto en el agua,

Niña de nieve,

Cubierto de nostalgias

Y de claveles.

--¡Ay! caballero errante

De los cipreses,

Una noche de luna

Mi alma te ofrece.

--Ah Isis soñadora.

Niña sin mieles

La que en bocas de niños

Su cuento vierte.

Mi corazón te ofrezco,

Corazón tenue,

Herido por los ojos

De las mujeres.

--Caballero galante,

Con Dios te quedes.

--Voy a buscar al conde

De los Laureles...

--Adiós mi doncellita,

Rosa durmiente,

Tú vas para el amor

Y yo a la muerte.

Esquilones de plata

Llevan los bueyes.

--Mi corazón desangra

Como una fuente.

IN MEMORIAM

_Agosto de 1920_

Dulce chopo,

Dulce chopo,

Te has puesto

De oro.

Ayer estabas verde,

Un verde loco

De pájaros

Gloriosos.

Hoy estás abatido

Bajo al cielo de agosto

Como yo bajo al cielo

De mi espíritu rojo.

La fragancia cautiva

De tu tronco

Vendrá a mi corazón

Piadoso.

¡Rudo abuelo del prado!

Nosotros,

Nos hemos puesto

De oro.

SUEÑO

_Mayo de 1919_

Mi corazón reposa junto a la fuente fría.

(Llénalo con tus hilos

Araña del olvido.)

El agua de la fuente su canción le decía.

(Llénala con tus hilos

Araña del olvido.)

Mi corazón despierto sus amores decía.

(Araña del silencio,

Téjele tu misterio.)

El agua de la fuente lo escuchaba sombría.

(Araña del silencio,

Téjele tu misterio.)

Mi corazón se vuelca sobre la fuente fría.

(Manos blancas, lejanas,

Detened a las aguas.)

Y el agua se lo lleva cantando de alegría.

(¡Manos blancas, lejanas,

Nada queda en las aguas!)

PAISAJE

_Junio de 1920_

Las estrellas apagadas

Llenan de ceniza el río

Verdoso y frío.

La fuente no tiene trenzas.

Ya se han quemado los nidos

escondidos.

Las ranas hacen del cauce

Una siringa encantada

Desafinada.

Sale del monte la luna,

Con su cara bonachona

De jamona.

Una estrella le hace burla

Desde su casa de añil

Infantil.

El débil color rosado

Hace cursi el horizonte

Del monte,

Y observo que el laurel tiene

Cansancio de ser poético

Y profético.

Como la hemos visto siempre

El agua se va durmiendo,

Sonriyendo.

Todo llora por costumbre,

Todo el campo se lamenta

Sin darse cuenta.

Yo, por no desafinar,

Digo por educación:

«¡Mi corazón!».

Pero una grave tristeza

Tiñe mis labios manchados

De pecados.

Yo voy lejos del paisaje.

Hay en mi pecho una hondura

De sepultura.

Un murciélago me avisa

Que el sol se esconde doliente

En el Poniente.

¡Pater noster por mi amor!

(Llanto de las alamedas

Y arboledas.)

En el carbón de la tarde

Miro mis ojos lejanos,

Cual milanos.

Y despeino mi alma muerta

Con arañas de miradas

Olvidadas.

Ya es de noche, y las estrellas

Clavan puñales al río

Verdoso y frío.

NOVIEMBRE

_Noviembre 1920_

Todos los ojos

Estaban abiertos

Frente a la soledad

Despintada por el llanto.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

Los verdes cipreses

Guardaban su alma

Arrugada por el viento,

Y las palabras como guadañas

Segaban almas de flores.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

El cielo estaba marchito.

¡Oh tarde cautiva por las nubes,

Esfinge sin ojos!

Obeliscos y chimeneas

Hacían pompas de jabón.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

Los ritmos se curvaban

Y se curvaba el aire,

Guerreros de niebla

Hacían de los árboles

Catapultas.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

¡Oh tarde,

Tarde de mi otro beso!

Tema lejano de mi sombra,

¡Sin rayo de oro!

Cascabel vacío.

Tarde desmoronada

Sobre piras de silencio.

Tin

Tan,

Tin

Tan.

PREGUNTAS

_Mayo de 1918_

Un pleno de cigarras tiene el campo.

--¿Qué dices, Marco Aurelio,

De estas viejas filósofas del llano?--

¡Pobre es tu pensamiento!

Corre el agua del río mansamente.

--¡Oh, Sócrates! ¿Qué ves

En el agua que va a la amarga muerte?--

¡Pobre y triste es tu fe!

Se deshojan las rosas en el lodo.

¡Oh, dulce Juan de Dios!

¿Qué ves en estos pétalos gloriosos?

¡Chico es tu corazón!

LA VELETA YACENTE

_Diciembre de 1920_

(MADRID)

El duro corazón de la veleta

Entre el libro del tiempo.

(Una hoja la tierra

Y otra hoja el cielo.)

Aplastóse doliente sobre letras

De tejados viejos.

Lírica flor de torre

Y luna de los vientos,

Abandona el estambre de la cruz

Y dispersa sus pétalos,

Para caer sobre las losas frías

Comida por la oruga

De los ecos.

Yaces bajo una acacia.

¡Memento!

No podías latir

Porque eras de hierro...

Mas poseíste la forma,

¡Conténtate con eso!

Y húndete bajo el verde

Legamo,

En busca de tu gloria

De fuego,

Aunque te llamen tristes

Las torres desde lejos

Y oigas en las veletas

Chirriar tus compañeros.

Húndete bajo el paño

Verdoso de tu lecho,

Que ni la blanca monja,

Ni el perro,

Ni la luna menguante,

Ni el lucero,

Ni el turbio sacristán

Del convento,

Recordarán tus gritos

Del invierno.

Húndete lentamente,

Que si no, luego,

Te llevarán los hombres

De los trapos viejos.

Y ojalá pudiera darte

Por compañero

Este corazón mío

¡Tan incierto!

CORAZÓN NUEVO

_Junio de 1918_

(GRANADA)

Mi corazón, como una sierpe,

Se ha desprendido de su piel,

Y aquí la miro entre mis dedos

Llena de heridas y de miel.

Los pensamientos que anidaron

En tus arrugas ¿dónde están?

¿Dónde las rosas que aromaron

A Jesucristo y a Satán?

¡Pobre envoltura que ha oprimido

A mi fantástico lucero!

Gris pergamino dolorido

De lo que quise y ya no quiero.

Yo veo en ti fetos de ciencias,

Momias de versos y esqueletos

De mis antiguas inocencias

Y mis románticos secretos.

¿Te colgaré sobre los muros

De mi museo sentimental,

Junto a los gélidos y obscuros

Lirios durmientes de mi mal?

¿O te pondré sobre los pinos

--Libro doliente de mi amor--

Para que sepas de los trinos

Que da a la aurora el ruiseñor?

SE HA PUESTO EL SOL

_Agosto de 1920_

Se ha puesto el sol.

Los árboles

Meditan como estatuas.

Ya está el trigo segado,

¡Qué tristeza

De las norias paradas!

Un perro campesino

Quiere comerse a Venus, y le ladra.

Brilla sobre su campo de pre-beso,

Como una gran manzana.

Los mosquitos--pegasos del rocío--

Vuelan, el aire en calma.

La Penelope inmensa de la luz

Teje una noche clara.

Hijas mías, dormid, que viene el lobo,

Las ovejitas balan.

¿Ha llegado el otoño, compañeras?

Dice una flor ajada.

¡Ya vendrán los pastores con sus nidos

Por la sierra lejana!

Ya jugarán las niñas en la puerta

De la vieja posada,

Y habrá coplas de amor

Que ya se saben

De memoria las casas.

PAJARITA DE PAPEL

_Julio de 1920_

¡Oh pajarita de papel!

Aguila de los niños.

Con las plumas de letras,

Sin palomo

Y sin nido.

Las manos aun mojadas de misterio

Te crean en un frío

Anochecer de otoño, cuando mueren

Los pájaros y el ruido

De la lluvia nos hace amar la lámpara,

El corazón y el libro.

Naces para vivir unos minutos

En el frágil castillo

De naipes que se eleva tembloroso

Como el tallo de un lirio,

Y meditas allí ciega y sin alas

Que pudiste haber sido

El atleta grotesco que sonríe

Ahorcado por un hilo,

El barco silencio sin remeros ni velamen,

El lírico

Buque fantasma del miedoso insecto,

O el triste borriquito

Que escarnecen, haciéndolo pegaso,

Los soplos de los niños.

Pero enmedio de tu meditación

Van gotas de humorismo.

Hecha con la corteza de la ciencia

Te ríes del destino,

Y gritas: Blanca flor no muere nunca,

Ni se muere Luisito.

La mañana es eterna, es eterna

La fuente del rocío.

Y aunque no crees en nada dices esto,

No se enteren los niños,

De que hay sombra detrás de las estrellas

Y sombra en tu castillo.

Enmedio de la mesa, al derrumbarse

Tu azul mansión, has visto

Que el milano te mira ansiosamente:

Es un recién nacido.

Una pompa de espuma sobre el agua

Del sufrimiento vivo.

Y tú vas a sus labios luminosos

Mientras ríen los niños,

Y callan los papás no sea despierten

Los dolores vecinos.

Así pájaro clown desapareces

Para nacer en otro sitio.

Así pájaro esfinge das tu alma

De ave fénix al limbo.

MADRIGAL

_Octubre de 1920_

(MADRID)

Mi beso era una granada,

Profunda y abierta;

Tu boca era rosa

De papel.

El fondo un campo de nieve.

Mis manos eran hierros

Para los yunques,

Tu cuerpo era el ocaso

De una campanada.

El fondo un campo de nieve.

En la agujereada

Calavera azul

Hicieron estalactitas

Mis te quiero.

El fondo un campo de nieve.

Llenáronse de moho

Mis sueños infantiles,

Y taladró a la luna

Mi dolor salomónico.

El fondo un campo de nieve.

Ahora a maestro grave

A la alta escuela,

A mi amor y a mis sueños

(Caballitos sin ojos).

Y el fondo es un campo de nieve.

UNA CAMPANA

_Octubre de 1920_

Una campana serena

Crucificada en su ritmo

Define a la mañana

Con peluca de niebla

Y arroyos de lágrimas.

Mi viejo chopo

Turbio de ruiseñores

Esperaba

Poner entre las hierbas

Sus ramas

Mucho antes que el otoño

Lo dorara.

Pero los puntales

De mis miradas

Lo sostenían.

¡Viejo chopo, aguarda!

¿No sientes la madera

De mi amor desgarrada?

Tiéndete en la pradera

Cuando cruja mi alma

Que un vendaval de besos

Y palabras

Ha dejado rendida,

Lacerada.

CONSULTA

_Agosto de 1920_

¡Pasionaria azul!

Yunque de mariposas.

¿Vives bien en el limo

De las horas?

(¡Oh, poeta infantil

Quiebra tu reloj!)

Clara estrella azul,

Ombligo de la aurora.

¿Vives bien en la espuma

De la sombra?

(¡Oh, poeta infantil

Quiebra tu reloj!)

Corazón azulado,

Lámpara de mi alcoba.

¿Lates bien sin mi sangre

Filarmónica?

(¡Oh, poeta infantil

Quiebra tu reloj!)

Os comprendo y me dejo

Arrumbado en la cómoda

Al insecto del tiempo.

Sus metálicas gotas

No se oirán en la calma

De mi alcoba.

Me dormiré tranquilo

Como dormis vosotras

Pasionarias y estrellas,

Que al fin, la mariposa,

Volará en la corriente

De las horas

Mientras nace en mi tronco

La rosa.

TARDE

_Noviembre de 1919_

Tarde lluviosa en gris cansado,

Y sigue el caminar.

Los árboles marchitos.

Mi cuarto, solitario.

Y los retratos viejos

Y el libro sin cortar...

Chorrea la tristeza por los muebles

Y por mi alma.

Quizá,

No tenga para mí Naturaleza

El pecho de cristal.

Y me duele la carne del corazón

Y la carne del alma.

Y al hablar,

Se quedan mis palabras en el aire

Como corchos sobre agua.

Sólo por tus ojos

Sufro yo este mal,

Tristezas de antaño

Y las que vendrán.

Tarde lluviosa en gris cansado,

Y sigue el caminar.

HAY ALMAS QUE TIENEN...

_8 de febrero de 1920_

Hay almas que tienen

Azules luceros,

Mañanas marchitas

Entre hojas del tiempo,

Y castos rincones

Que guardan un viejo

Rumor de nostalgias

Y sueños.

Otras almas tienen

Dolientes espectros

De pasiones. Frutas

Con gusanos. Ecos

De una voz quemada

Que viene de lejos

Como una corriente

De sombra. Recuerdos

Vacíos de llanto,

Y migajas de besos.

Mi alma está madura

Hace mucho tiempo,

Y se desmorona

Turbia de misterio.

Piedras juveniles

Roídas de ensueño

Caen sobre las aguas

De mis pensamientos.

Cada piedra dice:

¡Dios está muy lejos!

PRÓLOGO

_24 de julio de 1920_

(VEGA DE ZUJAIRA)

Mi corazón está aquí,

Dios mío.

Hunde tu cetro en él, Señor.

Es un membrillo

Demasiado otoñal

Y está podrido.

Arranca los esqueletos

De los gavilanes líricos

Que tanto, tanto lo hirieron,

Y si acaso tienes pico

Móndale su corteza

De Hastío.

Mas si no quieres hacerlo,

Me da lo mismo,

Guárdate tu cielo azul

Que es tan aburrido.

El rigodón de los astros

Y tu Infinito,

Que yo pediré prestado

El corazón a un amigo.

Un corazón con arroyos

Y pinos,

Y un ruiseñor de hierro

Que resista

El martillo

De los siglos.

Ademas, Satanás me quiere mucho,

Fué compañero mío

En un examen de

Lujuria, y el pícaro,

Buscará a Margarita

--Me lo tiene ofrecido--

Margarita morena,

Sobre un fondo de viejos olivos,

Con dos trenzas de noche

De Estío,

Para que yo desgarre

Sus muslos limpios.

Y entonces, ¡oh Señor!,

Seré tan rico

O más que tú,

Porque el vacío

No puede compararse

Al vino

Con que Satán obsequia

A sus buenos amigos.

Licor hecho con llanto.

¡Qué más da!

Es lo mismo

Que tu licor compuesto

De trinos.

Dime, Señor,

¡Dios mío!

¿Nos hundes en la sombra

Del abismo?

¿Somos pájaros ciegos

Sin nidos?

Libro de poemas · 第 1 / 3 段