Dichos y el moro _Tarfe_ que entra furioso y con el chafarote
desenvainado.
_Tarfe_.
¿Dónde está ese tunante,
que por el intrincado laberinto
de esos mil corredores
se escabulló siguiendo a mis amores?
_D. Tristán_.
Aquí me tienes, moro majadero,
y ya en la sangre de tu amiga tinto
está mi fuerte acero.
_Tarfe_.
¡Pues vivo no saldrás de este recinto!
Pague tu desalmada
sangre, la que vertiste de mi amada.
(Riñen. Don Tristán atraviesa al moro de una estocada y el moro cae
muerto.)