Racedo me decía: «Entregó todo á las nueve y media y regresa.»

Desde ese día seguí tratando á Rufino Pereira con la mayor confianza, y

el gaucho me sirvió en todo honradamente, hasta en cosas reservadas.

Nuestros campos están llenos de Rufinos Pereiras.

La raza de este ser desheredado que se llama _gaucho_, digan lo que

quieran, es excelente y como blanda cera, puede ser modelada para el

bien; pero falta, triste es decirlo, la protección generosa, el cariño

y la benevolencia. El hombre suele ser hijo del rigor, pero inclinado

naturalmente al mal, hay que contrariar sus tendencias, despertando en

él ideas nobles y elevadas, convenciéndonos de que más se hace con miel

que con hiel.

Durante dos años, Rufino, el gaucho malo de Villanueva, el bandido

famoso, temido por todos, acusado de todo linaje de iniquidades--sólo

cometió un desliz,--el que le hizo presentarse ebrio delante de Mariano

Rosas y de mí.

Fiel á mi regla de conducta, á mis propósitos y á mis convicciones

arraigadas, por el estudio que he hecho del corazón, de la humanidad,

después del reto le di al gaucho una porción de consejos útiles,

exhortándolo con cariño á que no los echase en saco roto.

Me prometió no volver á incurrir en la falta cometida, y lo cumplió.

El licor se le iba á la cabeza fácilmente. Mientras estuvimos entre los

indios no volvió á beber.

El disco de fuego del sol, resplandeciendo en el horizonte, lo teñía

con ricos colores de púrpura y mieles.

Hacía un rato que había amanecido.

Resolví irme á bañar al jagüel. Me puse de pie, abandoné el fogón y

tomé el camino del baño.

Había andado unos pocos pasos, cuando me encontré con Mariano Rosas.

Venía del jagüel, sus mojadas melenas y la frescura de su tez lo

revelaban.

Nos saludamos con cariño.

--Voy á bañarme, hermano--le dije.

--Yo acabo de hacer lo mismo--me contestó,--y ahora voy á varear mi

caballo.

Marchamos en opuesto rumbo.

Yo regresaba del baño y él regresaba con su caballo cubierto de

espumoso sudor.

Llegó, se apeó, lo desensilló, lo soltó y ensilló otro que estaba atado

al palenque. Terminada la operación le puso el freno y lo volvió á atar

de la rienda.

Los indios hacen esta operación todas las mañanas.

Cuando nos roban caballos, empiezan por soltarlos en los montes para

que se aquerencien y _tomen el pasto_. Una vez conseguido esto, hoy

ensillan un caballo, mañana otro, y así sucesivamente, y al salir el

sol los galopan fuerte por el campo más quebrado, más arenoso, más

lleno de médanos.

Nuestros caballos, mediante una segunda educación, cobran un vigor

extraordinario. Y como durante veinticuatro horas permanecen al palo,

sin comer ni beber, con el freno puesto, resisten asombrosamente á las

más largas privaciones.

De ahí la superioridad del indio en la guerra de fronteras.

Toda su estrategia estriba en huir, esquivando el combate. Son

ladrones, no guerreros. Pelear es para ellos el recurso extremo. Su

gloria consiste en que el malón sea pingüe y en volver de él con el

menor número de indios sacrificados en aras del trabajo.

¡Cómo han de competir nuestros caballos con los de ellos! ¡Cómo hemos

de darles alcance, cuando llevándonos algunas horas de ventaja salimos

en su persecución!

Es como correr tras el viento.

Después que Mariano ató su caballo, nos sentamos bajo la enramada y

convinimos en ocuparnos de asuntos oficiales.

Mañana tendremos la primer conferencia diplomática.

Una Excursión a los Indios Ranqueles - Tomo 1 · 第 48 / 49 题