Antes de hablar de los usos referentes a la ceremonia del bautizo,
será oportuna alguna observación sobre la manera cómo debemos
conducirnos en la iglesia.
En las ceremonias de familia, como bautizos, casamientos, etc., los
trajes de cada cual pueden ser, según la posición y ateniéndose a
las circunstancias, más o menos elegantes y vistosos; pero sería
de mal gusto en días ordinarios, y aun en grandes festividades de
la Iglesia, presentarse en ella con traje extremadamente llamativo
por su color o forma, así como sería irrespetuoso presentarse con
desaliño.
Sabido es que se ha de entrar en la iglesia con la compostura debida,
sin hablar ni empujar bruscamente las sillas, produciendo barullo y
confusión, absteniéndose de hacer cosa alguna que pueda ser molesta a
los demás; pero esto, que es obligatorio en las iglesias del _propio_
culto, es de indispensable cortesía en todo sitio destinado a la
oración, sea cual fuere el rito o religión a que pertenezca; pues en
esta, como en todas las ocasiones de la vida, es de poca educación
el herir los sentimientos religiosos de los demás, aun siendo estos
completamente desconocidos, ni faltarles bajo ningún concepto, con
pretexto de que son personas a quienes no se ha de ver más.