Naipes

Sin invitación expresa no se sienta nadie a la mesa de juego.

Las señoras son las primeras en elegir sitio, como también lo son en

cobrar ganancias; después toman asiento los caballeros.

Una joven ni entra en la sala de juego, ni mucho menos se sienta en

la mesa sino a ruego de la señora de la casa.

Se procurará no eternizarse junto a la mesa de juego, si hay otras

personas que deseen ocupar el sitio.

La señora de más edad, que es la que tiene el privilegio de escoger

el juego de naipes, deberá fijar, si no lo han hecho ya los dueños el

tipo de las apuestas, que nadie se atreverá a modificar.

También es incumbencia de ella, o del caballero de mayor autoridad,

decidir en los casos dudosos.

Es costumbre que el que distribuye las cartas por primera vez salude

al entregarlas a cada uno de los jugadores, correspondiéndole estos

con una demostración análoga cuando les llegue el turno.

No está bien que uno baraje cuando ya otro barajó, ni que un

caballero discuta con una señora sobre las reglas del juego; que se

aplace más de veinticuatro horas el pago de lo que se perdió, ni

que un jugador oculte sus naipes a las miradas de los curiosos; los

cuales a su vez, aunque interesen en el juego, no deben dar consejos

al jugador que no los pida, ni menos pronunciar palabras, hacer

signos ni otras demostraciones que, aun sin mala intención, pueden

decidir del resultado del juego, dar lugar a que se tuerza su curso,

o pie a cuestiones desagradables en una distracción que debe ser

solamente de agradable solaz.

El que gana está obligado a conceder desquite a quien lo desee;

por cuya razón nadie debe retirarse después de una ganancia sin

indemnizar debidamente.

La moda inventa constantemente nuevos juegos de sociedad, y como

cada juego tiene sus reglas, es necesario que antes de establecerlos

en una reunión se anuncien y fijen dichas reglas para evitar las

interpretaciones y discusiones.

[Ilustración]

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Deberes de buena sociedad · 第 119 / 183 题