Al ofrecer al público esta recopilación de costumbres y usos que,
con ligeras variantes, son las de la buena sociedad, me guía el
propósito de suplir, dentro de la medida de mis fuerzas, la falta que
se nota de una especie de código que evite en determinados casos de
la vida, el tener que preguntar qué conducta se debe seguir para no
singularizarse.
Si mi modesto propósito halla buena acogida y personas más
competentes completan mi obra, pues la historia de la cortesía en
los tiempos antiguos y modernos es materia que presta para escribir
voluminosos libros; y uniendo la erudición al conocimiento del
_savoir vivre_ llegan a hacer amena la lectura de esta clase de
escritos, conseguiré el fin que me he propuesto y me daré por
satisfecho con haber delineado el cuadro, para que otros lo presenten
acabado y realzado con los vivos colores del ingenio.
A los que no hayan leído tratados de educación, han de sorprenderles
ciertas observaciones que les parecerán nimiedades; pero los que
conozcan los publicados en el extranjero y en España, recordarán
que en ellos abundan párrafos y reglas sobre minuciosidades que los
tratadistas, en particular los ingleses, han considerado dignas de
atención; y cuando estos, que hoy dan el tono a la alta sociedad, así
proceden sin que nadie muestre sorpresa, señal es de que tiene cabida
en tales libros lo que en otros holgaría. A pesar de su autoridad,
solo por excepción consigno en esta obrita algunas de dichas
observaciones, por creerlas no todas absolutamente necesarias.
[Ilustración]
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