Sintiendo Idomeneo que se verificase la partida de sus huéspedes,
intentó retardarla, diciéndole a Méntor que le era imposible despachar
sin su consejo una multitud de negocios de gran consideración.
Propónele Méntor las reglas que debía observar para ello, e insiste en
tornar a Telémaco a su patria. Proyecta Idomeneo detenerlos excitando
la pasión que el hijo de Ulises tenía a su hija y les convida al efecto
a una cacería a la que también debía concurrir Antíope, y en la que fue
salvada por su amante de los riesgos de ser despedazada a que la expuso
un jabalí. Resístese de nuevo Telémaco a partir, empero triunfa Méntor
y verifícase la partida.
[Ilustración]