Calipso interrumpe a Telémaco para que descanse. Repréndele Méntor
a solas porque había hecho tan exacta narración de sus aventuras y
le aconseja que las acabe de contar, pues que ya las había empezado.
Telémaco refiere que durante su navegación desde Tiro tuvo un sueño
en que vio a Venus y a Cupido contra quienes le protegía Minerva: que
después le pareció haber visto también a Méntor que le exhortaba a que
huyese de aquella isla: que al despertar notó que se había levantado
una borrasca en la que sin duda hubiera perecido si él mismo no hubiera
tomado el timón del navío, porque los chipriotas se habían embriagado
de modo que no estaban en estado de dirigirle: que a su arribo a la
isla vio con horror los ejemplos más contagiosos, pero que hallándose
también en ella el sirio Hazael, de quien Méntor había venido a ser
esclavo, le devolvió a este su sabio director y los embarcó en su navío
para llevarlos a Creta, en cuya travesía vieron el hermoso espectáculo
de Anfitrite en su carro tirado de caballos marinos.
[Ilustración]