Después de revolcarse en el suelo con epiléptica contracción de brazos y
piernas, y de golpearse la cara y tirarse de los pelos, lanzando
exclamaciones guturales en lengua arábiga, que Benina no entendía,
rompió a llorar como un niño, sentado ya a estilo moro, y continuando en
la tarea de aporrearse la frente y de clavar los dedos convulsos en su
rostro. Lloraba con amargo desconsuelo, y las lágrimas calmaron sin
duda, su loca furia. Acercose Benina un poquito, y vio su rostro
inundado de llanto que le humedecía la barba. Sus ojos eran fuentes por
donde su alma se descargaba del raudal de una pena infinita.
Pausa larga. Almudena, con voz quejumbrosa de chiquillo castigado, llamó
cariñosamente a su amiga.
«Nina... _amri_... ¿Estar aquí ti?
--Sí, hijo mío, aquí estoy viéndote llorar como San Pedro después que
hizo la canallada de negar a Cristo. ¿Te arrepientes de lo que has
hecho?
--Sí, sí... _amri_... ¡Haber pegado ti!... ¿Doler ti _mocha_?
--¡Ya lo creo que me escuece!
--Yo malo... _yorando_ mí días _mochas_, _poique_ pegar ti... _Amri_,
_perdoñar_ tú mí...
--Sí... perdonado... Pero no me fío.
--Tomar tú palo--le dijo alargándoselo--Venir qui... _cabe_ mí. Coger palo
y dar mí fuerte, hasta que matar tú mí.
--No me fío, no.
--Tomar tú este _cochilo_--añadió el africano sacando del bolso interior
del chaquetón una herramienta cortante--. Mercarlo yo pa pegar ti...
Matar tú mí con él, quitar vida mí. Mordejai no _quierer_ vida... muerte
sí, muerte...».
Como quien no hace nada, Benina se apoderó de las dos armas, palo y
cuchillo, y arrimándose ya sin temor alguno al desdichado ciego, le
puso la mano en el hombro. «Me has partido algún hueso, porque me duele
_mocha_--le dijo--. A ver dónde me curo yo ahora... No, hueso roto no hay;
pero me has levantado unos morcillones como mi cabeza, y el árnica que
gaste yo esta tarde tú me la tienes que abonar.
--Dar yo ti... vida... _Perdoñar_ mí... _Yorar_ yo meses _mochas_, si tú
no _perdoñando_ mí... Estar loco... yo _quierer_ ti... Si tú no _quierer_
mí, Almudena matar si él _sigo_.
--Bueno va. Pero tú has tomado algún maleficio. ¡Vaya, que salir ahora
con ese cuento de enamorarte de mí! ¿Pero tú no sabes que soy una vieja,
y que si me vieras te caerías para atrás del miedo que te daba?
--No ser vieja tú... Yo _quiriendo_ ti.
--Tú quieres a Petra.
--No... _B'rracha_... fea, mala... Tú ser _muquier_ una sola... No haber
otra mí».
Sin dar tregua a su intensa aflicción, cortando las palabras con los
hondos suspiros y el continuo sollozar, torpe de lengua hasta lo sumo,
declaró Almudena lo que sentía, y en verdad que si pudo entender Benina
lenguaje tan extraño, no fue por el valor y sentido de los conceptos,
sino por la fuerza de la verdad que el marroquí ponía en sus
extrañísimas modulaciones, aullidos, desesperados gritos, y sofocados
murmullos. Díjole que desde que el Rey _Samdai_ le señaló la
mujer _única_, para que le siguiera y de ella se apoderara, anduvo
corriendo por toda la tierra. Más él caminaba, más delante iba la mujer,
sin poder alcanzarla nunca. Andando el tiempo, creyó que la fugitiva era
Nicolasa, que con él vivió tres años en vida errante. Pero no era;
pronto vio que no era. La suya delante, siempre delante, entapujadita y
sin dejarse ver la cara... Claro, que él veía la figura con los ojos del
alma... Pues bueno: cuando conoció a Benina, una mañana que por primera
vez se presentó ella en San Sebastián, llevada por Eliseo, el corazón,
queriendo salírsele del pecho, le dijo: «Esta es, esta sola, y no hay
otra». Más hablaba con ella, más se convencía de que era _la suya_; pero
quería dejar pasar tiempo, y _priebarlo_ mejor. Por fin llegó la
certidumbre, y él esperando, esperando una ocasión de decírselo a
ella... Así, cuando le contaron que Benina quería al _galán bunito_, y
que se lo había llevado a su casa nada menos que en coche, le entró tal
desconsuelo, seguido de tan espantosa furia, que el hombre no sabía si
matarse o matarla... Lo mejor sería consumar a un tiempo las dos
muertes, después de haber despachado para el otro mundo a media
humanidad, repartiendo golpes a diestro y siniestro.
Oyó Benina con interés y piedad este relato, que aquí se da, para no
cansar, reducido a mínimas proporciones; y como era mujer de buen
sentido, no incurrió en la ligereza de engreírse con aquella pasión
africana, ni tampoco hizo chacota de ella, como natural parecía,
considerando su edad y las condiciones físicas del desdichado ciego.
Manteniéndose en un justo medio de discreción, miraba sólo el fin
inmediato de que su amigo se tranquilizara, apartando de su mente las
ideas de muerte y exterminio. Explicole lo del _galán bunito_,
procurando convencerle de que sólo un sentimiento de caridad habíala
movido a llevarle a la casa de su señora, sin que mediase en ello el
amor, ni cosa tocante a las relaciones de hombre y mujer. No se daba por
convencido Mordejai, que planteó por fin la cuestión en términos que
justificaban la veracidad y firmeza de su afecto, a saber: para que él
creyese lo que Benina acababa de decirle, convenía que se lo demostrara
con hechos, no con palabras, que el viento se lleva. ¿Y cómo se lo
demostraría con hechos, de modo que él quedase plenamente satisfecho y
convencido? Pues de un modo muy sencillo: dejando todo, su señora, _casa
suya_, _galán bunito_; yéndose a vivir con Almudena, y quedando unidos ya
los dos para toda la vida.
No respondió la anciana con negación rotunda por no excitarle más, y se
limitó a presentarle los inconvenientes del abandono brusco de su
señora, que se moriría si de ella se separase. Pero a todas estas
razones oponía el marroquí, otras fortalecidas en el fuero y leyes de
amor, que a todo se sobreponen. «Si tú _quierer mí_, _amri_, mí casar
_tigo_».
Al hacer la oferta de su blanca mano, acompañándola de un suspirar
tierno y de remilgos de vergüenza, con sus enormes labios que se
dilataban hasta las orejas o se contraían formando un hocico monstruoso,
Benina no pudo evitar una risilla de burla. Pero conteniéndose al
instante, acudió a la respuesta con este discretísimo argumento:
«Hijo, así te llamo porque pudieras serlo... agradezco tu fineza; pero
repara que he cumplido los sesenta años.
--_Cumplir no cumplir sisenta_, _milienta_, _yo quierer ti_.
--Soy una vieja, que no sirve para nada.
--_Sirvi_, _amri_; yo _quierer_ ti... tú _mais_ que la luz _bunita_; moza
tú.
--¡Qué desatino!
--Casar _migo tigo_, y _dirnos migo_ con tú a _terra_ mía, _terra_ de
Sus. Mi padre Saúl, rico él; mis _germanos_, ricos ellos; mi madre
Rimna, rica _bunita_ ella... _quierer_ ti, _dicir_ hija ti...
Verás _terra_ mía: _aceita mocha_, _laranjas mochas_... _carnieras
mochas_ padre mío... _mochas arbolas_ cabe el río; casa grande... noria
d'agua fresca... _bunito_; ni frío ni _calora_».
Aunque la pintura de tanta felicidad influía levemente en su ánimo, no
se dejaba seducir Benina, y como persona práctica vio los inconvenientes
de una traslación repentina a países tan distantes, donde se encontraría
entre gentes desconocidas, que hablaban una lengua de todos los
demonios, y que seguramente se diferenciarían de ella por las
costumbres, por la religión y hasta por el vestido, pues allá, de fijo
andaban con taparrabo... ¡Bonita estaría ella con taparrabo! ¡Vaya, que
se le ocurrían unas cosas al buen Mordejai! Mostrándose afectuosa y
agradecida, le argumentó con los inconvenientes de la precipitación en
cosa tan grave como es el casarse de buenas a primeras, y correrse de un
brinco nada menos que al África, que es, como quien dice, _donde
empiezan los Pirineos_. No, no: había que pensarlo despacio, y tomarse
tiempo para no salir con una patochada. Mucho más práctico, según ella,
era dejar todo ese lío del casamiento y del viaje de novios para más
adelante, ocupándose por el pronto en realizar, con todos los requisitos
que aseguraran el éxito, el conjuro del rey _Samdai_. Si la cosa
resultaba, como Almudena le aseguró, y venían a poder de ella las
banastas de piedras preciosas, que tan fácilmente se convertirían en
billetes de Banco, ya tenían todas las cuestiones resueltas, y lo demás
prontamente se allanaría. El dinero es el arreglador infalible de
cuantas dificultades hay en el mundo. Total: que ella se comprometía a
cuanto él quisiera, y desde luego empeñaba su palabra de casorio y de
seguirle hasta el fin del mundo, siempre y cuando el rey _Samdai_
concediese lo que con todas las reglas, ceremonias y rezos benditos se
le había de pedir.
Quedose meditabundo el africano al oír esto, y después se dio golpetazos
en la frente, como hombre que experimenta gran confusión y desconsuelo.
«_Perdoñar_ mí tú... Olvidar mí _dicer_ ti cosa.
--¿Qué? ¿Vas a salir ahora con inconvenientes? ¿Es que la operación no
vale porque faltaría algún requisito?
--Olvidar mí _requesito_... No valer, _poique_ ser tú _muquier_.
--¡Condenado!--exclamó Benina sin poder contener su enojo--, ¿por qué no
empezaste por ahí? Pues si el primer _requesito_ es ser hombre... ¡a ver!
--_Perdoñar_ mí... Olvidar cosa _migo_.
--Tú no tienes la cabeza buena. ¡Vaya una plancha! Pero ¡ay! la culpa es
mía, por haberme creído las paparruchas que inventan en tu tierra
maldecida, y en esa tu religión de los demonios coronados. No, no lo
creí... Era que la pobreza me cegaba... Y no lo creo, no. Perdóneme Dios
el mal pensamiento de llamar al diablo con todos esos arrumacos;
perdóneme también la Virgen Santísima.
--Si no valer eso _poique_ ser tú _muquier_...--replicó Almudena
vergonzoso--, saber mí otra cosa... que si _jacer_ tú, coger has tú _tuda
la diniera_ que tú _querier_.
--No, no me engañas otra vez. ¡Buen pájaro estás tú!... Ya no creo nada
de lo que me digas.
--Por la bendita luz, verdad ser... Rayo del cielo matar mí, si _n'gañar_
ti... ¡Coger _diniero_, _mocha diniero_!
--¿Cuándo?
--Cuando _quiriendo_ tú.
--A ver... Aunque no he de creerlo, dímelo pronto.
--Yo dar ti _p'peleto_...
--¿Un papelito?
--Sí... Poner tú punta _lluengua_...
--¿En la punta de la lengua?
--Sí: entrar con ello Banco, _p'peleto en llengua_, y _naide_ ver ti.
Poder coger _diniero tuda_... No ver ti _naide_.
--Pero eso es robar, Almudena.
--_Naide_ ver, _naide_ a ti _dicir naida_.
--Quita, quita... Yo no tengo esas mañas. Robar, no. ¿Que no me ven? Pero
Dios me verá».