_Doña Clarines se va por la puerta del foro, hacia la izquierda, y Tata
la sigue. Luján se queda haciéndose cruces._ DON BASILIO _sale por
donde se marchó, y lo sorprende._
LUJÁN. En mi vida[100] he visto una casa más extraordinaria. ¡Lo que[101]
se va a reír mi mujer cuando yo le cuente!...
DON BASILIO. ¿Te estás haciendo cruces?
LUJÁN. Sí, por cierto.
DON BASILIO. ¿Es que has hablado con mi hermana?
LUJÁN. Un poco.
DON BASILIO. Yo escurrí el bulto, ya lo viste. Y qué: ¿crees que es cosa
perdida?
LUJÁN. _Siguiéndole el humor._ ¡Ah, sí: cosa perdida!
DON BASILIO. ¿Ves tú? ¿Ves tú? Y me dicen a mí... _Entusiasmándose._
Lo que yo deploro... Porque yo... Porque tú... Porque yo podría darte
detalles infinitos de las extravagancias de Clarines para ayudar tu
labor científica... ¡Pero soy tan frágil de memoria! Se me olvida todo;
se me va la cabeza...[102]
LUJÁN. Pues déjala ir.
DON BASILIO. ¿Cómo? Oye: y si yo... A ver qué opinas de esto.
LUJÁN. Tú dirás.
DON BASILIO. Si yo, que estoy observando a mi hermana constantemente,
apuntara todo aquello que a ti te pudiera servir... ¿eh? todas sus
rarezas... ¿eh? todas sus... ¿eh? ¿Qué opinas?
LUJÁN. Que has tenido una inspiración. _Disponiéndose a irse._ No
dejes de hacerlo.
DON BASILIO. ¡Quita allá! Si para mí es la cosa más fácil... Verás tú.
_Mostrándole un cuadernito que saca del bolsillo._ En este cuaderno,
donde no escribo más que coplas...
LUJÁN. ¿Coplas?
DON BASILIO. Coplas, coplas.
LUJÁN. ¿Tuyas?
DON BASILIO. Mías, sí.
LUJÁN. _Sorprendidísimo._ Ah, pero ¿tú haces coplas?
DON BASILIO. ¿Ahora te desayunas?
LUJÁN. _Cogiéndole el cuaderno._ A ver...
DON BASILIO. Chico, para desahogar mi corazón. Como Espronceda cantó a
Teresa.