TATA. No, señora; no vamos a los Juegos Florales. Me esperaba[92] el
regaño. Pero si me voy sin más ni más y no dejo arregladas las cosas,
luego faltan, y se incomoda usted conmigo. Que tires para arriba que
tires para abajo,[93] Tata ha de pagar siempre. ¡Más harta estoy! Mire
usted, señor don Isidoro...
DOÑA CLARINES. No disertes, y vámonos a la calle.
TATA. Sí, sí, no disertes. Como que pensará usted[94] que me he llevado
las horas muertas delante del espejo poniéndome lazos y perifollos. _A
Luján._ Lo que pasa aquí, señor mío, es que con este entrar y salir de
criados--que no hay uno que dure quince días,--ha de servir Tata por
todos ellos mientras no aprenden los gustos de acá. Y ahora tengo
dos[95] que van a condenarme. La una, la Daría, que es para un repente
si Dios fuere servido.[96] ¡Qué miedo tiene siempre la maldita!
_Remedándola._ «Diga usted: ¿limpio los grifos de la fuente? Diga
usted: ¿limpio la bola de la escalera? Diga usted...» ¡Jesús! ¡que no te
vamos a matar, hija del alma! ¡Yo no sé qué va a sucederle a esa chica si
no pierde el miedo! ¡Ave María!
DOÑA CLARINES. Cállate, Tata; vamos ya.
TATA. No puedo, señora. Déjeme usted este desahogo. Pues ¿y el
andalucito, que no sabe más que tomar posturas? _Remedando también a
Escopeta._ «Oiga usté, paisana. Paisana, escuche usté. Paisana, la yave
der despacho. Paisana...» Y se va a ganar un soplamocos con tanto
paisana. Porque me lo dice por burla. ¡Pues más gracia tenemos las de
aquí, y no la cacareamos tanto!...[97] De manera que no es lo malo,
¿usted me comprende? lo que tengo que hacer, sino lo que tengo que enseñar.
Tata, aquí; Tata, allá; Tata, acullá; ¡y a todo ha de estar Tata![98]
DOÑA CLARINES. Pues ahora a lo que estás es a seguirme a mí. Ya has
charlado bastante. Hasta luego, señor Luján.
LUJÁN. Hasta luego, señora.