_Estancia preferida de doña Clarines en el piso principal de su casa de
Guadalema,[2] ciudad castellana. A la derecha del actor, en primer
término, la puerta de las habitaciones de la señora. Inmediata a esa
puerta, de frente al público, vetusta galería de cristales, con zócalo
de madera tallada que da al jardín, y la cual, avanzando hasta el medio
de la escena, cierra en ángulo recto con la pared del foro.--Una puerta
a la izquierda del actor y al foro otra. Lo mismo éstas dos que la de
las habitaciones de doña Clarines son de cristales y tienen
mediopuntos.--En el suelo, que es de losas encarnadas, y en primer
término de la izquierda, una mirilla de madera para ver desde arriba la
gente que llega al portal, y cerca de ella, también en el suelo, una
argolla atada al extremo del cordel que sirve para abrir el portón sin
tener que bajar escaleras.--Muebles antiguos, pero ricos y bien
cuidados. Algunos retratos al óleo, de familia, decoran las paredes. Es
de noche. Una lámpara que fué primero de petróleo, luego de gas y ahora
es de luz eléctrica, alumbra la estancia. La luz de la luna platea las
copas de los árboles del jardín, que asoman tras los cristales de la
galería._
_La escena está sola. Dentro, lejos, en el piso bajo, óyese ladrar a
Leal, el perro de doña Clarines, anunciando que alguien llega a la
puerta. Por la del foro aparece_ TATA, _vieja desdentada y ruinosa,
pero activa y despierta, pies y manos de doña Clarines y su admiradora
incondicional._
TATA. ¡Calla, Leal, calla! Con este perro no hemos menester campanilla.
¡Calla ya, escandaloso! _Calla el perro. Tata se asoma a la mirilla._
¿Quién es? ¡Ah! Don Basilio con el amigote que esperábamos. Haga el
Señor que no tengamos toros y cañas con el tal amigote. _Tira del cordel
para abrir._
_Sale_ ESCOPETA _por la puerta de la derecha. Escopeta es un mozo
andaluz, criado reciente de la casa. En la mano trae una botella de la
botica, llena de agua al parecer._
ESCOPETA. Pos, señó, güeno está.[3] Oiga usté, Tata.